EL CONTUNDENTE PAPA LEON XIV FRENBTE AL IRRESPETUOSO TRUMP´

Por Patricio Montesinos


El papa León XIV dio una lección a los políticos, dignatarios y
personalidades del mundo de cómo deben responder a las
continuas declaraciones irreverentes e intimidaciones del
mandatario de EE.UU., Donald Trump.

La máxima autoridad de la Iglesia Católica no se dejó
amedrentar por el gobernante de la Casa Blanca, quien
irrespetuosamente lo calificó de débil y pésimo en su política
exterior por sus llamados a la paz global, al diálogo y el
multilateralismo para encontrar soluciones a los problemas
internacionales.

conversación con la prensa en camino esta semana hacia
su primera gira africana, el pontífice afirmó no tenerle miedo a
Trump ni a su administración, y subrayó que seguirá
manifestándose contra las guerras, promoviendo el diálogo y
la reconciliación entre todos los pueblos.

Asimismo, criticó las amenazas del jefe del régimen de
Washington de destruir la civilización iraní, y lo exhortó a que
encuentre una salida que ponga fin al conflicto con la nación
persa.

León XIV señaló además que no quería entrar en un debate
con el presidente estadounidense, una evidente respuesta de
menosprecio a las descorteses declaraciones del ocupante
de la Casa Blanca.

Aclaró, no obstante, que proseguirá sin temor promoviendo la
paz, y proclamando a la vez en voz alta el mensaje del
Evangelio.

A juicio de diversas fuentes periodísticas y analistas políticos,
el papa fue contundente con Trump y puso en el lugar que le
corresponde a quien es considerado el peor presidente de la
historia de EE.UU.

Nunca antes sus predecesores se pronunciaron en términos
tan groseros hacia un pontífice, lo que dice mucho de la
conocida conducta agresiva del actual mandatario
estadounidense.

Los ataques verbales hacia León XIV por parte de Trump han
recibido severas criticas en los medios de prensa
internacionales, en las redes sociales y por los ciudadanos en
EE.UU., donde hay más 70 millones de católicos, alrededor
del 20 por ciento de su población.

l gobernante de Washington, en su narcisismo, parece no
solo aspirar a ser el emperador del mundo, sino también Dios,
pero evidentemente los tiros les están saliendo por la culata.