París, Madrid y Berlín sangran por la misma herida abierta. El sistema capitalista se ahoga en su propia codicia y busca salvarse reventando a la fuerza laboral. Las movilizaciones europeas rebasan largamente las peticiones sectoriales. Hoy enfrentan la ofensiva de una economía militarizada. Los gobiernos actúan como simples capataces de la OTAN.
Jean Flores Quintana. Polítologo. «El Siglo». 10/10/2026.
La Plaza de la Bastilla amaneció este jueves 8 de octubre bajo control popular. Miles de jóvenes franceses recuperaron ese símbolo histórico para enfrentarse a la policía de Macron. Devolvieron adoquines contra los gases lacrimógenos exigiendo un derecho material básico a estudiar con dignidad. Ese fuego ilumina el momento político actual.
París arde porque los estudiantes denuncian aulas hacinadas con 35 alumnos y mantienen setecientos liceos bloqueados desde mediados de septiembre. La legislación chilena, en cambio, autoriza amontonar legalmente hasta 45 cabros por sala. José Antonio Kast profundiza esta miseria estructural quitando el programa de computadores gratuitos para escolares vulnerables, escudado en una supuesta disciplina fiscal.
Los mismos grupos económicos que exigen y logran rebajas tributarias le arrebatan la única herramienta digital a los hijos del pueblo trabajador. Quitar ese computador constituye un ataque directo contra nuestras poblaciones.
El botín financiero y la guerra
París, Madrid y Berlín sangran por la misma herida abierta. El sistema capitalista se ahoga en su propia codicia y busca salvarse reventando a la fuerza laboral. Las movilizaciones europeas rebasan largamente las peticiones sectoriales. Hoy enfrentan la ofensiva de una economía militarizada. Los gobiernos actúan como simples capataces de la OTAN.
Inyectan miles de millones de euros en armamento mientras secan el presupuesto de los hospitales y las escuelas públicas. El gasto militar global alcanzó la cifra récord de 2,88 billones de dólares durante 2025. Ese monto criminal equivale a ocho veces la riqueza total que produce Chile en un año entero. El negocio bélico y la banca concentran ganancias históricas.
La crisis asfixia a las familias a fin de mes. España sufre una cacería inmobiliaria orquestada por los fondos buitre. La trampa opera de manera parasitaria. Estos capitales transnacionales compran las hipotecas de familias en quiebra a precio de huevo para adueñarse de edificios completos. La muerte trágica de Maricarmen Abascal, desalojada sin piedad en camilla a sus 87 años durante el mes de septiembre, ilustra el salvajismo de un mercado desregulado. Su negocio consiste exclusivamente en transformar el derecho a techo en un botín financiero.
La contraofensiva en las calles
Frente a esta maquinaria de expulsión, la organización popular retoma la ofensiva. Más de mil doscientas carpas rodean la Puerta del Sol en Madrid desde la primera semana de octubre. Medio millón de personas exigen frenar los desalojos en toda la península.
En Francia la república se detuvo por completo. Los sindicatos cortaron las rutas estratégicas. La juventud contestó levantando trincheras de fuego. Macron ordenó reprimir y desató una carnicería. La policía disparó granadas y balines directamente al rostro de los jóvenes. Un estudiante quedó mutilado en Tours y otro perdió la mano en Lens. El Estado francés acumula más de cinco mil menores en sus calabozos buscando sembrar terror. Pero el miedo cambió de bando rápidamente. Los cuarenta y ocho policías antidisturbios heridos el pasado jueves confirman que las nuevas generaciones decidieron devolver cada golpe institucional.
Alemania replica esta rabia popular. Cuarenta mil obreros marchan contra el delirio militar de sus gobernantes. Exigen cambiar los misiles de última generación por estufas y subsidios de invierno. El canciller Olaf Scholz pretende imponer el retorno del servicio militar obligatorio para alimentar la maquinaria atlantista. El pueblo rechaza pagar con frío en los huesos y con la sangre de sus hijos las aventuras armadas de la OTAN.
Organizar la rabia popular
El saqueo cruza el Atlántico y destroza nuestras poblaciones con idéntica violencia patronal. El desalojo letal de la anciana madrileña corre parejo con la motosierra de Javier Milei contra los jubilados argentinos. En Chile, la administración de Kast aplica esta receta exacta desde hace siete meses. Arrancarle el computador a los niños pobres asegura mano de obra precaria y sumisa para los Matte y los Luksic.
Esa boleta de luz impagable en Berlín encuentra su reflejo calcado en las políticas de nuestro país. Kast y sus ministros despachan alzas al arancel de la parafina sentados en despachos con calefacción central. Mienten con descaro al asegurar que el poblador dejó de usar los calentadores tradicionales. Desprecian el frío calador del sur obrero, campesino y pescador.
El gabinete patronal lucra directamente con el hambre de nuestros barrios. La respuesta ciudadana estalló la primera semana de octubre y tomó el control de las avenidas. Cincuenta mil personas se levantaron contra la agenda privatizadora y paralizaron las principales ciudades de Chile. Es tiempo de que la rabia popular se organice y se vuelva fuerza territorial, política y social que avance en la recuperación de los derechos cercenados y las instituciones amordazadas por la codicia del Capital. La principal tarea exige disputar el poder a los dueños del modelo en todos los frentes. El primer triunfo de esta contraofensiva será garantizar aulas dignas. El estudiante de los barrios populares exige y merece contar con todas las herramientas pedagógicas para estudiar.