LA TRAGEDIA PALESTINA

   
                         Por: Franklin Ledezma Candanedo,
                 Periodista del Corinto Bolivariano: Panamá.

 Necesaria síntesis histórica que debe conocer una sociedad
deshumanizada, mientras entidades oficiales y presuntas organizaciones
de derechos humanos evidencian crónica incapacidad, para erradicar el
salvajismo sionista, secundado por EE.UU.  la bestia (666)
Imperialista, comandada por Donald Trump, el matón del barrio, que
ataca y ofende a enemigos y amigos por igual, y propiciará el cercano
colapso nuclear planetario definitivo.
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Debido a la ocupación israelí de Palestina, las guerras y la violencia
asolaron Oriente Medio durante décadas. La mayoría de la gente
desconoce las razones de los continuos combates entre israelíes y
palestinos en la Tierra de Paz: Palestina. A continuación, se presenta
un resumen de las principales etapas del conflicto israelí-palestino
durante los últimos cien años.

En las últimas décadas del siglo XIX, el movimiento sionista fue muy
activo en Europa. Los sionistas exigieron el establecimiento de un
hogar nacional para los judíos en Palestina, basándose en vagas
reivindicaciones históricas. Lógicamente, los judíos de todo el mundo
no tenían derecho a reclamar Palestina simplemente porque gobernaron
esa tierra hace dos mil años.

Palestina formó parte del Imperio Otomano hasta la Primera Guerra
Mundial. En aquel entonces, Palestina contaba con una gran mayoría
musulmana, una minoría cristiana y una minoría judía. Durante siglos,
los palestinos de diferentes religiones convivieron en armonía, sin
antecedentes de animosidad entre ellos.

Durante la Primera Guerra Mundial, el movimiento sionista fue lo
suficientemente fuerte como para influir en el Imperio Británico y
apoyar su exigencia de establecer un hogar nacional para los judíos en
Palestina. En febrero de 1917, Arthur Balfour, ministro de Asuntos
Exteriores británico, prometió a Lord Rothschild, líder del movimiento
sionista británico, establecer un hogar nacional para los judíos en
Palestina.

Gran Bretaña no tenía el derecho a emitir tal promesa, ya que no era
propietaria de Palestina. Sin duda, Palestina pertenece a los
palestinos de diferentes religiones que han vivido en esa tierra
durante siglos. Además, los judíos sionistas eran ciudadanos de países
europeos y, por lo tanto, no tenían derecho legal a obtener un hogar
nacional ni a establecer un Estado en Palestina. Naturalmente, los
palestinos rechazaron una promesa británica tan injusta e irrazonable.

Tras la derrota de los otomanos en la Primera Guerra Mundial, la
Sociedad de Naciones puso a Palestina bajo el mandato del Imperio
Británico. Debido a esa influencia británica, el Mandato incluyó un
punto para facilitar la inmigración de judíos a Palestina. El Mandato
enfatiza que no se debían perjudicar los derechos civiles y religiosos
de las comunidades no judías existentes en Palestina.

En 1922, los británicos realizaron el primer censo de Palestina tras
obtener el Mandato sobre Palestina. La población total de Palestina
era de 752.048 habitantes, de los cuales 589.177 eran musulmanes,
83.790 judíos, 71.464 cristianos y 7.617 personas pertenecientes a
otros grupos religiosos.

Contra la voluntad de los palestinos, Gran Bretaña permitió que
cientos de miles de inmigrantes judíos europeos se establecieran en
Palestina entre 1920 y 1947. Era evidente que las autoridades
británicas en Palestina favorecían las demandas de los inmigrantes
judíos en detrimento de los derechos esenciales de los palestinos
locales. Esto provocó numerosas revueltas palestinas contra los
británicos y los inmigrantes judíos durante el período del Mandato.

En 1939, la revisión británica de las políticas de inmigración, que
proponía limitar el número de inmigrantes judíos en Palestina, puso a
los sionistas en contra de las autoridades británicas. Los inmigrantes
judíos formaron grupos terroristas que perpetraron atroces actos de
terror contra los palestinos y las tropas británicas durante los
últimos años del Mandato Británico sobre Palestina.

Las brigadas terroristas judías, el 6 de marzo y el 6 de junio de
1938, causaron dos masacres en el Mercado de Haifax, lo que significa
que esos criminales eventos ya tienen 87 años (1938-2025), mientras
que el holocausto judío a manos de Hitler sólo duró 12 años
(1933-1945). Cabe advertir, por lo tanto, que las víctimas de ayer,
son los victimarios de hoy de un pueblo desprotegido y olvidado por
todo el mundo.

Posteriormente, con el consentimiento de las autoridades británicas,
que veían el peligro de una invasión alemana en Medio Oriente, en 1941
se instituyó el Palmaj (unidades de comandos) que, en los últimos seis
años de mandato inglés, instruyó a tres mil soldados de ambos sexos.

El Palmaj se transformó en la fuerza de choque la Haganá. De esa
organización formaron parte, entre otros líderes sionistas, Isaac
Rabin y Moshé Dayán, así como prominentes figuras en el campo de las
artes (Yehuda Amijai, Haim Hefer) y el empresario británico, Vidal
Sasón.

Las primeras vertientes terroristas del siglo XX en el Medio Oriente
provienen de los judíos quienes, antes de la formación del Estado de
Israel, en 1948, utilizaron la violencia política de forma semejante a
lo hecho por ETA en España o por el IRA en Irlanda, con el fin de
lograr que el actual Estado de Israel fuera una realidad.

Tras producirse la partición de Palestina y la fundación del Estado de
Israel en 1948, creció la violencia de los grupos terroristas judíos,
varios de los cuales ya existían y actuaban al amparo de las colonias
agrícolas que los judíos habían instalado a partir de 1852.

El grupo llamado Irgun Zvai Leumi, u «Organización para la Defensa del
Pueblo», conocido como Irgún, fue el primer ente paramilitar sionista
de cuya existencia se supo públicamente.

El fin específico del Irgún, creado en 1937 por David Raziel, fue
ayudar a desalojar «la Tierra Prometida» de los árabes y de las tropas
de ocupación británicas. Tras la muerte de Raziel, en 1941, fue
reemplazado por Menahem Begin, quien llegó a ser primer ministro. Al
Irgún se atribuye un sangriento atentado con bomba ocurrido el 22 de
julio de 1946 en el hotel Rey David de Jerusalén, que dejó 90 muertos.

En 1948 atacaron una aldea árabe ocasionando la muerte de más de 200
personas, operación acometida en conjunto con el Lehi. Tras la
declaración de la independencia de Israel, todos los miembros del
Irgún pasaron a formar parte del Ejército del nuevo Estado.

El grupo Lehi, los «Luchadores por la Libertad de Israel», más
conocidos como «La banda Stern», fue fundado en 1940 por Abraham
Stern, un judío radical y miembro del Irgún que en 1940 no estuvo de
acuerdo con la firma de una tregua con los británicos durante el
tiempo que durara la guerra contra los alemanes, por lo que se fue y
fundó su propia facción.

Esta comenzó a asesinar a palestinos e, incluso, se les atribuye las
muertes de 15 judíos moderados. En 1944 asesinaron al ministro
británico de Asuntos de Medio Oriente, en El Cairo, Egipto.

Posteriormente, comenzaron a actuar en conjunto con el Irgún en los
ataques contra árabes y británicos. En 1948 asesinaron a dos
mediadores de las Naciones Unidas. Uno de los miembros más prominentes
del Lehi fue Yitzhak Shamir, quien también llegaría a ser primer
ministro de Israel.

Otra de las organizaciones violentistas fue la Liga de Defensa Judía
(Jewish Defense League, JDL), grupo surgido en Nueva York, EE.UU. con
el fin de defender intereses judíos de ataques de pandillas y
controlar el antisemitismo.

Fue fundada por Rabbi Meir Kahane, quien empezó a organizar
paramilitarmente a los jóvenes judíos, los que comenzaron a atacar
intereses de la Organización para la Liberación de la Palestina (OLP)
y de la Unión Soviética. Hasta 1983 se les atribuyen más de medio
centenar de atentados en Estados Unidos (casi todos con bomba), siendo
en esos años el segundo grupo terrorista más activo dentro del
territorio norteamericano, después de las FALN portorriqueñas.

En 1945, un estudio demográfico reveló que la población de Palestina
había ascendido a 1.764.520 habitantes, de los cuales 1.061.270 eran
musulmanes, 553.600 judíos, 135.550 cristianos y 14.100 personas de
otros grupos religiosos. Debido al aumento de la inmigración judía,
surgieron frecuentes enfrentamientos entre palestinos e inmigrantes
judíos. Por lo tanto, las autoridades británicas se enfrentaron a una
situación difícil en Palestina.

En 1947, Gran Bretaña decidió pasar el asunto a las Naciones Unidas,
que, bajo inmensa presión estadounidense, adoptaron la Resolución 181,
dividiendo Palestina en dos estados: dando a los inmigrantes judíos el
56% de Palestina y sólo el 44% a los palestinos, que son el pueblo
indígena de Palestina.

La Resolución 181 de la ONU fue inválida, ya que contradecía los
principios básicos sobre los que se fundó la organización mundial, a
saber, defender el derecho de los pueblos a la autodeterminación. Al
negar a los palestinos, que constituyen la mayoría de la población de
Palestina, el derecho a decidir por sí mismos, las Naciones Unidas
violaron su propia Carta. Por lo tanto, la legitimidad de Israel es
cuestionable, ya que depende principalmente de una resolución ilegal.

Además, la Resolución 181 de la ONU se emitió debido a la intimidación
estadounidense a los países latinoamericanos recién incorporados a la
ONU. Cabe mencionar que la Resolución 181 fue rechazada por todos los
países miembros de la ONU en Oriente Medio. Por lo tanto, Israel es
como un órgano extraño trasplantado en el cuerpo de Oriente Medio.

Aunque los palestinos rechazaron una resolución tan inválida e
injusta, los inmigrantes judíos declararon su Estado el 14 de mayo de
1948. En consecuencia, grupos terroristas judíos como el Irgún, la
Haganá y el Lehi tuvieron vía libre para continuar su campaña de
terror contra los palestinos. Además, las autoridades británicas
extendieron su ayuda una vez más y entregaron edificios
gubernamentales, estaciones de tren y campamentos militares a la
Agencia Judía antes de retirar las tropas británicas de Palestina.

Con el objetivo de proteger a los palestinos y la integridad de su
territorio, los países árabes vecinos declararon la guerra a Israel.
Sin embargo, los ejércitos árabes eran inferiores en número y
armamento al ejército israelí, que contaba con el pleno apoyo de
Estados Unidos y algunos países europeos. Las Naciones Unidas
negociaron una tregua entre las partes beligerantes en Palestina en
1949. No obstante, los israelíes violaron la tregua y gradualmente se
apoderaron del 22 % del territorio palestino, además de lo que les
había sido asignado según la Resolución 181 de la ONU.

Según la Resolución 181 de las Naciones Unidas, Israel debe proteger
los intereses de la numerosa población palestina en las tierras
asignadas al Estado judío. Por el contrario, el ejército israelí,
compuesto por grupos terroristas judíos, lanzó una campaña organizada
de terror contra los palestinos para expulsarlos de estas tierras.

Esta campaña de terror israelí resultó en la muerte de cientos de
palestinos y obligó a unos 800.000 a abandonar sus tierras. Se
establecieron campos de refugiados en países árabes vecinos para estos
refugiados, y cientos de miles de palestinos siguen viviendo en ellos
hasta el día de hoy.

En 1967, Israel lanzó un ataque contra países árabes vecinos. El
ejército israelí ocupó la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén
Oriental. El Consejo de Seguridad emitió su Resolución 242, instando a
Israel a retirarse de los territorios que ocupó durante esa agresión.
Israel desafió a las Naciones Unidas y no aplicó la Resolución 242.

Dado que Estados Unidos brindó pleno apoyo militar a Israel, los
países árabes no lograron una victoria militar decisiva contra el
recién creado Estado. Por consiguiente, los palestinos comprendieron
que debían liderar la lucha contra la ocupación israelí.

En 1987, la juventud palestina lanzó el Primer Levantamiento contra la
ocupación israelí. Apedrearon a los soldados israelíes, quienes
respondieron con munición real y, en muchos casos, les rompieron los
brazos a jóvenes palestinos capturados por soldados israelíes. Gracias
al firme apoyo de Estados Unidos a Israel, las Naciones Unidas no
pudieron detener las atrocidades israelíes contra los civiles
palestinos.

En 1991, se celebró en Madrid una conferencia de paz copatrocinada por
Estados Unidos y la Unión Soviética. Los palestinos acordaron aceptar
la existencia de Israel en la mayor parte de su territorio a cambio de
poner fin a la ocupación israelí de la Franja de Gaza, Cisjordania y
Jerusalén Este.

Desafortunadamente, cada nuevo gobierno israelí rechazó lo acordado
por el gobierno anterior con los palestinos. Las negociaciones entre
ambas partes continuaron durante casi diez años, pero fracasaron. Esto
se debió principalmente a la insistencia de Israel en no poner fin a
su ocupación de Jerusalén Oriental y seguir construyendo nuevos
asentamientos en territorio palestino.

Los palestinos que sufrían a diario bajo la ocupación israelí
comprendieron que no había esperanza de alcanzar su libertad y
establecer su Estado, ni siquiera en una pequeña parte de su
territorio. Además, la vida bajo la ocupación israelí se volvió cada
vez más imposible. Las fuerzas israelíes confiscaron regularmente
tierras privadas, encarcelaban a personas sin juicio, demoler
viviendas familiares, arrasaban huertos y cultivos con excavadoras,
destruyen tiendas y negocios, imponen toques de queda en ciudades
enteras y disparaban y mataban a civiles palestinos
indiscriminadamente.

Durante más de seis décadas de ocupación israelí, los palestinos se
vieron privados de cualquier poder militar para defenderse de las
agresiones israelíes. Por otro lado, los israelíes, con el pleno apoyo
de Estados Unidos, lograron construir uno de los ejércitos más
poderosos de la región. La mayoría de los jóvenes palestinos,
impulsados por la desesperanza, la frustración y la humillación diaria
bajo la ocupación israelí, decidieron resistir por todos los medios.
En estas circunstancias, estalló el Segundo Levantamiento en el año
2000.

El Segundo Levantamiento fue testigo de numerosos terroristas suicidas
que se inmolaron entre civiles en Israel. Si bien estos actos son
condenados, es necesario repudiar la principal causa de tales acciones
y ponerle fin: la ocupación israelí de Palestina. Los terroristas
suicidas fueron víctimas de la ocupación israelí, que humilla a los
palestinos a diario, les desmoraliza y practica las peores formas de
apartheid contra ellos.

Los medios occidentales suelen mostrar la destrucción que un
terrorista suicida inflige a los israelíes, pero rara vez muestran la
destrucción causada por los ataques israelíes contra los palestinos.
Una comparación entre las víctimas de ambos bandos demuestra el uso
excesivo de la fuerza por parte de Israel contra los palestinos.

Según estadísticas de B’Tselem, el Centro Israelí para los Derechos
Humanos en los Territorios Ocupados, 1.097 israelíes y al menos 6.638
palestinos han muerto. Por otro lado, según estadísticas de la Oficina
de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios,
9.226 israelíes y 49.518 palestinos han resultado heridos entre
septiembre de 2000 y agosto de 2012. Resulta irónico que Israel siga
alegando que está en legítima defensa contra los palestinos.

Sin embargo, se vislumbra la esperanza de lograr la paz entre
israelíes y palestinos. Los países árabes declararon la Iniciativa
Árabe de Paz en 2004. Ofrecieron paz y la normalización de las
relaciones con Israel a cambio de las tierras que este ocupó en 1967:
los Altos del Golán en Siria; Jerusalén Oriental, Cisjordania y la
Franja de Gaza en Palestina. Según dicha iniciativa, los palestinos
podrían establecer su Estado en tan solo el 22% del territorio
histórico de Palestina. Desafortunadamente, incluso con estas enormes
concesiones, esta iniciativa cayó en saco roto en Israel.

El sufrimiento de los palestinos ha continuado durante 66 años. Las
negociaciones de paz fracasaron debido a la renuencia de Israel a
devolver siquiera una pequeña parte de Palestina a los palestinos para
establecer su estado independiente. Si bien las fronteras del Estado
judío son las que figuraban en el Plan de Partición de Palestina de la
ONU, emitido en 1947, los israelíes no declararon las fronteras de su
Estado hasta hoy. Esto demuestra su clara intención de usurpar más
territorios palestinos.

A pesar de las violaciones israelíes de los derechos humanos
palestinos y su desafío a las resoluciones de las Naciones Unidas,
Estados Unidos mantuvo su inquebrantable apoyo a Israel. Su
parcialidad hacia Israel quedó patente en el Consejo de Seguridad de
la ONU, cuando su veto bloqueó todas las resoluciones que condenaban
los crímenes israelíes contra los palestinos.

Los medios estadounidenses e israelíes lograron etiquetar de
«terroristas» a los palestinos que se resisten a la ocupación israelí.
Esto resulta irónico, considerando que es legal para todos los pueblos
resistirse a cualquier ocupación de sus países. Es lamentable que, por
mucho que los palestinos claman por ayuda contra la injusticia y la
opresión que se les inflige, pocas personas en el mundo apoyan sus
derechos legítimos: el retorno de los refugiados palestinos y el
establecimiento de su Estado en su territorio histórico.

Histórica trágica que permanece igual o peor desde que comenzó la
catástrofe (nakba) palestina, sin que la ONU, el Consejo de Seguridad,
ni la Corte Internacional de Justicia, ni presuntas organizaciones de
derechos humanos reaccionan en defensa de estos indefensos seres
humanos y, menos aún, una sociedad mundial vestida con el ropaje
paquidérmico de la indiferencia y del nada importa, mientras que no le
toque padecer en carne propia, en un momento que nadie espera, el
calvario de hermanos olvidados de todos.