Una encuesta de Datafolha revela un cambio en la percepción de la sociedad y sitúa la violencia de género por delante del narcotráfico, los asaltos y otras formas de criminalidad
Paulo Cannabrava Filho
Por primera vez, la violencia contra la mujer aparece como la principal preocupación de los brasileños en materia de criminalidad. Una reciente encuesta de DataFolha revela que el 60% de la población considera esta la forma más grave de violencia presente en el país. El porcentaje es muy superior al atribuido al narcotráfico (16%), a los asaltos a mano armada en las calles (10%), a la invasión y robo de viviendas (2%), al hurto y robo de teléfonos móviles (1%) y al robo de vehículos (1%).
La encuesta muestra además que esta preocupación es especialmente fuerte entre las mujeres. Tres de cada cuatro brasileñas (73%) consideran que la violencia contra la mujer es el problema más grave de seguridad pública. Entre los hombres, prácticamente la mitad de los entrevistados (49%) comparte la misma opinión. Los datos revelan un cambio importante en la conciencia de la sociedad, que pasa a reconocer la violencia de género como una de las más graves violaciones de los derechos humanos en el país.
Las cifras confirman esta percepción. Según el Mapa Nacional de la Violencia de Género, en 2025 se registraron 33.999 violaciones de mujeres, un promedio de 187 casos por día. En el mismo período, 418.218 mujeres sufrieron algún tipo de violencia. De ellas, 292.970 fueron víctimas de amenazas, 153.233 sufrieron lesiones corporales, 3.815 fueron asesinadas y 1.197 murieron en feminicidios.
Pero la violencia contra la mujer no se limita a las agresiones físicas. La violencia psicológica es una de las formas más crueles y silenciosas de dominación. Humillaciones, amenazas, chantajes, persecuciones e intentos de controlar la vida personal destruyen la autoestima y la autonomía de las víctimas, dejando heridas profundas que muchas veces permanecen invisibles.
La violencia está presente dentro de los hogares, en los lugares de trabajo, en las escuelas y en las calles. Muchas mujeres continúan sometidas a situaciones de riesgo por miedo, dependencia económica o ausencia de mecanismos eficaces de protección. La persistencia de esta realidad demuestra que la legislación, aunque necesaria, no es suficiente para enfrentar el problema.
El combate a la violencia contra la mujer exige una presencia más efectiva del Estado a través de la educación, la asistencia social, la protección de las víctimas y políticas de seguridad capaces de prevenir y castigar a los agresores. La construcción de una cultura basada en el respeto, la igualdad y la valorización de la vida debe comenzar en la escuela e involucrar a toda la sociedad.
En un año electoral, los brasileños tienen el derecho y el deber de exigir a los candidatos compromisos concretos para enfrentar esta tragedia cotidiana. No se trata solamente de reducir estadísticas. Se trata de preservar vidas, proteger a las familias y construir una sociedad más justa y humana, donde las mujeres puedan vivir sin miedo y con plena dignidad.
Paulo Cannabrava Filho, periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global





