LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER. EPIDEMIA SILENCIOSA

La repetición de las agresiones dentro del hogar y el elevado número de feminicidios revelan un grave problema de salud pública, seguridad y derechos humanos que exige una respuesta firme de la sociedad y del Estado.

Paulo Cannabrava Filho

La violencia contra la mujer continúa siendo una de las más graves violaciones de los derechos humanos en Brasil. Los datos más recientes, elaborados por el Ipea para el Atlas de la Violencia, en colaboración con el Foro Brasileño de Seguridad Pública y basados en los registros del Sistema de Información de Agravios de Notificación (Sinan) del Ministerio de Salud, revelan una realidad dramática. No se trata de hechos aislados, sino de una violencia permanente que se repite día tras día, sobre todo dentro del ámbito doméstico.

Uno de los datos más alarmantes del estudio muestra que dos tercios de las mujeres atendidas en los servicios de salud después de sufrir agresiones afirmaron que no era la primera vez que eran víctimas de violencia. En otras palabras, la agresión se ha convertido en una rutina para miles de brasileñas. En 2024, las unidades de salud atendieron a 186.177 mujeres víctimas de violencia doméstica. De ellas, alrededor de 100.800 declararon haber sufrido más de un episodio de agresión. Es la prueba de que, en gran parte de los casos, la violencia se prolonga en el tiempo sin que la víctima consiga romper el círculo del miedo, la dependencia y la impunidad.

La consecuencia más extrema de esta realidad aparece en las estadísticas de homicidios. Según los datos del Sistema de Información sobre Mortalidad, 3.642 mujeres fueron asesinadas en Brasil en 2024, lo que equivale a una tasa de 3,4 muertes por cada 100.000 mujeres. Entre 2014 y 2024, 46.336 mujeres fueron asesinadas en el país. Cada cifra representa una vida truncada, una familia destruida y un fracaso colectivo de la sociedad y de las instituciones encargadas de proteger a las mujeres.

La violencia también tiene un marcado componente racial. En 2024, 2.457 mujeres negras fueron asesinadas, lo que representa el 67,5 % del total de víctimas. La tasa de homicidios entre las mujeres negras alcanzó aproximadamente 4 muertes por cada 100.000 mujeres, un 66,7 % superior a la registrada entre las mujeres no negras, cuya tasa fue de 2,4 por cada 100.000. Estos datos evidencian que la desigualdad racial incrementa la vulnerabilidad y expone a las mujeres negras a un riesgo mucho mayor de morir víctimas de la violencia.

Estas cifras demuestran que la violencia contra la mujer ha dejado de ser un problema restringido al ámbito familiar. Se trata de un grave problema de salud pública, de seguridad pública y de derechos humanos. No basta con castigar a los agresores después de consumado el delito. Es indispensable fortalecer las políticas de prevención, ampliar la red de acogida y protección, garantizar una protección efectiva para las víctimas y promover una profunda transformación cultural capaz de romper con el machismo y la naturalización de la violencia.

En 2026, año de elecciones generales, estas cifras deben servir de reflexión para todo el electorado. La violencia contra las mujeres no se resolverá únicamente con discursos o campañas ocasionales. Es necesario elegir representantes comprometidos con la defensa de la vida, de la igualdad y de los derechos humanos, fortaleciendo las políticas públicas de prevención, protección y atención a las víctimas. También es fundamental ampliar la presencia de las mujeres en los espacios de poder y de decisión.

Una democracia más representativa, con una mayor participación femenina en los parlamentos y en los gobiernos, tiende a producir leyes y políticas públicas más sensibles al combate de la violencia de género. Renovar la representación política con ese compromiso es un paso indispensable para construir un país donde ninguna brasileña tenga que vivir bajo la amenaza permanente de la agresión y del feminicidio.

Una sociedad que convive con miles de mujeres agredidas repetidamente dentro de sus propios hogares y con miles de asesinatos cada año no puede considerar esta realidad como algo normal. Defender la vida de las mujeres es defender la dignidad humana, la democracia y el derecho de todas a vivir libres del miedo y de la violencia.

Paulo Cannabrava Filho periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global