LOS VERDADEROS OBJETIVOS DE SUS INTERVENCIONES
EN AMÉRICA LATINA.
Por: Franklin Ledezma Candanedo,
Periodista del Corinto Bolivariano: Panamá.
El compañero presidente obrero de Venezuela Nicolás Maduro realizó un
balance comunal en la parroquia El Valle de Caracas en septiembre de
2025, cuando advirtió que las agresiones externas buscan apropiarse de
bienes estratégicos y desmantelar el modelo político venezolano
revolucionario de Simón Bolívar. “Cuando el imperialismo nos ataca es
por dos razones, una es evidente: por las riquezas de Venezuela, gas,
oro, petróleo, pero vienen por una segunda riqueza que es más poderosa
que cualquier otra, y es el Proyecto de Simón Bolívar, el Proyecto
Revolucionario del Socialismo del siglo XXI”.
“Ellos mandan esos ocho barcos de guerra porque quieren inventar un
relato que nadie les cree. Las juventudes de Estados Unidos no creen
las mentiras (…) sabemos que Marco Rubio es el que manda en la Casa
Blanca, pero les digo a la familia Trump que esa mafia de Miami le
quiere llenar las manos de sangre al presidente Donald Trump”, señaló
el presidente Maduro.
Alerta dirigente oficiales y ciudadanos de la Patria Grande, hoy es el
gobierno y el pueblo hermano venezolano, los que sufren la embestida
de un desquiciado genocida e intervencionista, Donald Trump, mañana
puede ser cualquier gobierno que esté distraído y no preste atención a
las comunes FALSAS BANDERAS, con las que, desde el siglo XIX, ha
intervenido militar, política o diplomáticamente en América Latina y
el Caribe para alcanzar sus objetivos geopolíticos durante al menos
siglo y medio, para que Washington consolida su hegemonía global.
El peligro mortal que enfrentamos hoy es millones de veces peor,
porque este Neanderthal desfasado, ha revivido la nefasta doctrina
Monroe, los corolarios de los presidentes Rutherford Hayes y Theodore
Roosevelt, lo mismo que el concepto de destino manifiesto. En el caso
de Panamá ya son 181 años de intervencionismo criminal (1846-2025).
Las modalidades abarcan desde guerras abiertas, invasiones militares
para deponer gobiernos incómodos, ocupación, neocolonialismo,
financiamiento de opositores, operaciones de falsa bandera, respaldo a
dictaduras, difusión de mentiras, manipulación de organismos
multilaterales para revestir de legalidad acciones injerencistas e
ilícitas y el uso de organizaciones no gubernamentales como mecanismos
de desestabilización, por citar algunos ‘modus operandi’ verificables.
El historiador venezolano Vladimir Acosta en su libro El monstruo y
sus entrañas. Estudio crítico de la sociedad estadounidense, destaca
que esta tendencia se incrementó desde mediados del siglo XX a través
de mecanismos como ayudas económicas, presiones, golpes de Estado,
invasiones y guerras asesinas que últimamente disfrazan de
humanitarias, en pos de imponer su dominación mundial imperialista y
neo colonizadora.
Intelectuales progresistas aseguraron que el siglo XX inició y con él
vinieron las llamadas ‘guerras bananeras’, con el corolario Theodore
Roosevelt como brújula. Esa directriz de política exterior habilitaba
a EE.UU. para «ejercer el poder policial internacional en casos
flagrantes de tales irregularidades o impotencia”.
El siglo XX inició y con él vinieron las llamadas ‘guerras bananeras’,
con el corolario Theodore Roosevelt como brújula. Esa directriz de
política exterior habilitaba a EE.UU. para «ejercer el poder policial
internacional en casos flagrantes de tales irregularidades o
impotencia», según reseña un documento desclasificado.
Entre otros puntos de la región, en la época se contaron
intervenciones estadounidenses directas en la separación de Panamá de
Colombia (1903), la ocupación de Nicaragua (1912-1933), la ocupación
de Haití (1915-1934) y la ocupación de República Dominicana
(1916-1924).
En el primer caso, el objetivo era asegurarse el control del canal
transoceánico (objetivo real, lo que pretende el cavernario Trump, que
hoy cuenta con lacayos sumisos del patio), apenas un proyecto en
papel, pero que estaba destinado a convertirse en un punto clave para
el comercio. A estos efectos, una vez en marcha una rebelión
secesionista en el istmo, el presidente estadounidense Theodore
Roosevelt envió al puerto de Colón el acorazado USS Nashville para
«proteger las vidas estadounidenses en Panamá».
En los casos de Nicaragua, Haití y República Dominicana, hubo
diferencias en las alegaciones que se esgrimieron para justificar la
ocupación militar directa, pero tuvieron como factor común la supuesta
defensa de vidas e intereses extranjeros, así como el cobro de deudas
en escenarios de inestabilidad política, aunque el motivo real era
desplazar a las potencias europeas de un espacio ya estimado como
estratégico. En Nicaragua, la ocupación vino aparejada con la
protección a la United Fruit Company (OBJETIVO REAL).
No es momento de hacer un listado pormenorizado de todas las
intervenciones estadounidenses en la región latinoamericana y
caribeña. Empero, tres ocurridas entre las décadas de 1960 y 1980 dan
cuenta de que Washington estaba ya más que dispuesto a dejar la
trastienda y aparecer en primera fila para garantizar el control
político y económico en su zona de influencia: La protección de vidas
estadounidenses: República Dominicana, 1965. El objetivo real de esta
incursión era impedir «una segunda Cuba» en América Latina, como luego
evidenciaron documentos desclasificados.
Granada: En 1983, el entonces inquilino de la Casa Blanca, Ronald
Reagan, apostó nuevamente por el cuestionado método, eligiendo como
blanco la pequeña isla de Granada, en el Caribe oriental. Su
independencia del Reino Unido, concretada en 1974, se tornó peligrosa
para EE.UU. en 1979, tras el ascenso al poder por medio de un golpe de
Estado incruento del Movimiento Nueva Joya, una organización
marxista-leninista liderada por el abogado Maurice Bishop. Con esto,
el peor temor de Washington por aquellos días se había concretado:
había una «nueva Cuba» en su área de influencia.
Entre 1979 y 1983, los altos mandos estadounidenses optaron por
desacreditar a Bishop y a su administración —a la que tacharon de
«dictadura comunista»—, denunciar su cercanía con La Habana y Managua
y afirmar, sin prueba alguna, que el aeropuerto de Point Salines, que
se construía con ayuda de internacionalistas cubanos presentados ante
la opinión pública como «combatientes», era en realidad una
instalación en la que se pretendía asentar armas cubanas o soviéticas.
La oportunidad para la invasión apareció en octubre de 1983, cuando
Bishop y otros miembros de su gestión fueron detenidos y
posteriormente ejecutados por fuerzas militares locales. Entonces,
Washington reflotó la acusación sobre el aeropuerto y argumentó la
necesidad de salvaguardar las vidas de 600 estadounidenses que cursan
estudios de medicina en la isla supuestamente comprometidas por la
inestabilidad política reinante.
En este caso, la ocupación militar garantiza condiciones para la
instalación de una administración favorable a Washington bajo ropajes
pretendidamente democráticos. La potencia norteamericana aprovechó la
coyuntura interna para conseguir sus objetivos geopolíticos y tuvo
éxito.
Panamá, 1989
Seis años más tarde, el Gobierno de EE.UU., encabezado por el
republicano George H. Bush, volvería a echar mano de la invasión
militar para deponer ahora a Manuel Antonio Noriega, al que había
acusado de tener vínculos con el Cártel de Medellín, de Pablo Escobar
Gaviria. Se esgrimieron como motivos la protección de las vidas de los
ciudadanos estadounidenses residentes en el país centroamericano.
Es innegable que durante la invasión se cometieron gravísimas
violaciones a los derechos humanos de los civiles panameños,
particularmente en la Ciudad de Panamá, Colón y Río Hato, que «fueron
bombardeadas e incendiadas indiscriminadamente», de acuerdo con un
informe elaborado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH). Asimismo, aunque el número de fallecidos varía según la
fuente, entidades locales han estimado que entre 2.000 y 7.000 vidas
se perdieron por la acción violenta de la fuerza de ocupación.
Créditos:
Los pretextos (y verdaderos objetivos) de las intervenciones de EE.UU.
en América Latina
Zhandra Flores





