Por Daniela Pastrana* – Diario Red
La población latina, y muy especialmente la mexicana, es fundamental para dos de los pilares que sostienen el modelo del imperio: la economía y la guerra.
La muerte de otro migrante mexicano —el número 14 en lo que va de la segunda administración de Donald Tump— en un centro de atención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) encendió alertas rojas en el gobierno de México. La cancillería exigió al gobierno de los Estados Unidos una investigación exhaustiva de las “graves omisiones” y «evidentes deficiencias» en la atención médica de las personas detenidas por migración.
En esta ocasión, el Consulado de México en San Bernardino fue notificado del traslado del connacional que estaba detenido en un centro de Adelanto a un hospital en Victorvillesta donde falleció el 25 de marzo sin que hasta ahora las autoridades estadounidenses hayan explicado los motivos.
El jueves pasado, el gobierno de México confirmó que 13 mexicanos habían muerto, hasta entonces, en operativos o bajo custodia de ICE en Estados Unidos. Una cifra “inusual e inaceptable” dijo la cancillería. Dos días después, se sumó uno más.
Pero el número no puede entenderse únicamente como un fenómeno estadístico aislado, sino como el resultado de un sistema planificado de mayor control y retención. Más detenciones, más presión sobre infraestructuras y más muertes.
Revisemos los datos: En 2025 se registraron entre 30 y 32 muertes en centros de detención del ICE, lo que constituye el nivel más alto en dos décadas según datos recopilados por organizaciones de derechos civiles y reportes oficiales parciales del gobierno; en los primeros tres meses de 2026, ya se han confirmado al menos 14 nuevas muertes. En total, al menos 44 migrantes han muerto en operativos o bajo control del ICE en los 14 meses del segundo mandato de Donald Trump.
Los migrantes latinos constituyen la mayoría de los casos. Y de ellos, los mexicanos. Las circunstancias de las muertes presentan patrones consistentes: La mayoría ocurren dentro de centros de detención, es decir, bajo custodia directa, y no en operativos de arresto. Las causas más frecuentes incluyen enfermedades no tratadas o mal atendidas, episodios cardíacos, infecciones, y en varios casos “suicidios”. También hay muertes clasificadas como resultado del uso de la fuerza por parte de agentes. Un elemento recurrente en los informes es la negligencia médica o el retraso en la atención sanitaria. En cualquier caso, la cifra es escandalosa.
Las cárceles: del negocio a las muertes
Muchos análisis suelen recordar que durante la administración de Barack Obama (2009-2017) fueron deportados más de 3 millones de personas migrantes, lo que lo ubica como el presidente que deportó más personas que cualquier otro presidente en la historia.
Sin embargo, la proporción cambia cuando se trata de personas detenidas. Durante la administración de Donald Trump la cantidad de personas detenidas ha llegado a 66 mil diarios, casi el doble de las personas detenidas con Obama. Sólo en 2025 se documentaron centros operando por encima del 140 % de su capacidad.
El aumento de detenciones está directamente relacionado con el negocio de las cárceles, que en Estados Unidos son administradas por privados. Como documentó hace un año Bruno Sgarzini, las empresas de prisiones GEO Group y CoreCivic, que donaron dinero para la campaña trumpista, han sido las más beneficiadas con las políticas antimigración de la administración Trump.
Es cierto que Obama deportó más personas, pero el modelo Trump —especialmente en su segundo mandato— se caracteriza por un mayor uso de la detención masiva y prolongada. Y sobre todo, por un mayor número de muertes.
La diferencia es enorme. Durante los ocho años de Obama se registraron entre 56 y 67 muertes bajo custodia de ICE. Una media anual de 7 a 8 fallecimientos. Con Trump, fueron cuatro veces más (al menos 30 muertes) en 2025. Y apenas en tres meses de 2026 van 14 más..
Latinos para la economía y la guerra
La política de la brutalidad y la construcción del “migrante enemigo” contrastan fuertemente con la participación latina en dos ejes fundamentales en el sostenimiento del modelo imperial de Estados Unidos: la economía y la guerra.
Según estimaciones del Latino Donor Collaborative y del Bureau of Economic Analysis, la economía latina en Estados Unidos generó en 2024 unos 4.1 billones de dólares anuales de PIB. Si se considerara como una economía independiente, sería la quinta más grande del mundo, después de Estados Unidos, China, Japón y Alemania.
Los latinos contribuyen con entre 500 mil y 600 mil millones de dólares anuales en impuestos federales, estatales y locales. Dentro de ese grupo, los migrantes indocumentados aportan alrededor de 96 mil millones de dólares al año, según el Institute on Taxation and Economic Policy. Además, representan una parte fundamental de sectores estratégicos como agricultura (en algunos estados son más del 50% de la fuerza laboral agrícola), construcción (30%), hostelería y cuidados (entre 25 %) y la industria manufacturera (20 %).
Y hay un elemento más, del que poco se habla, pero que es clave: la participación latina en las fuerzas armadas. En las guerras de Irak y Afganistán, por ejemplo, poco más del 11 % de las bajas estadounidenses eran latinos. Y actualmente, los latinos representan entre el 17 % y el 19 % del personal militar activo en Estados Unidos.
Sin embargo, los datos del Departamento de Defensa muestran que los latinos están sobrerrepresentados en rangos alistados (soldados rasos, especialistas, cabos y sargentos), mientras que su presencia disminuye en rangos de oficial (capitanes, mayores y superiores). Es decir, participan en mayor proporción en posiciones de base y combate directo, y en menor medida en posiciones de mando.
Así la hipocresía y la brutalidad del imperio: La población latina en Estados Unidos no solo constituye una base económica esencial, sino que también ha contribuido de forma significativa al esfuerzo militar del país, incluyendo participación directa en guerras recientes. Pero eso no solo no se corresponde con una retribución justa; por el contrario, la «carne de cañón» para el trabajo y las guerras es utilizada para la construcción de un enemigo imaginario y doblemente vulnerado por el imperio.
*Daniela Pastrana, periodista mexicana interesada en movimientos sociales, pueblos y procesos de paz.





