CUBA PERTENECE AL MUNDO Y AL FUTURO

EDITORIAL DE CUBA VA... Septiembre 2025

Al prepararse para celebrar el centenario del nacimiento del Comandante Fidel Castro Ruz, líder histórico del pueblo y de la Revolución Cubana; el mundo debe evocar el sentido y la esencia del mensaje de este hombre singular que marcó el itinerario de millones a lo largo de varias décadas en los siglos XX y XXI.

Cuando Fidel, el 10 de marzo de 1952  se presentó ante los tribunales de La Habana formulando una demanda contra Fulgencio Batista por la consumación de un Golpe de Estado terrorista contra su pueblo; no hizo sino inaugurar un derrotero que habría de confirmar con el paso de los años.

En la lucha por ese derrotero, fue que inscribió su primera gesta: el asalto a los cuarteles Moncada y Bayamo, el 26 de julio de 1953, arriesgando su propia vida y la de sus compañeros, entre los que se encontraba su hermano Raúl. Fue esa una manera de encontrarse con la patria y con su esencia, es decir, con la libertad humana y los derechos más elementales de los ciudadanos y de la población entera.

Fue esa misma línea la que animó la épica epopeya de la Sierra Maestra. Más de 640 días de lucha librada en las condiciones más adversas, hasta alcanzar la victoria. Pero ella no coronó su esfuerzo personal, sino la voluntad de todo un pueblo alimentado por el elevado mensaje del Apóstol de la Independencia de Cuba, José Martí, quien había dado las primeras lecciones de dignidad y de coraje de las que tiene memoria Cuba entera. 

Desde 1959 y a lo largo de varias décadas, la gestión gubernativa del comandante Fidel Castro estuvo signada por los mismos ideales que trazaran esa ruta. Por encima de todo puso los intereses de su pueblo al tiempo que los igualó con los de todos los otros pueblos del globo. De ese modo, Cuba se fue convirtiendo en faro y guía de millones de hombres y mujeres que en todos los confines del planeta hicieron de la dignidad y la justicia una verdadera bandera de lucha.

Así fue siempre, incluso en las más difíciles circunstancias cuando las poderosas fuerzas del Imperio buscaron acabar con el ejemplo de Cuba arrasando   su legado. Así ocurrió en Playa Girón, en la crisis de los Misiles de octubre del 62, en la lucha cotidiana contra el criminal bloqueo impuesto por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, en los difíciles años del “periodo especial”, en la lucha infatigable por la libertad de los 5 héroes prisioneros del Imperio, en las tareas de la sobrevivencia de la Isla acosada por sus enemigos en el marco de la crisis mundial de nuestro tiempo.

En todos esos años, con los mismos pendones, Cuba alentó mil batallas contra la dependencia y el subdesarrollo, el atraso y la miseria secular de las naciones, el colonialismo y el imperialismo, el odioso régimen del Apartheid en África del Sur, la discriminación, el fascismo y el odio de los poderosos.

Desde Cuba Fidel alentó las batallas por la alfabetización, la educación y la cultura; la salud, el trabajo y la sanidad; la igualdad y la justicia, la verdadera libertad del ser humano y el respeto pleno a sus derechos fundamentales.

Hoy, los continuadores de Fidel en las tareas del Estado siguen la misma política. En Naciones Unidas, en la CELAC, en la Organización Mundial de la Salud, en la UNESCO, en el Movimiento de los No Alineados, en las Cumbres en las que se oyó su voz; la palabra de Cuba fue la de Fidel,  dicha por él, o por quienes le sucedieron en la gestión gubernativa.

No obstante, las inmensas dificultades que debió afrontar, su discurso fue de paz, y no de guerra; de diálogo, y no de confrontación; de amor, y no de violencia. Por eso su palabra encendió multitudes y sembró esperanza en ésta que sería una verdadera y legitima batalla de ideas.

Hoy vivimos una etapa diferente. Acabó ya el mundo unipolar que tuvo a la humanidad en vilo. Hoy va surgiendo lentamente -como en un parto de la naturaleza- la multipolaridad. Eso significa que se va imponiendo la palabra de los pueblos.

Contra ella conspiran los de siempre, las camarillas guerreristas del pasado, las cúpulas de Poder ensoberbecidas, los núcleos genocidas portadores de la muerte, los abominables esperpentos de un pasado vencido. Ellos insisten en su mensaje de odio, de discriminación, de rechazo a la justicia y a la belleza.

Por encima de todo ello, se alza Cuba. Su estrella, solitaria y luminosa, alumbra el camino de los pueblos y perfila el rostro de Fidel en el horizonte de millones.

Cuba pertenece al mundo y al futuro. (fin)