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Por: Franklin Ledezma Candanedo,
Periodista del Corinto Bolivariano: Panamá.
«No se ha aprendido nada de nuestra experiencia y hoy tenemos un
riesgo mayor que en el pasado», lo dijo a BBC Mundo Wada, secretaria
general adjunta de Nihon Hidankyo, la organización de sobrevivientes
de las bombas atómicas que ganó el Premio Nobel de Paz en 2024.
Aseguró que conflictos como el de Rusia y Ucrania o en Medio Oriente,
que mantienen latente la amenaza nuclear, la hacen sentir
«profundamente preocupada».
Los bombardeos atómicos fueron ordenados por Harry S. Truman,
presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio del Japón, el 6 y
el 9 de agosto de 1945.
Recuérdese que en 1945 EE.UU. llevaba cuatro años en guerra con Japón,
tras los ataques a la base de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941.
Ese día, las fuerzas japonesas atacaron por sorpresa la base naval
estadounidense en el archipiélago de Hawái, lo que causó que EE.UU. le
declarara la guerra a Japón y se involucrara en la Segunda Guerra
Mundial. Con la escalada del conflicto, EE.UU. decidió usar las bombas
atómicas contra Japón.
El primer blanco elegido fue Hiroshima. La ciudad no había sido
bombardeada antes, y varios expertos apuntan que probablemente la
ciudad era un buen lugar para notar los efectos de la bomba. Además,
era la sede de una base militar.
El Enola Gay, un bombardero B-29 pilotado por el coronel Paul Tibbets,
sobrevolaba Hiroshima a unos 9,5 km de altura cuando liberó la bomba
Little Boy, que explotó en el aire, a unos 600 metros del suelo.
«A las 8:14 era un día soleado, a las 8:15 era un infierno», describió
en un documental del canal Discovery Kathleen Sullivan, directora de
Hibakusha Stories, una organización que recopila testimonios de
sobrevivientes de las bombas.
«Iba camino a la escuela y alguien gritó «¡un bombardero enemigo!»,
recuerda Toshio Tanaka en entrevista con BBC Mundo. “Miré al cielo y
vi un resplandor tremendo, era como un millón de luces, todo se puso
blanco”.
El mecanismo interno de Little Boy funcionaba como una pistola:
disparaba una pieza de uranio 235 contra otra del mismo material. Al
chocar, los núcleos de los átomos que las componían se fraccionaron en
un proceso llamado fisión. Esa fisión de los núcleos generó una
reacción en cadena en la que se libera energía y desata la explosión.
Little Boy llevaba una carga de 64 kilos de uranio 235, de los que se
calcula que solo se fusionó cerca del 1,4%. Aun así, la explosión tuvo
la fuerza equivalente a 15.000 toneladas de TNT.
Los últimos supervivientes de Hiroshima alertan al mundo del riesgo
de otro conflicto nuclear. Toshio Tanaka tenía 6 años cuando cayó la
bomba en Hiroshima y comparte ese temor.
«Este camino nos puede llevar a una tercera guerra mundial y provocar
el fin de la Tierra», dijo Satoshi Tanaka en entrevista con BBC Mundo,
días antes del 80 aniversario de los ataques. Tanaka, que padeció un
año la bomba atómica que EE UU lanzó sobre Japón el 6 de agosto de
1945, recuerda que muchos líderes coquetean con el botón nuclear y
teme que los recuerdos del desastre se diluyan a medida que los
supervivientes mueran.
Por su parte Tsutomu Yamaguchi, un ingeniero japonés, fue testigo y
única víctima oficialmente reconocida que sobrevivió a la explosión de
las dos bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y
Nagasaki en agosto de 1945.
Las consecuencias de las bombas, en todo caso, aún resuenan hoy,
cuando en el mundo hay cerca de 12.300 ojivas nucleares, según La
Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN, por sus
siglas en inglés).
Urge tener presente que Israel, la bestia (666) sionista, posee el
mayor arsenal nuclear en Dimona, ubicada en el desierto de Neguev, en
el sur de Israel, a unos 30 kilómetros (19 millas) al sureste de
Beersheba y a 35 kilómetros (22 millas) al oeste del Mar Muerto y se
encuentra en el Distrito Sur de Israel, en el valle de Aravá.
Israel, el mayor estado terrorista histórico, jamás ha firmado el
Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), como sí lo
hicieron otros países como el propio Irán, Estados Unidos o Rusia.
Esto implica que no se somete, como el resto de firmantes, a
inspecciones periódicas de las instalaciones nucleares que posee en
Dimona, mientras rechaza que los países de la región posean este tipo
de armas sofisticadas.
Urge precisar que el mundo conoció ese monstruoso arsenal nuclear de
Israel, por denuncia que presentó Mordejái Vanunu, un ex técnico
nuclear que trabajó en Dimona, activista por la paz, por su oposición
a las armas de destrucción masiva, quien reveló detalles del programa
de armas nucleares de Israel a la prensa británica en 1986.
Ante la existencia de ese arsenal nuclear de un Estado terrorista como
lo es Israel, que preside el genocida Benjamín Netranyahu secundado
por el matón del barrio grande universal, Donald Trump, conviene tener
presente lo le dijo a la BBC Mundo Wada, secretaria general adjunta de
Nihon Hidankyo, organización de sobrevivientes de las dos bombas
atómicas citadas, mensaje transcrito inicialmente:
«No se ha aprendido nada de nuestra experiencia y hoy tenemos un
riesgo mayor que en el pasado». Además, lo que declaró Satoshi Tanaka
en entrevista concedida a ese mismo medio informativo, días antes del
80 aniversario de los ataques. Tanaka, que padeció un año la bomba
atómica que EE UU lanzó sobre Japón el 6 de agosto de 1945, recuerda
que muchos líderes coquetean con el botón nuclear y teme que los
rHIROSHIMA Y NAGASAKI 80 AÑOS DESPUÉS DE LOS ATAQUES NUCLEARES ecuerdos del desastre se diluyan a medida que los supervivientes
mueran.
Un cordial saludo para lectores y contactos inteligentes, con nuestra
consigna de lucha progresista: ¡ADELANTE, SIEMPRE ADELANTE! Franklin.





