EÑ HITLER ESTADOUNIDENSE Y LA INMORALIDAD DE LA CLASE GOBERNANTE EN USA


Por: David North: Teórico marxista estadounidense, presidente nacional
del Socialist Equality Party (SEP) de Estados Unidos, anteriormente
llamado Workers League.

“La conclusión inevitable que se desprende del discurso pronunciado el
miércoles por la noche por Donald Trump es que el presidente
estadounidense es un criminal político”.

“Los nombres de Trump, Vance, Hegseth, Rubio y Miller vivirán en la
infamia perpetua junto a los de los cabecillas nazis del Tercer Reich:
Hitler, Goering, Himmler, Von Ribbentrop y Goebbels. El juicio de la
historia será implacable”.

Resumen de este formidable análisis de palpitante actualidad,
publicado por los colegas de El World Socialist Web Site, que
ofrecemos a lectores y contactos inteligentes del suscrito. El texto
completo puede leerse en el enlace que transcribimos al final de
nuestro aporte periodístico.

                                   Por: Franklin Ledezma Candanedo,
                                  Periodista del Corinto Bolivariano (*).

                                                      Resumen:

Pero ese juicio no solo recaerá sobre individuos, sino también, y de
forma más profunda, sobre la clase social que los elevó al poder y en
cuyo interés cometieron sus monstruosos crímenes contra el pueblo de
Irán. Ahí radica la importancia del discurso de Trump del miércoles
por la noche. Puso al descubierto la irreversible putrefacción
política y moral de la clase dirigente estadounidense.

Trump no es el primer presidente en cometer crímenes. Sus predecesores
ordenaron invasiones de países, el derrocamiento de gobiernos y la
tortura y el asesinato de personas consideradas opositoras a los
intereses estadounidenses

Esa etapa ya pasó. El discurso de Trump destacó por su falta de
disimulo. Eligió palabras que exponían con cruda franqueza los
objetivos deliberadamente genocidas de las acciones estadounidenses.
“Los vamos a devolver a la Edad de Piedra, donde pertenecen”. declaró.

Trump amenazó con la destrucción de los cimientos materiales de la
vida social de todo un país, explicando que el sector petrolero de
Irán se había salvado hasta ahora solo porque su destrucción ‘no les
daría ni la más mínima posibilidad de supervivencia o reconstrucción’.

Lo que se manifestaba en estas declaraciones no era simplemente la
patología de un individuo, sino el carácter esencial de una capa
social que se ha habituado a la criminalidad y ya no se siente
obligada a disculparse por ella.

El camino que condujo al discurso de Trump pasó por la invasión
inicial de Irak en 1991 y el bombardeo de Serbia en 1999. Continuó,
tras la invasión de Afganistán en 2001 y el ataque a Irak en 2003, a
través de la vasta maquinaria de tortura y abuso expuesta en Abu
Ghraib y en los centros de detención secretos de la CIA, pasando por
el ahogamiento simulado y todo el léxico de ‘interrogatorio reforzado’
inventado para dar respetabilidad burocrática al sadismo. Y pasa,
sobre todo, por Gaza, donde el genocidio se ha elevado a la categoría
de política, el hambre a estrategia, la destrucción de hospitales y
campos de refugiados a un instrumento de guerra reconocido.

. Este es uno de los hechos políticos más críticos del presente.
Durante más de dos años, el mundo ha presenciado la destrucción
metódica de un pueblo entero, llevada a cabo con el pleno respaldo de
Estados Unidos y la connivencia de todas las potencias imperialistas.

El discurso de Trump pertenece a este nuevo entorno político. Es el
lenguaje de una clase dirigente que ha aprendido de Gaza que el
asesinato en masa puede cometerse a plena luz del día y sin
remordimientos.

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron casi 900
ataques en 12 horas contra Irán, coordinando el ataque con las
negociaciones nucleares en curso: un acto deliberado de perfidia que
ridiculizó el concepto mismo de diplomacia.

La atrocidad más horrenda de la guerra —la destrucción de una escuela
primaria de niñas en Minab, que causó la muerte de más de 170 niñas—
no fue recibida con arrepentimiento, sino con indiferencia. La
operación fue bautizada como “Furia Épica”, un nombre elegido para
glorificar la barbarie.

A los estudiantes, jóvenes y trabajadores se les inculca la creencia
de que el principal problema moral de la era moderna reside en la
intransigencia de quienes intentaron derrocar el capitalismo. Sin
embargo, estos mismos círculos, al enfrentarse a la barbarie real del
imperialismo, muestran una notable indulgencia. después de más de un
siglo— ante la Revolución rusa de 1917. Pero guardan silencio cuando
Estados Unidos incinera una sociedad, cuando Israel entierra niños
bajo escombros, cuando la tortura se sistematiza, cuando la policía
ejecuta a los pobres y desposeídos en las calles estadounidenses.

Reformulado al más puro estilo del fascismo trumpista, el principio
moral que guía a la clase dominante capitalista es: ‘Actuar siempre
para maximizar el poder y las ganancias de la oligarquía, tratando a
los seres humanos, a pueblos enteros e incluso a la civilización
misma, como activos desechables en el ejercicio de la fuerza
estadounidense’.

Un gobierno que brutaliza a poblaciones en el extranjero empleará los
mismos métodos en su propio territorio. Los métodos desarrollados en
la guerra imperialista encuentran su contraparte en la vida interna.
Los asesinatos de Renée Nicole Good y Alex Pretti, perpetrados por
agentes federales, se inscriben en un patrón más amplio de violencia
estatal que precede con creces la invasión de Irán.

Una sociedad gobernada por multimillonarios, depredadores
corporativos, agentes de inteligencia militar y estafadores políticos
adquiere el carácter de quienes la dominan. Describir a dicha sociedad
como gobernada por criminales es una constatación de un hecho
político.

A pesar de las atrocidades de Trump, el pueblo iraní no se someterá al
imperialismo estadounidense. Continuará resistiendo, y es
responsabilidad de la clase trabajadora estadounidense e internacional
defender al pueblo iraní. El poder de la clase trabajadora debe
movilizarse para detener los bombardeos sobre Irán y forzar el fin de
esta guerra ilegal.

La criminalidad de la clase dominante estadounidense y sus
colaboradores internacionales está quedando al descubierto ante los
ojos del mundo. Contra esa criminalidad debe movilizarse una fuerza
guiada por un principio social y una concepción moral superiores. Esa
fuerza es la clase obrera internacional

(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de abril de 2026)

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Un cordial saludo para toda(o)s, con nuestra consigna de lucha
progresista: ¡ADELANTE, SIEMPRE ADELANTE!

(*) Columnista de opinión, agroambiental y turístico, promotor del
desarrollo sostenible, defensor de la madre tierra, del ambiente y de
todas las especies, en peligro real de extinción irreversible por
diversos factores negativos, entre otros, la falta de acción colectiva
en el plano nacional y mundial.