Por Eduardo González Viaña
En uno de sus poemas más conocidos, Rubén Darío dice que:
Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Añade que, al culto de los dioses, esta nación adhiere la adoración por el maloliente demonio de la avaricia,
Mammón.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.
Recientes acontecimientos parecen indicar que la potencia más rica del mundo ha puesto como objetivo a una isla pequeña pero gloriosa, a la que Trump considera como una “amenaza excepcional”, pero que los hombres libres del mundo consideramos el baluarte de la utopía y también del coraje.
Cuba no es una amenaza. Es tierra de paz ―como ha dicho su mandatario Miguel Díaz-Canel―. Es un país donde, pese a sesenta años de bloqueo, se ensaya con amor la construcción de una sociedad del amor y de la justicia.
Las palabras del hombre que encabeza la Casa Blanca, señalan que la diminuta isla es un peligro presente y, sin embargo, olvida que el presidente Barack Obama la visitó e inició caminos conducentes al establecimiento de la paz y la colaboración.
La prohibición del suministro de petróleo, impuesto por la fuerza en Venezuela y por la amenaza en otros países, significa condenar a la oscuridad, a la inmovilización y al hambre a la isla de Cuba. Diversas voces y países se han levantado contra esta decisión criminal.
Lo que estamos viendo en Gaza se repetiría en Cuba. Como allá, los inocentes serían pasados a cuchillo por el demonio poderoso y el crimen magnificado aquí resultaría impune. Los hechos parecen tomados a calco de las acciones de Adolfo Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.
El Papa León XIV ha puesto de manifiesto su condena a que esos hechos sean realizados. Aparte de que sería una masacre, se trata de una nación en la cual el socialismo está convirtiendo en reales las palabras justas del humilde Rabí de Galilea.
Estamos tal vez cercanos a una inmolación. El mayor espanto del mundo parece haber decidido la destrucción y, sin embargo, el presidente Díaz-Canel ha dicho:
“Cuba no amenaza, es tierra de paz. Si llegáramos a ser agredidos, pelearíamos con fiereza idéntica a la que nos legaron varias generaciones de bravos combatientes cubanos desde las guerra de independencia en el siglo XIX. No hay rendición ni claudicación posible”.
El poema de Rubén Darío termina aconsejando prudencia al líder de los Estados Unidos.
Tened cuidado. ¡Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!





