Ponencia presentada en el Foro Geopolpitica MX, 19 de agosto 2026
Por Luis Manuel Arce Isaac
¿Por qué escogí ese título época de cambios, o cambio de época? Pues porque estoy entre quienes creen que estamos en un proceso de transición de lo nuevo que está naciendo y lo viejo que batalla por no desaparecer.
No hablo de época geológica sino de época social o socioeconómica. Permítanme empezar con una breve disquisición, solo para recordar de dónde venimos.
La época nuestra se inició en París en 1789. Marcó el fin del feudalismo y del absolutismo en Francia, y el desarrollo del capitalismo moderno. Este evolucionó gracias a las revoluciones industriales, la exportación de capitales, el monopolio y las guerras, la parte visible de la fase superior del capitalismo, el imperialismo, descubierta por Lenin, cuando EE. UU. estaba muy lejos de encabezarlo.
El capitalismo recurrió a la fuerza para expandirse y tuvo por esa causa su primera guerra global en 1914. Pero su debilitamiento empezó casi al nacer, aunque parezca una contradicción, con la Revolución bolchevique de 1917 porque fue cuando se sembró la semilla de la gran contradicción de esta época hasta 1990, como fue la del capitalismo y el socialismo.
Aunque esa contradicción no fue la causa de la Segunda Guerra Mundial, sino las crisis económicas devastadores como el crack bancario de 1929 y el nuevo reparto territorial, sobre todo en Europa y Asia, que buscaba Hitler en alianza con Japón e Italia, sí lo fue de todo lo que ha ocurrido desde 1945 en adelante.
Esa conflagración favoreció más que a todos a EE. UU. porque sus ciudades y su industria no fueron devastadas por el fascismo, y su capital se incrementó con la exportación de armas e insumos a Europa. Su industria general y en especial la militar se fortaleció como jamás soñaron y al concluir la guerra en 1945 ya era la principal potencia militar y política del mundo.
La debilidad relativa del imperialismo
EE. UU. en aquella era de esplendor no necesitaba de guerras para hacerse obedecer e imitar, pero igual las hacía para demostrar quién era el que mandaba en el mundo.
Pero ya antes de los años 60 del siglo pasado, apenas 10 a 15 años después de su liderato mundial, comenzó a flaquear, y las cosas que hasta ese momento obtenía por influencia y la persuasión, las tuvo que empezar a conquistar mediante guerras.
Así surgieron la de Corea en 1953 y la de Vietnam en 1958 tras la derrota francesa. Nunca sus estrategas presintieron que eran signos de debilidad del sistema porque no se traducía, ni se veía, como una flaqueza de su poder operativo, incluso cada vez mayor.
Por todas las razones que conocemos, sobrevino la caída del Muro de Berlín en 1989, el desmembramiento de la URSS, la desaparición del campo socialista de Europa del Este, la autoproclamación de EE. UU. como ganador de la Segunda Guerra Mundial, y la victoria del unilateralismo con su metrópoli en Washington.
Liquidaron los acuerdos de Bretton Woods, inauguraron la época del neoliberalismo globalizado, rompieron los factores de equilibrio y diálogo internacional, y también los de la expansión imperialista como la exportación de capitales, a cambio de una reneocolonización moderna globalizada bajo el imperio del dólar, en particular el petrodólar como ganancia extrema de EE. UU. en la primera gran crisis energética de 1971/1973, y nuevas reglas del dominio del sistema monetario y financiero internacional.
Pero la debilidad del sistema prosperaba y era el mar de fondo del avance y fortalecimiento operativo en la superficie, del imperio yanqui.
Obligatoriedad de la diplomacia de guerra
Aunque el síndrome de Vietnam pesaba mucho en la geoestrategia del Pentágono, nunca valoraron correctamente su trascendencia histórica porque no reflejaba debilidad operacional militar ni económica, aunque sí sistémica.
A partir de Vietnam con su derrota el 30 de abril de 1975, cambió todo y se instalaron en la política externa e interna de la Casa Blanca, la diplomacia de la pólvora y del dólar, ambas bajo el paraguas de la teoría del miedo, de la que Trump ha sido su principal exponente, por encima de Bush padre e hijo.
El tiempo pasó rápido y quedó atrás el siglo XX. El neoliberalismo flaqueó de manera sustantiva porque iba contra el propio sistema que lo creó, y su principal enemigo fue la concentración de capitales, que enriqueció a unos pocos y llevó a la pobreza a millones de personas.
La división en clases sociales en EE. UU. fue más evidente que nunca, y dio paso a una polarización social que sigue siendo muy grave y explosiva, y es otra de las grandes debilidades del imperio.
De pronto, los ideólogos se percataron de que algo no andaba bien, que sus propios mecanismos económicos y financieros ya no les rendían plusvalía en la cuantía necesitada, y eran un freno a su expansión.
Incluso prestaron oídos a teóricos que comenzaron a hablar de una repetición en Estados Unidos de lo sucedido a la URSS, lo cual han calificado de potencial balcanización de ese país por las potencialidades económicas y organizativas de independizarse y convertirse en países, principalmente Texas y California y casi todos los que pertenecieron a México, o los que están más cerca de Canadá.
Es posible que la idea de Trump de anexarse a sus dos vecinos del norte y el sur, responda a la hipótesis de balcanización para impedirla, aunque se repita una guerra como la de las 13 colonias, entre el norte y el sur.
Imposible definir qué vendrá
Una de las causas principales del mar de fondo al que nos referimos es la concentración de capitales en pocas manos, pero, aunque les hace mucho daño, no pueden ya acabar con eso. Ni Elon Musk ni los demás multimillonarios lo van a consentir.
Todavía no se define qué modelo deberá reemplazar al neoliberalismo y al tipo de globalización que sustituirá la actual o se derivará de ella. Entre otras causas porque EE. UU. ha perdido el rumbo económico, como lo demuestra su deuda pública de 39 billones de dólares, muy superior a su propio Producto Interno Bruto.
De su reacción dependerá todo por su influencia en los procesos de cambio y la contrarréplica que encuentre dentro fuera de su territorio.
Sus ideólogos sí se dieron cuenta esta vez de que la pérdida de influencia política, económica, cultural y de todo tipo es real, y ahora sí ven una debilidad del sistema en sus raíces. Lo más notorio: ya no hay influencia de su cultura, sino rechazo, y lo que antes obtenían por la vía diplomática, la tratan de conseguir por la militar.
Datos relevantes a tener en cuenta
Les pido que pongan atención a este dato, muy fresco, publicado por RT hace solamente unas horas: lo he titulado EE. UU. pierde poder blando, es decir, la esencia de su debilidad sistémica.
Beijing obtiene una valoración más favorable que Washington en 27 de los 36 países incluidos en una encuesta del Pew Research Center. El mayor nivel de aprobación de China se registra en Pakistán, con un 90 por ciento, mientras que Estados Unidos alcanza su máximo en «Israel», con un 81 por ciento lo cual, lejos de beneficiarlo, lo perjudica a los ojos de la humanidad.
Incluso en varios países europeos, aliados tradicionales de Washington, la población muestra ahora una opinión más positiva hacia China, al igual que en México y Canadá. Significa un gran deterioro de su influencia y poder persuasivo natural
“Poder blando” es un término acuñado por el politólogo estadounidense Joseph Nye para referirse a la capacidad de un Estado para alcanzar sus objetivos sin presiones militares, económicas y diplomáticas y mide su fortaleza y su debilidad. Se basa en el atractivo y es donde radica su poder o su potencia real de influencia sobre los demás, en especial cuando otros desean imitarlo y seguir su ejemplo por voluntad propia.
Ya eso es una tendencia en vías de extinción en el caso de EE. UU., y de aceleración para sustituirla, en el caso de China. Beijing gana atractivo y Washington repudio.
El columnista del Financial Times Gideon Rachman destaca que, si bien antes China estaba por detrás de Japón con su anime y de Corea del Sur con el ‘k-pop’ en influencia cultural, ahora la situación está cambiando. La popularidad de TikTok, el crecimiento del turismo y la expansión de la industria automotriz china, y su indetenible avance en el dominio de la IA, amplían su atractivo global.
Es solo un ejemplo ilustrativo de las profundas raíces de la debilidad del imperialismo yanqui.
La pérdida de influencia es debilidad
Para mí, esa enorme pérdida de influencia es la principal evidencia de su debilidad, lo cual no debe confundirse con pérdida de fuerza militar y económica. Estamos hablando de debilidad del sistema, del modo de producción y de sus relaciones sociales de producción. Allí está el centro del cambio de época al que conduce esta época de cambios.
Surgieron con esa impronta Afganistán, Irak, Libia, Siria y otros países, y un reforzamiento de la alianza con el sionismo para que Medio Oriente no se escapara de su influencia.
Y todas, absolutamente todas, hijas de esta época de cambios que ya está pasando a ser pretérita porque estamos justo en el tramo intermedio del paso a la nueva época. Todos nosotros nos desarrollamos en ese momento o espacio transitivo.
Más claro, en un capitalismo diferente al que conocimos el siglo pasado, que no definimos, que tiene un perfil desdibujado todavía, pero está allí.
Sin embargo, hay cosas que son claras: Trump y sus multimillonarios se dieron cuenta de que el unilateralismo fue un sueño en una noche de verano y que el mundo no es solamente de ellos. Ojo, porque esto los hace más feroces y sanguinarios.
La guerra en Irán
Es desde esa debilidad sistémica como veo la guerra de Irán, el secuestro de Nicolás Maduro, las matanzas en altamar, las amenazas de invasión militar a Cuba y la guerra para matar de hambre a los cubanos, la guerra arancelaria, las sanciones económicas, así como la fiebre trumpista de crear todos los días un frente nuevo dirigido a fortalecer una hegemonía que ya no es real. La ventaja para enfrentarlos: no hay innovación, hay carencia de ideas, para contrarrestar la naturaleza del cambio.
No les queda otra alternativa que echarle mano a lo viejo, a lo vencido, como la Doctrina Monroe, y recuperar a una Latinoamérica rebelde pero dividida y desconcertada aprovechando esa debilidad mediante lo que sí es una novedad: los golpes blandos, ahora definidos como golpes parlamentarios, judiciales o electorales, no con el uso de ejércitos, que ya no prospera, sino de la inteligencia artificial y el dominio de las redes sociales.
Recuperar la combatividad de la izquierda
Allí tenemos que agudizar nuestra inteligencia para enfrentarlos, pero es difícil ganarles la pelea en ese ámbito. Es por eso que nosotros también debemos recuperar la combatividad tradicional de la izquierda, regresar a los viejos métodos de ocupar las calles, rehabilitar el sindicalismo militante, destruir el charrismo y volver a crear las organizaciones antibelicistas.
Sobre todo, exigir a los tribunales internacionales sanciones ejemplarizantes a los violadores del derecho internacional y de los derechos humanos, para recuperar lo que nos costó tantos años de lucha construir y que la tecnología de las comunicaciones nos la quitó en un brevísimo tiempo. Es la pura verdad y hay que admitirlo.
¿Qué debemos de aprovechar? Lo que tenemos en mano. ¿Qué es lo que tenemos? El conocimiento de que Estados Unidos no es el rey de la selva, y que tiene que convivir con otras fuerzas iguales o superiores a la suya. Que su modelo está en decadencia, y que si hay coherencia en la oposición que se le haga, no podrán avanzar. Irán es una muestra, como lo es también la existencia y persistencia de Gaza y la de Cuba. Se debe de imponer el pragmatismo revolucionario y patriótico al divisionismo.
La izquierda es una generalidad, todos los sabemos, pero en su diversidad hay grandes motivaciones para una conectividad productiva antimperialista, y eso nos obliga a tener una visión clara de los tiempos que vivimos.
EE. UU. busca liderar el cambio
Una cosa nos queda clara. Para los ideólogos de Trump, en las condiciones de desarrollo socioeconómico y científico-técnico de China y militar de Rusia, lo más importante es liderar esta era de cambio a fin de controlar el cambio de época, sea para peor o para mejor, porque no se sabe qué viene ni se puede adivinar.
Ya Estados Unidos lo busca por las vía militar y sanciones económicas, contra todas las banderas, y eso explica la cantidad de frente simultáneos que Trump abre desde el mismo 20 de enero de 2025 hasta hoy.
No olvidemos que, por vez primera en la historia del bipartidismo de EE. UU. las derechas republicana y demócrata se unen en la cúpula como un solo partido, el de los multimillonarios, y van a luchar porque sus piscinas no se queden sin agua.
El de Trump es un gobierno de tecnócratas pragmáticos que lo administran como a sus empresas, y tienen que hacerlo rentable caiga quien caiga. Eso explica la irracionalidad política de todo lo que hace y dice Trump, pues es el empresario, y no el ideólogo, quien está en funciones. Ese es otro rasgo del cambio y de su debilidad.
Los enfrentamientos
Como me decía mi amigo panameño Guillermo Castro, de aquí en adelante, el enfrentamiento entre futuros posibles ha venido a convertirse en el verdadero problema fundamental de nuestro tiempo, pues Trump, a su manera, ha indicado con claridad cuál de esos futuros le parece más deseable: uno de hegemonía y costos compartidos, en el que su país conserve una situación de primus interpares y árbitro de última instancia en los conflictos que animarán el desarrollo de la crisis del sistema mundial que conocemos.
De momento, no conocemos otras visiones alternativas, así sea que estén en proceso de construcción. Esta debería ser nuestra mayor preocupación, alerta Guillermo.
Trump, consecuencia de la disfunción del sistema
Yo, por mi parte, quiero aclarar que Trump no es la causa de esa disfunción sistémica de Estados Unidos y Europa, sino su consecuencia, pues su elección como presidente es resultado directo de la degradación política, ideológica, moral y ética de un imperio en decadencia cuyos electores no querían el “más de lo mismo” que les ofertaba en su primera candidatura su oponente Hillary Clinton y en la segunda Biden y Kamala Harris.
Casi sin alternativas por los errores del gobierno de Biden, los estadounidenses, como dijo Noam Chomsky, se colocaron ellos mismos ante un recodo de la historia en el que los seres humanos tienen que decidir si quieren tener las posibilidades de una vida digna o si desean vivir o morir.
¿En qué momento de la historia estamos?
¿Qué es lo más importante? y con ello termino. Que los estudiosos, académicos, teóricos, definan en qué momento de la historia estamos. Es probable que sea en algún lugar de un proceso de transición entre esta época de cambio y el cambio de época, es decir, en medio de una batalla entre la resistencia de lo viejo y la pujanza de lo nuevo, como sucedió en 1789 en parís.
Es muy importante definirlo para saber cómo y cuál debe ser nuestro comportamiento frente a un grupo muy peligroso como el que maneja los destinos de Estados Unidos, un país con suficiente poder para hacer desaparecer a la especie humana y dejar sin vida a este planeta.
Ya, al menos, hay una definición de cuál es la contradicción principal de nuestra época que reemplazó a aquella de la guerra fría, que era la existente entre el capitalismo y el comunismo.
La contradicción fundamental y su aspecto principal
La de ahora —con los mismos protagonistas de antes, pero tendencias y organicidad sistémica diferentes, China, Rusia y EE. UU. —, no es ya entre el capitalismo y el comunismo, sino entre lo nuevo que nace y lo viejo que se resiste a desaparecer. Eso tiene nombre y apellidos.
Asumiendo que esa sea la contradicción fundamental de nuestro tiempo, es decir, de este período de transición caracterizado por una violencia sumamente peligrosa, estamos obligados a hacernos otra pregunta de suma trascendencia. Entonces ¿cuál es el aspecto principal de esa contradicción y cómo vamos a enfrentarla?
No queda de otra que definirla para poder encauzar la batalla correctamente. Pero tomemos en cuenta un hecho irrefutable que debe estar muy presente: la simetría militar ha relativizado el arma nuclear como factor de chantaje, pues el poder acumulado en las naciones que la poseen es más que suficiente para que el planeta se convierta en aerolitos, y creo que los multimillonarios de Trump no quieren desaparecer.
Esa simetría mirémosla como una ventaja para nosotros en el sentido de lo difícil que es provocar una guerra nuclear en la que desapareceríamos todos, incluyendo a los provocadores.
¿Significa que Estados Unidos continuará con sus guerras convencionales abusivas con cada vez más tecnologías y menos infantería para tener un mínimo de bajas que no revuelvan el avispero entre sus conciudadanos?
La respuesta es: sí, puede ser. Busquemos entonces, como el Santo Grial, cuál es el aspecto principal de esa nueva contradicción y actuemos en consecuencia para impedir que sigamos siendo atacados por todos los flancos, salvarnos todos y demostrar que un mundo mejor es posible.
El aspecto principal de la contradicción fundamental
No sé si mi amigo Guillermo ya ha desentrañado esta interrogante que tanto lo motiva. Para mí ese aspecto principal de la contradicción fundamental de nuestra época la están marcando la inteligencia artificial y los nuevos paradigmas que se están creando en todos los campos del saber, que van mucho más allá de la simple competencia comercial entre China y EE. UU. Creo que la carrera nuclear no está muy involucrada en el aspecto principal de la contradicción y ya expliqué las razones de esto último.
Tomando todo eso en cuenta, es muy probable que veamos a corto plazo que el cambEPOCA DE CASMBIO, O CAMBIO DE ÉPOCA io de época podría tener un eje central geoestratégico de nuevo tipo en el cual la ciberseguridad tiende a ser la protagonista de una relación medible entre el poder militar, el económico y el científico-técnico.
Creo que a estas alturas del juego nadie duda de que la IA determinará desde la superioridad de los sistemas de defensa, hasta la productividad económica con los nuevos elementos que definirán el PIB mundial moderno que está construyéndose, incluyendo también variaciones muy significativas en las relaciones humanas y el comportamiento social, cada vez menos grupal y más individualista.
Una incógnita muy importante a despejar será la resistencia de la naturaleza a los cambios. Si el cuidado al medio ambiente sigue descuidado, y no es redundancia, la vida terrestre estará en tanto peligro como lo pueda estar con una amenaza de guerra nuclear.
Si con lo poco que hemos avanzado en el protagonismo de la IA la naturaleza ya está estremecida, si el fracking está ayudado de alguna manera a alterar el subsuelo, si la minería contamina cada vez más al manto freático, si no se ha podido controlar la desaparición de especies y son cada vez más las que están en vías de extinción, qué esperar de un mecanismo fuera del hombre cada día más cercano a acciones y actuaciones no programas por la racionalidad, sino como consecuencia de una autoadecuación de los algoritmos.
Considero que ahí radica el gran peligro de ese aspecto principal de la contradicción fundamental y por eso es tan importante definirla en todos sus detalles para prepararnos y cortarle el paso.
No se puede permitir una afectación algorítmica sobre la racionalidad del ser pensante, y desde este mismo momento hay que comenzar a levantar barreras para proteger al sujeto activo de la sociedad, de los presumibles ataques de los alguarismos cuya tendencia es moldear hasta la forma de ir al baño.
Su gran opositor, pienso yo, va a ser la cultura por su fortaleza milenaria y la historia que la sostiene. Pero eso depende del hombre mismo, la mejor y más completa creación de la naturaleza.





