Es necesario un nuevo pacto entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Poder
Judicial para recuperar la capacidad de gobernar y poner el presupuesto
al servicio de un proyecto nacional de desarrollo
Paulo Cannabrava Filho
Brasil necesita discutir con urgencia una reforma del presupuesto. Pero no habrá una verdadera reforma presupuestaria sin una reforma política. Lo que está en juego es la propia capacidad de gobernar.
Tal como están las cosas, las cuentas no cierran. Las enmiendas parlamentarias
movilizan alrededor de 60 mil millones de reales, muchas veces sin criterios
suficientemente claros y sin una asignación vinculada a una estrategia nacional de
desarrollo. Este mecanismo abre espacio para el despilfarro, el favoritismo y la
corrupción. Mientras tanto, para inversiones en infraestructura quedan alrededor de 20 mil millones de reales.
Existe una crisis fiscal, evidentemente. Pero también existe una crisis en la manera en que se decide, distribuye y controla el dinero público.
Como ha advertido Luciana Costa, directora de Infraestructura, Transición
Energética y Cambio Climático del BNDES, necesitamos rediscutir las enmiendas
parlamentarias.
No es posible ejecurar las cuentas públicas exigiendo esfuerzos
únicamente al Ejecutivo. El ajuste pasa necesariamente por un nuevo pacto con el
Legislativo y también con el Poder Judicial.
Esta discusión nos lleva a una cuestión política más profunda. El presidencialismo
brasileño ha ido perdiendo poder sobre uno de los instrumentos fundamentales de
cualquier gobierno: la capacidad de definir prioridades y ejecutar el presupuesto.
No se trata de quitarle al Congreso su legítima participación en las decisiones sobre los recursos públicos. Se trata de reconstruir un equilibrio institucional que permita
gobernar al gobierno elegido por la ciudadanía.
Necesitamos, por lo tanto, un nuevo pacto —quizás de dimensión constitucional— que establezca responsabilidades claras entre los Poderes, transparencia en la asignación de los recursos y criterios nacionales para el gasto público.
La pregunta fundamental es: ¿presupuesto para qué?
El presupuesto no puede ser apenas una disputa por la distribución del dinero entre
corporaciones, Poderes, partidos e intereses locales. Tiene que expresar decisiones y prioridades nacionales.
Y esas decisiones solo tienen sentido si Brasil vuelve a tener un proyecto de país: una estrategia de desarrollo sostenido, sostenible e inclusivo, capaz de combinar crecimiento económico, infraestructura, soberanía, reducción de las desigualdades y mejora de las condiciones de vida de la población.
Sin un proyecto nacional, el presupuesto se convierte en una mera distribución de
recursos. Sin reforma política, la reforma del presupuesto será incompleta. Y sin
recuperar la capacidad de planificar y gobernar, Brasil seguirá administrando crisis
cuando debería estar construyendo el futuro.
Paulo Cannabrava Filho periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global





