El ataque a Venezuela, las amenazas regionales y la impotencia de la ONU ante el veto estadounidense
Paulo Cannabrava Filho*
El ataque del gobierno de Trump contra Venezuela representa una grave ruptura con cualquier noción mínima de convivencia internacional. Se trata de una acción marcada por la arrogancia, el desprecio por las normas jurídicas y el irrespeto absoluto a la soberanía de un país latinoamericano. Es un gesto que redefine de forma brutal el escenario político del hemisferio e inaugura una fase aún más agresiva de la política exterior de Estados Unidos en Nuestra América.
No se trata de un movimiento aislado. Con la misma postura arrogante, Trump amenaza abiertamente al presidente Gustavo Petro, de Colombia, y mantiene a Cuba bajo permanente intimidación. El mensaje es claro: cualquier gobierno que no se someta plenamente a los intereses de Washington pasa a ser blanco de chantaje político, económico o militar. América Latina vuelve a ser tratada como un patio trasero estratégico, sin derecho a la autodeterminación.
Ante este escenario, el presidente Lula afirma que la Organización de las Naciones Unidas debe manifestarse. La defensa del multilateralismo y del derecho internacional es coherente con la tradición diplomática brasileña. Sin embargo, es necesario reconocer el bloqueo estructural: cualquier intento de resolución o condena en el Consejo de Seguridad será inevitablemente vetado por Estados Unidos. La ONU vuelve a mostrar sus límites cuando se enfrenta a los intereses de la potencia hegemónica.
Europa, por su parte, observa todo en un silencio cómplice. Lejos de representar un polo autónomo o solidario, los países europeos —especialmente los miembros de la OTAN— se comportan hoy como colonias políticas de segunda categoría de Estados Unidos, sin soberanía económica ni política real. Al respaldar la narrativa de que se trata de derrocar una supuesta dictadura en Venezuela, ignoran deliberadamente la violencia institucional que esta intervención produce.
La propia vicepresidenta venezolana fue categórica al afirmar que el único presidente legítimo del país es Nicolás Maduro y que la soberanía nacional es sagrada. Esta afirmación va más allá de la coyuntura venezolana: resuena como un principio fundamental para toda América Latina. Sin soberanía, no hay democracia posible ni proyecto nacional viable.
Lo que está en juego no es solo el destino de Venezuela, sino el futuro de la región. La ofensiva de Trump señala un intento de reimponer, por la fuerza, un orden hemisférico basado en la sumisión y el miedo. Frente a ello, se vuelve urgente fortalecer la solidaridad entre los pueblos y los gobiernos del Sur Global. Hoy, la defensa de la soberanía es una condición de supervivencia política.





