Por Gustavo Espinoza M.
A tres semanas del inicio de su gestión gubernativa, Keiko Fujimori ofrece al país solamente un torrente de imágenes y palabras. Antes de asumir su función, ella aseguró que desde el primer día gobernaría con “mano fuerte” poniendo en marcha “todos sus planes” orientados a “derrotar definitivamente” al sicariato y la extorsión.
Algunos podrían suponer que se trata de una estratagema, o simplemente de un astuto ardid destinado a sorprender incautos. Pero no. Todos los antecedentes registrados en la política nacional nos permiten deducir que realmente se perfiló una imagen de autenticidad que no fue adecuadamente percibida por la ciudadanía, aunque si advertida por quienes siguieron con atención la ruta de la señora K desde sus años mozos,
La frivolidad, el doble rostro, la falsía encubierta, la perfidia embozada fueron rasgos predominantes en una personalidad que conoció el poder desde su adolescencia. Por lo demás, quien vive rodeada del delito, opta por el camuflaje, desdobla su personalidad, oculta sus deseos y esconde sus acciones. Y las más de las veces, lo hace tras imágenes y palabras.
Desde que se conoció la nómina del Gabinete Ministerial, pudo observarse la fragilidad del proyecto de Fuerza Popular. Keiko usó una frase –“nos han dejado una catástrofe”– para salvar su responsabilidad, que era lo que ella quería, pero designó como titulares de diversos portafolios a exministros, o antiguos altos funcionarios de los gobiernos catastróficos a los que aludiera con disimulo.
La cosa no quedó allí. Al margen de los despachos ministeriales, copó los principales puestos del Estado con funcionarios recogidos de administraciones anteriores. Haber trabajado bajo la égida de Dina Boluarte, José Jerí o Balcázar fue como el salvoconducto indispensable para ocupar una función destacada en la administración de Keiko.
Esto demostró, adicionalmente, que la Señora K. no tenía -nunca tuvo- un equipo eficiente para dirigir el país. A ella no le interesó gobernar. Lo que quiso, fue lucir el cargo presidencial para “estar en Palacio” y “ejercer el Poder”. Una manera práctica de complacer su muy caro ego y su fantasía. El problema es que ahora no sabe cómo administrar la función que arrancó el pasado 7 de junio con malas artes.
Por eso lo que hace son visitas ostentosas “para ver” qué pasa. Mirar lo que ocurre a los peruanos en cada escenario, y hasta se compadece de su suerte; pero no atina a tomar medidas, a diseñar planes, a programar acciones, a ejecutar obras. No, ella no nació para eso.
También desde el inicio de su gestión estuvo alardeando de las “facultades legislativas” que habría de pedir al Congreso de la República para gobernar de inmediato. Pero han pasado 21 días y nadie ha solicitado nada referida a “facultades delegadas”.
Incluso el presidente del Consejo de ministros. que concurriera el jueves pasado a la Cámara para explayarse a su antojo en torno a la materia, calló en todos los idiomas el tema de la presunta petición profusamente anunciada. En otras palabras, no pidió nada.
Cada ministro habla por su cuenta. Y más de uno dice sandeces. El jefe de economía tuvo que retractarse luego de subestimar la angustia de la población por los daños inferidos por desastres naturales en días pasados. El hombre de Transporte tuvo que comerse un sapo con el tema de los trenes de López Aliaga.
El titular del Interior avaló al jefe policial más inepto e incompetente de los últimos años, granjeándose el rechazo activo de muy diversos sectores. El ministro de Justicia -escudero de Jerí en su momento- pidió la administración del Museo de la Memoria, alegado que “no es museo”.
Y la encargada de velar por el cuidado de los niños, dijo no saber que torturaban a infantes en la guardería que funciona en la misma sede del INABIF. Dicho de otro modo, todos andan en la calle.
Y esto hace que crezca el descontento que ya no necesita mucho tiempo para fermentar. Las gentes abandonadas en las carreteras bloqueadas, no se complacen cuando Keiko les pide “paciencia”- Tampoco acogen ese consejo las esposas y los hijos de los transportistas asesinados; o los familiares de casi 190 muertos en los 21 días de gestión Keikista.
Y el pedido de “confianza” tampoco funciona porque nadie puede confiar en un gobierno tan errático e inconsistente. Por ahora, a éste sólo le queda Martha Moyano y Fernando Rospigliosi lamentando su suerte, aunque este lamento tenga en verdad una doble motivación: lo que ocurre, y el hecho que ellos no tengan el control de la Cámara como la tenían antes, cuando podían manejar todo a su antojo.
Y es que se trata de un gobierno que debió esperar que pasen seis días para mover tres helicópteros y rescatar a 600 viajeros varados en los caminos de la costa sur del país; y que no puede tampoco cambiar al jefe de la Policía Nacional porque goza de una extraña y sorprendente “estabilidad laboral” dispuesta precisamente por el Fujimorismo en el pasado reciente.
En ese contexto, quien tiene la primera responsabilidad en el país asoma frívolamente en costosos SPA con un perseguido por la justicia de su país y de otros por la comisión de diversos delitos. Pareciera que la carga genética del apellido Fujimori se impone también en esta área de la vida para quien ostenta la primera magistratura del país y que muestra la errática tendencia a conectarse siempre con agentes delictivos.
Por lo visto, el Wayky de Keiko no es precisamente el señor Oscorima. Es un ciudadano argentino sentenciado por estafas millonarias e involucrado en la comisión de otros delitos; y que hoy asoma como “inversionista” a la sombra del Poder. Es el peso de las palabras y la fuerza de las imágenes el que pretende imponerse para engañar al país (fin)





