KEIKO FUJIMORI O EL VUELO DE LA CIGARRA

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Por Gustavo Espinoza M.

Esopo, el escritor griego del siglo VI de la Era Cristiana narró con ingenio la fábula de la Cigarra y la comparó con la hormiga. La Cigarra no gustaba de trabajar. Prefería vivir tocando música y cantando al tiempo que era mantenida por quienes laboraban para ella. Sólo en su edad adulta tomaba vuelo y mostraba una imagen distinta a la anterior, placentera y acomodada.  No es necesario decir que se parecía a ciertas personalidades del escenario político peruano que adolecen de las mismas penalidades y que hoy aspiran a tomar vuelo a la sombra del drama nacional. Veamos: 

Hubo un tiempo en el que los panegiristas del fujimorismo buscaron relegar el apellido Fujimori  y aludir a Keiko invocando solamente su nombre de pila. Fueron esos los años iniciales del siglo XXI., después que en noviembre de 2000, el mandatario de la “Década Dantesca” huyó del país y encontró refugio en el Japón de sus ancestros.   Ese legado resuena aun hoy. Mucha más gente habla de “Keiko” a solas, y olvida consciente o inconscientemente, que apellida Fujimori.

En la etapa más recientemente, cuando ya fallecido el dictador fue sepultado casi con honores de jefe de Estado. Keiko resolvió tímidamente, retomar su identidad inicial aludiendo al apellido de su padre e incluso revindicó “las partes buenas” de su gestión gubernativa.

Ya recuperado su acceso al Poder, la ex primera dama ha retomado con fuerza su ya vieja identidad y se hace llamar “la señora Fujimori” sin ningún resuello. De ahora en adelante se le conocerá entonces como “La ¨presidenta Fujimori”. Con el tiempo, “Keiko” será sólo para sus íntimos

LOS INICIOS DE UNA LARGA CARRERA

No hay que olvidar, sin embargo, que la señora en cuestión tiene una larga carrera política.  Por lo demás, nacida en 1975, vivió desde el fin de su adolescencia, entre los oropeles del Poder, fue seducida por ellos y luchó siempre por respirar los  aromas palaciegos de los que, finalmente, podrá deleitarse en el próximo periodo político peruano,

El inicio de todo fue en 1990 cuando el padre, un oscuro ingeniero y profesor universitario, derrotó en las elecciones presidenciales al escritor Mario Vargas Llosa quien prometía aplicar un Shock Neoliberal para “recuperar” la economía de los peruanos afectada por una administración populista de la etapa anterior.

Como se recuerda, el “chinito de la yuca”, como también se le conocía al ingeniero elegido ese año, libró en la etapa electoral, una campaña efectista contra ese latigazo económico, que él mismo aplicaría con entusiasmo una vez ungido como Mandatario.

Keiko, que ya no era una niña -frisaba en ese entonces los 17 años- pudo percibir el cambio camaleónico de su padre que justificó la voltereta asegundando que la política de “Shock” era más efectiva que la que originalmente él había propuesto.

Ese gesto, que no era una rectificación generosa sino un cambio radical de opción política llevó al presidente Alberto Fujimori a congraciarse con el Fondo Monetario Internacional, los inversores extranjeros y la clase dominante de un país ya severamente afectado por la corrupción y el engaño.  Con certeza, Keiko pudo conocer y apreciar ese “cambio de rumbo” que le mostró cómo podían servirle giros de ese corte en sus años por venir,

En abril de 1992 Alberto Fujimori tomó el control absoluto del Poder gracias un Golpe de Estado que pudo impulsar asociándose con los núcleos más conservadores de la sociedad y la cúpula castrense que se aupó a su sombra en busca de beneficios y privilegios,

Pocas semanas más tarde, a fines de abril y comienzos de mayo se produjo la primera crisis en la pareja conyugal y Susana Higuchi -la esposa de Fujimori- fue secuestrada, detenida, conducida a los calabozos del Servicio de Inteligencia y brutalmente torturada. Keiko siguió atentamente los hechos y al año siguiente, en 1993. Aceptó reemplazar a su madre en el puesto de primera dama de la Nación, del que fuera despojada Susana.

Siete años cumplió esa función a la sombra de su padre.  En ese lapso, ocurrieron muchos hechos: la persecución a opositores, la detención de periodistas, el avasallamiento de las libertades principales, la destrucción del aparato productivo del país, el remate de las empresas públicas, la corrupción generalizada, los operativos del Grupo Colina y numerosas masacres en el interior del país.  Ella adquirió su “madurez política” a la sombra de esos acontecimientos.

En esos años también ella y sus hermanos estudiaron en el exterior y el país gastó en su educación alrededor de 1 millón 350 mil dólares cancelados a Universidades de Nueva York y Boston, en los Estados Unidos. Ella administró esos recursos que le fueron entregados en moneda extranjera de manera directa por el jefe real del Servicio de Inteligencia y asesor de su padre, Keiko diría luego que ella “aconsejó “a  su padre alejar a ese asesor de su entorno y renunciar, en el año 2000 a postular a una tercera reelección presidencial. No hay prueba alguna que eso haya sido así.

Sí hay prueba, sin embargo, de la negativa de Keiko a aceptar la realidad cuando su padre huyó del país y desde Tokio envió por Fax su carta de renuncia a la Presidencia de la República. Forzada por las circunstancias, fue finalmente obligada a abandonar las instalaciones de Palacio de Gobierno en noviembre del 2,000, lo que hizo con gran pesar. Después´ de ese hecho, y de un “descanso reparador” en los Estados Unidos, volvería al Perú para iniciar aquí su propia “carrera política”.

LA CONSTRUCCIÓN DE SU PROPIO PROYECTO

Fue más precisamente en el 2006 que Keiko inició la tarea de construir su propia opción política. En ese entonces, su padre estaba en Japón, donde había recuperado su nacionalidad nipona para postular al Senado de ese país y contraído nupcias con una japonesa millonaria, la señora Naomi Kataoka, que lo abandonaría poco después.   

Keiko encaró su tarea con desgano.  Ya se había habituado al papel de protagonista, vale decir, primera agonista de una lucha singular. No le acomodó ser una más entre 130 parlamentarias, con poca voz y ninguna iniciativa. Por eso no se registra un solo proyecto de ley presentado por ella. Tampoco ninguna propuesta legislativa. Permaneció callada y sin apremios buena parte del periodo que comprendió su gestión parlamentaria. Pero esta no fue completa. Se tomó la libertad de pedir 500 días de “licencia”. En ese lapso, se fue a los Estados Unidos donde terminó de estudiar y encontró a Mark Vitto Villanela quien sería su esposo, un ciudadano norteamericano del que se divorciaría en el 2024.

Fue en este periodo que se inicio contra Keiko Fujimori una seria investigación por parte del Ministerio Público. Fue acusada de la comisión de diversos delitos: cohecho, lavado de activos, falsedad genérica y otros. Como consecuencia de ello, fue encarcelada en tres oportunidades por un total de 500 días, Finalmente, y ya en e  el último tramo de la política -en el 2025- el Tribunal Constitucional a su servicio, la liberó de todos  los procesos. Ojo.. No la declaró inocente de nada, ni la absolvió de acusación alguna. Simplemente decidió que no debía iniciarse un proceso en su contra ni investigarse a ella. Y eso, por mayoría de votos en el TC. Se trataba entonces de habilitarla a cualquier precio para que pudiese ser candidata el 2026. Cuando topo eso pudo concretarse, vino la venganza: los fiscales que tuvieron a su cargo la acusación, fueron echados del Servicio Público y sometidos a una dura campaña difamatoria.  l

Llevada por su afán de figuración y una creciente ambición de Poder, Keiko postuló a la presidencia de la república el 2011, explotando dos leyendas: la “recuperación económica” y “la derrota del terrorismo”, ambas atribuidas a tu padre por la propaganda de la clase dominante. Basado en ellas y en una furiosa campaña anticomunista, logró alcanzar la más alta votación en la primera vuelta electoral, pero fue derrotada en la segunda por un uniformado, el coronel Ollanta Humala, que levantó algunas banderas progresistas, pero luego siguió aplicando el “modelo” neoliberal heredado de Alberto Fujimori y aplicado también dócilmente por los mandatarios siguientes; Alejandro Toledo y Alan García.

Keiko no estaba acostumbrada a la derrota. Pero eso desconoció los resultados, gritó “fraude” lo más fuerte que pudo y acusó a todos sus adversarios de haberse coludido para perjudicaría, aunque finalmente debió rendirse ante los hechos y aceptar que había perdido. Se retiró a sus “cuarteles de descanso” no sin antes asegurar su liderazgo en Fuerza Popular y garantizar un “aporte parlamentario” procedente de sus congresistas, que le permitiría vivir sin trabajar como hasta ese momento lo venía haciendo.

El periodo 2016-2021 fue particularmente complejo y difícil para el país. Gracias a la mayoría parlamentaria alimentada por los 5 congresistas del APRA, Fuerza Popular tuvo mayoría absoluta y por tanto pudo hacer y deshacer a su antojo. Lo que hizo, fue destruir. Censuró ministros, amenazó la estabilidad política del país, diseñó modelos de gestión autoritarios y por ultimo se empeñó en declarar la vacancia de la presidencia de la República para expulsar a PPK del Gobierno, En el extremo, el presidente renunció en marzo del 2018 en el marco de un escenario convulso.

Lo curioso fue que uno de los motivos de la confrontación entre el presidente y Keiko fue el tema de la libertad de Alberto Fujimori, que en el 2008 había sido procesado y condenado a 20 años de prisión. El antiguo mandatario, que permaneció en Tokio hasta el 2007 optó por volver al Perú, pero terminó en Chile donde fue detenido a solicitud de las autoridades peruanas y finalmente enviado al país para ser juzgado. En todo ese lapso, Keiko guardó silencio, pero cuando el 2017 PPK habló de la posibilidad de otorgarle un Indulto, Keiko se opuso.

Ya había ocurrido algo similar el 2011 siendo presidente Alan García, quiso indultar a Fujimori al termino de su gestión, por lo que convoco a Keiko y a Ollanta Humala -las dos primeras votaciones en los comicios de ese año- a fin de recabar su opinión. Ollanta aceptó la idea, pero Keiko la rechazó. Se negaba a aceptar la libertad de su pudre porque quería disponerla ella. Y para eso, necesitaba ser presidenta. El 2017 fue su hermano Kenyi quien gestionó y pactó la libertad de Alberto Fujimori a cambio de apoyo político a la gestión presidencial. Keiko lo expulsó del Partido y lo hizo sancionar por el Congreso. Por muy poco se libró de ir preso

El vicepresidente de entonces -Martin Vizcarra- asumió el gobierno ante la renuncia de PPK. Contó inicialmente con la venia de Keiko, pero ella luego quiso imponerle ministros, lo que no aceptó, por lo que ella le declaró la guerra. Un primer paso, fue el cierre del Congreso por parte de Vizcarra. Y uno segundo, fue la vacancia de Vizcarra. El tercer paso, fue la inhabilitación política de Vizcarra. Su procesamiento y su condena a 15 años de cárcel. Ahí se encuentra.

Este es un procedimiento usado por el fujimorismo: a quienes se le opusieron, los acusó de cualquier cosa y los condenó. Hoy todos están presos: Toledo.  Humala, Vizcarra, Castillo. En el íntimo de Keiko sé abrigó una idea: ustedes me encarcelaron, ahora los encarcelo a todos. Y así va.

EL 2021, LA ÚLTIMA DERROTA

El 2021 fue la última derrota de Keiko.  Y para ella, fue lo último que le podría ocurrir. De ahí para adelante, nunca más. Y lo dijo en un acto partidario_ “nunca no los volverán a hacer”. El 2021 también se negó a aceptar los resultados. No sólo alegó fraude. También recurrió a los organismos internacionales, a la OEA. En el extremo, envió emisarios a los Estados Unidos para “explicar a su gobierno, la gravedad de la situación peruana si se permitía que asumiera la presidencia un comunista como Pedro Castrillo” Rafael López Aliaga, colaborador de Keiko, pidió expresamente el envío de Infantes de Marina de los Estados Unidos para impedir se consumara el hecho.

Finalmente tuvo que allanarse a la asunción de Castillo, como el proceso electoral de ese año lo dispuso.  Pero desde el primer día conspiró para derribar a su gobierno.

Lo primero que hizo, fue constituir un bloque de oposición uniendo a todas las fuerzas de la derecha peruana. Logró así mayoría parlamentaria. Luego, gracias a la mayoría parlamentaria, fue tomando una a una las instituciones públicas.  Así se apoderó de la Fiscalía de la Nación, de la Contraloría de la República, de la Corte Suprema, del Jurado Nacional de Elecciones, de la Oficina Nacional de Procesos Electorales, de la Junta Nacional de Justicia, del Banco Central de Reserva, de la Superintendencia de la Banca y Seguros, del Tribunal Constitucional y hasta de la Defensoría del Pueblo.

Para este “asalto” a las entidades del Estado fue posible “ganó” para su causa a Perú Libre, el Partido de Vladimir Cerrón, que se proclama de Izquierda, socialista y aún Marxista Leninista. Para “ganar” a ese partido. Le dio una Vicepresidencia del Congreso a Waldemar Cerrón, hermano de Vladimir, quien desempeñó esa función por tres años consecutivos, y la Defensoría del Pueblo, que tiene voz, pero que carece de poder real. Surgió así lo que el común de la gente llama “la Mafia gobernante”

A ella se debe todo: las conocidas leyes “pro crimen” que benefician a los delincuentes y favorecen sus acciones, los nombramientos de ministros y la remoción de los mismos, la designación de funcionarios en las entidades del Estado, las concesiones, los contratos y las “buenas Pro” otorgadas en provecho de los suyos, las partidas, los presupuestos, las iniciativas legislativas y todas las disposiciones emanadas de un Poder omnímodo que sin embargo acumuló  el desprecio masivo de la ciudadanía.  Ese Congreso conto en los últimos dos años, con apenas el 5% de aceptación pública, Pero la etapa decisiva de su gestión se circunscribió a un periodo inicial, el comprendido entre julio del 2021 y diciembre del 2022, cuando finalmente fue derribado Castillo.

LA CAIDA DE CASTILO Y LA CONSOLIDACIÓN DE KEIKO

Finalmente, el 7 de diciembre del 2022 la Mafia pudo derribar a Pedro Castillo y hacerse plenamente de todos los resortes del Poder. Usó como argumento una presentación del Mandatario quien mediante un mensaje televisado disponía el cierre del Congreso, para detenerlo, destituirlo y vacarlo en apenas dos horas.  La cosa fue tan precipitada, que no se respetó procedimiento alguno. Como lo dijimos en ese entonces, Pedro Castillo no podía ser detenido porque gozaba en ese instante de la Inmunidad Presidencial, pero se le interceptó en la vía pública usando patrullas armadas y se le condujo a un establecimiento restringido donde fue detenido. Poco después fue confiando en una prisión.

En el Congreso no se discutió ninguna moción de vacancia ni se hizo uso de ningún procedimiento parlamentario. Ni siquiera se admitió una moción de Orden del día para actuar, Simplemente se puso a votación un pedido de dos parlamentarios para destituirlo del cargo, cuando él ya estaba detenido. Un procedimiento como ese, era completamente ilegal. De todos modos, en un caso extremo, podría hacerse, pero sólo con el respaldo de las 4/5 del legislativo, es decir 104 votos, cifra que nunca se alcanzó. Por lo demás, no se concedió a Castillo el más mínimo derecho a la defensa, Todo fue un procedimiento irrito.

El mismo día, en su reemplazo fue designada su vicepresidente, Dina Boluarte, quien ya estaba coludida con la Mafia para la operación así ejecutada. Dina Boluarte gobernó hasta octubre del 2025 en estrecho contacto con Keiko Fujimori y completamente sometida a los designios de la mayoría parlamentaria que continuó su tarea “legislativa” destituyendo jueces y fiscales críticos al fujimorismo. Entretanto, con todos los resortes del Poder en sus manos, Keiko postuló una vez más a la presidencia de la República en los comicios del 2026.

A LA SEGURA

Con todos los organismos del Estado bajo su control, contando con endoses millonarios de dinero depositados por las grandes empresas, y con la adhesión de la cúpula militar y el apoyo de la policía nacional; Keiko Fujimori postuló por cuarta vez en el 2026. Esta vez, ganó.  Su “victoria” es ciertamente muy discutible. Ella perdió en la votación que se hizo en el Perú. Perdió también en 15 de las 24 regiones del país y por lo menos en el 75% del territorio nacional

Solo “ganó” en la votación en el exterior, y más precisamente en los Estados Unidos. Pero allí no se cumplieron los requisitos establecidos en la norma puesta en marcha al convocarse las elecciones: no se digitalizó la votación en mesa, como estaba previsto. Se obvió ese procedimiento de tal modo que, cuando las actas llegaron con dos días de retraso, nadie supo cual había sido el resultado de la votación en mesa.

Sospechoso resulta el hecho que eso haya ocurrido en las mesas situadas en los Estados Unidos, que las actas hayan llegado con tanto retraso por vía consular, que personal del Jurado Electoral no haya participado, si no que hayan sido los Cónsules los encargados del traslado de los cómputos no digitalizados. Nada de eso, sin embargo, ha sido admitido por el Jurado Electoral que ha declarado simplemente “sin lugar” los recursos presentados en torno al tema.

Y sospechoso resulta también el trajín del embajador de USA en el Perú, Bernie Navarro, quien se hizo acreditar como “veedor internacional” de las elecciones y tuvo diversas entrevistas con cada uno de los altos funcionarios del sistema electoral peruano hasta acabar recibiendo “como invitado de honor” al presidente del JNE en la recepción que ofreciera el 1 de julio celebrando los 250 años de la existencia de los EE.UU.   La injerencia norteamericana fue evidente.

Todo el mecanismo electoral estuvo “arreglado” para garantizar una victoria inobjetable de Keiko Fujimori. Ella alcanzó apenas el 10% de los votos en la primera vuelta, pero le reconocieron un 17% añadiéndole los votos nulos y blancos y con ese porcentaje fue considerada “ganadora de la primera ronda” y pasó a la segunda en tal condición. En la segunda no alcanzó el 50% más uno como lo proclamó el JNE, sino solo el 33%, pero con el mismo juego de cifras, le añadieron los votos nulos y blancos para “regularizar” su victoria final.

Esto resulta más llamativo si se toma en cuenta la votación parlamentaria. Con el 10% de votos en la lista de un Senado de 60 miembros, debió obtener 6 Senadores, pero le adjudicaron 22.  Y en una Cámara de Diputados de 130 miembros, debió corresponderle una cifra tope: 13 diputados. No obstante, le admitieron 41

Esa proporción fue admitida así para garantizarle no solamente la victoria, sino también una representación parlamentaria que le permita gobernar o incluso cogobernar en el hipotético caso de no poder alcanzar el triunfo en los comicios. En otras palabras, quienes urdieron la elección, se pusieron en las dos variantes posibles para garantizar que ella no perdiera.

EN EL ESCENARIO CONTINENTAL

La elección peruana forma parte de los procesos electorales celebrados en América Latina en los últimos 18 meses, más precisamente desde la victoria de Donald Trump en los Estados Unidos. El presidente norteamericano “metió las narices”  en Honduras para asegurar la victoria del presidente Nasfura; en Argentina para ayudar a Javier Milei; en Chile para respaldar a José Antonio Kast; en Ecuador para afirmar el Poder de Noboa, en Bolivia para respaldar al Demócrata Cristiano Paz, en Perú y en Colombia.  En otras palabras, para asegurar un “viraje” continental en respaldo a su política de dominación y a su estrategia guerrerista en el concierto mundial.

Doblegando a la Venezuela Bolivariana, incrementando el bloqueo criminal contra Cuba, aislando a Nicaragua y esperando derrotar a Lula en Brasil, la administración norteamericana busca “cerrar” el continente para enfrentar la presencia económica y política de China en América Latina.

LA PERSPECTIVA PERUANA

En este marco general, la perspectiva peruana se perfila ciertamente preocupante. Aunque en teoría es posible que “sectores moderados” de la derecha clásica puedan influir para “convencer” a Keiko Fujimori de hacer una gestión gubernativa formalmente democrática y respetuosa de las libertades formales precisamente para quitarle la imagen de una dictadura siniestra, es poco probable que esa sea la ruta por la que opte Keiko Fujimori.

Ella no está acostumbrada a un escenario democrático. Ni siquiera a admitir debates internos o disidencias políticas. En eso, tiene definido el perfil de su padre y opta por un corte radical que acabe con la tolerancia.. Dirá entonces que lo que se necesita es “avanzar” y si para eso hay que reprimir, debe hacerse. Tiene todo el aparato preparado para ello.

Por lo demás, está rodeada íntimamente por los núcleos más autoritarios. Por un lado, Williams Zapata, el general que encabezara el Comando Chavín de Huántar y antes las patrullas “Lince” en la sierra centra; por otro por Rafael López Aliaga, que propone crear campos de concentración en la selva peruana para recluir allí a “los terroristas” . De esas corrientes vienen sus principales “asesores” que, por lo demás, fueron los mismos asesores de Dina Boluarte cuando asesinó a 80 peruanos en el sur andino entre el 2022 y el 2023 y los que cumplieron la misma función con Jerí hace poco tiempo.

Racionalmente no es previsible esperar entonces una gestión de corte democrático más adelante. Por el contrario, lo previsible es que se vaya afirmando una dictadura oprobiosa desde un inicio. Por lo pronto, ya Keiko sostuvo la necesidad de pedir “facultades legislativas delegadas” al Congreso para tomar las medidas “urgentes” que juzgue indispensable. Pero pensando que aun eso sería insuficiente, anunció ya que gobernaría con “Decretos de urgencia”, licencia constitucional para situaciones de emergencia, .

La situación, entonces, se torna particularmente delicada. Para hacerle frente será indispensable promover la más amplia unidad popular, organizar activamente a los trabajadores y a las masas populares, politizar a las grandes mayorías nacionales y promover y alentar las luchas.

La     fábula de Esopo tiene actualidad. A la Cigarra le encanta vivir plácidamente, pero ahora deberá volar. Pero ese será su ocaso (fin)