TRUMP REGAÑA A SUS ALIADOS Y MUESTRA SUS LÍMITES

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Por Luis Manuel Arce Isaac

   El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, regaña a sus aliados y les envía probablemente uno de los mensajes más duros que nunca antes gobernante alguno haya hecho, ni durante la Segunda Guerra Mundial, ni en la guerra fría y la carrera armamentista y nuclear, ni tampoco en el reforzamiento, consolidación y crecimiento del Tratado de Atlántico Norte (OTAN).

   Tampoco sucedió en las campañas ulteriores como Vietnam, Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen, cuando ayudaron a EEUU, y pasa ahora con Irán donde sus aliados militares y políticos no lo apoyan a construir un imperio en Asia Central dirigido desde la Casa Blanca a través de Tel Aviv, que permita controlar la economía mundial mientras esta siga basada en el petróleo.

    Trump, desesperado porque el plan de tres días para someter a Irán se le puede convertir en tres meses, tres años o tres décadas, con el tiempo obrando en forma desfavorable para él, estalló en palabrotas contra ellos. Les dijo en TruthSocial:

    «A todos esos países que no pueden conseguir combustible para aviones debido al estrecho de Ormuz, como el Reino Unido, que se negó a involucrarse en la decapitación de Irán, les tengo una sugerencia: primero, cómprenselo a Estados Unidos: tenemos de sobra; y segundo, reúnan un poco del valor que les ha faltado hasta ahora, vayan al estrecho y simplemente tómenlo. Tendrán que empezar a aprender a luchar por sí mismos; EE.UU. ya no estará ahí para ayudarles, igual que ustedes no estuvieron ahí para nosotros. Irán ha sido, esencialmente, diezmado. Lo difícil ya está hecho. ¡Vayan a buscar su propio petróleo!».

    El insulto es real y muy molesto para Europa Occidental, y la mentira que “lo difícil ya está hecho”. Desde una perspectiva estratégica acerca del papel asignado a Israel, lo difícil ni siquiera ha comenzado para ninguno de los dos, porque la Operación Furia Épica en verdad no ha sido ni la una ni la otra. Si los europeos le hacen caso, probablemente se enfrentarán a la parte más grave de la guerra que todavía no ha llegado.

    No porque Estados Unidos se haya debilitado, sino porque el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria islámica ha tenido la inteligencia de dominar la escalada de la intensificación ofensiva, impidiéndole al adversario sobrepasar la capacidad de amenazar de manera creíble un progreso sistemático de cada nivel de conflicto con oleadas numeradas que van marcando el aumento de su creciente potencial destructivo. Ya van por la 90 sin dar muestra de agotamiento.

   Eso perturba a Trump porque el secreto ha sido indescifrable para el Pentágono y el Ministerio de Defensa israelí. Ambos han sido obligados a reducir la tensión y tomar conciencia de que no les han funcionado las amenazas como las de invadir Irán con 50 mil soldados estadounidenses y otro tanto de sionistas, o insinuar el uso de bombas nucleares tácticas.

    Todas las reacciones de Trump, y las decenas de mentiras acumuladas en más de un mes de contradictorias declaraciones y falsas afirmaciones o plazos para terminar con una aplastante victoria en Irán, lo que parecen indicar es una búsqueda solapada de salirse de la guerra y dejar en solitario a Israel, aun cuando Tel Aviv sabe que la tendría perdida pues, de haber contado con esa posibilidad por la alianza con EEUU, ya la habrían ganado.

   Teherán ha sido más inteligente que ambos, pues aspirar a derrotar a dos potencias nucleares con un enorme volumen de fuego y recursos convencionales, no lo consideraron estratégico ni racional, sino que lo factible y práctico era hacer lo que están ejecutando: obligarlos a desistir de sus ideas de conquista territorial y de cambio de régimen. La vida parece estarles dando la razón, porque Trump ha tenido que dejar su orgullo a un lado y pedir apoyo hasta a la mismísima China para intentar quitarle el control del estrecho de Ormuz a los iraníes y proclamar una falsa victoria por esa vía. Pero Beijing no accedió.

     Mientras tanto, no solamente incumple los numerosos ultimátum, sino que estos son respondidos por Irán no solamente con contrarréplicas y una elevación del nivel de exigencias para negociar, sino también en el terreno militar con ataques a sus bases en países del golfo y una penetración a fondo de las defensas de Israel en su territorio, cuyos daños ya no pueden ocultar al pueblo hebreo.

     A los efectos públicos —incluido Estados Unidos cuyo pueblo ya empezó a salir masivamente para exigir la retirada de irán y no contra una agresión a Cuba—, la guerra en Irán es vista como una imagen en vivo y en directo, un documento histórico imposible de borrar o redibujar con inteligencia artificial.

   Es como una proyección ilustrada, ante la vista de todos, de la caída en la arquitectura del dominio global estadounidense, evidenciando que, en menos de un siglo, sus límites estructurales han llegado al tope, parodiando a un analista vietnamita con mucho conocimiento de causa, Sony Thăng.

   Esa es la pura verdad, y tal vez sea también una de las razones por las cuales Europa no se entusiasma con las exigencias de Trump de una participación más decidida y directa en el conflicto que ya los europeos se lo sienten de forma rigurosa en sus hogares con la crisis energética que se extiende rápidamente a toda la economía y las finanzas.

    Y no son pocos, ni insignificantes, los gobiernos que les están diciendo no a las pretensiones de Trump, aunque ello no significa una ruptura en su alianza, pero ninguno aceptó su propuesta de crear una coalición naval para enviar sus fuerzas marítimas a la zona de conflicto. Les han negado al Pentágono la autorización previa para usar las bases aéreas compartidas o, como España, cierran su espacio a cualquier vuelo relacionado con la agresión conjunta a Irán, y se incluyen en ellos Italia, lo cual sorprendió y enojó muchísimo al magnate republicano.

    A Francia le dijo “inútil”. Al Reino Unido lo insultó por negarse a “la decapitación de Irán”, y le exigió “reúna un poco del valor que les ha faltado hasta ahora, vayan al estrecho y simplemente tómenlo», escribió este martes en Truth Social.

    Aun así, no dejan de mentir y de crear ilusiones para impedir un colapso generalizado y muy grave del mercado internacional y el mundo bursátil, como las recientes declaraciones de Pete Hegseth en rueda de prensa de que «estamos más cerca que nunca de la victoria en Irán», No lo dijo porque examinó in situ los escenarios de guerra —lo cual no parece figurar en su agenda—, sino por una visita a unidad de combate que no describe dónde ni por qué tiempo, en la que vio, según él, una alta moral combativa.

     El vicepresidente iraní respondió que, si envía tropas a la isla de Kharg, «nadie regresa a casa del infierno», y acompañó sus palabras con una imagen de ataúdes cubiertos con banderas de EE.UU. las cuales la gran prensa prefiere no publicarlas para no despertar la ira de sus gobernantes.

   ¿Qué demuestra todo esto? Algo que el equipo de gobierno de Trump no quiere aceptar y que el sionismo de Israel teme debatirlo abiertamente con su aliado: Estados Unidos, como la máxima expresión imperial de nuestra época, pierde fuelle, dejó de ser unipolar, su capacidad de hacer que los demás obedezcan se achica y cada día es menos disuasiva. Busca trazar líneas rojas, pero ya su tiza no es escarlata, e Irán demostró que no hay por qué detenerse ante ellas, un reto al que temían tanto en Washington como en Tel Aviv, y ya es una realidad. Hay un firme movimiento hacia una nueva época que debería significar, en buena lid, que el imperialismo estadounidense debe dejar paso a lo nuevo que nace, y cooperar para que no tenga que nacer con fórcep.