BRASIL. TARIFAZO DE TRUMP Y ARRESTO DOMICILIARIO DE BOLSONARO

Alivio y tensión em el medio político y económico

Paulo Cannabrava Filho*

Brasil busca negociar. Tiende la mano, ofrece diálogo. Pero Estados Unidos, bajo el gobierno de Trump, no solo rechaza cualquier intento de entendimiento, sino que anuncia nuevas sanciones. Es la imposición por la fuerza, el enfrentamiento en lugar de la cooperación. Un clima de alta tensión en las relaciones de Brasil con Estados Unidos.

El tarifazo del 50% impuesto, a partir del 6 de agosto, por Trump golpea directamente al café, la carne, los jugos y la industria de maquinaria de Brasil. No es solo el productor brasileño quien pierde: también resultan perjudicados los importadores y distribuidores estadounidenses, que verán aumentar sus costos y desorganizarse sus cadenas productivas. Se trata de un nuevo acto de represalia contra la postura soberana de Brasil en el escenario internacional, en especial por su actuación en los BRICS.

Trump fue más allá. Aplicó la llamada Ley Magnitsky contra el ministro Alexandre de Moraes, acusándolo de violar los derechos humanos al condenar e imponer restricciones a Bolsonaro, y también por proponer regular a las Big Techs. El mensaje es claro: el imperialismo no se limita a tarifas; avanza sobre la política interna de otros países para defender a sus aliados e intereses.

Mientras tanto, en Brasil, Bolsonaro está preso en régimen de arresto domiciliario, a partir del 4 de agosto, prohibido de comunicarse con el mundo exterior. La Policía Federal incautó sus teléfonos móviles y demás dispositivos electrónicos, cortando el principal canal de articulación política que aún mantenía. Es el fin, al menos temporal, de su presencia directa en las redes sociales y de su actuación ostensible junto a sus seguidores. De cualquier manera ha sido un alivio puesto que Bolsonaro se especializó en mantener un clima de alta tensión.

Bolsonaro ya debería estar juzgado y cumpliendo condena, completamente apartado de la vida política. Se estima que eso solo ocurrirá em septiembre o octubre. Su arresto domiciliario es resultado de años de complacencia institucional y de la lentitud de la Justicia, que durante mucho tiempo le permitió seguir conspirando e incitando a la extrema derecha.

De un lado, el ataque económico y diplomático del imperialismo estadounidense; del otro, la amenaza interna de una extrema derecha que aún desafía a las instituciones. Ambos corroen la soberanía y la democracia brasileñas, exigiendo una respuesta firme, que vaya más allá de gestos simbólicos o medidas paliativas.

*Periodista y editor de Diálogos do Sul Global – texto elaborado con auxilio del chatgpt