COP 30. LA AMAZONÍA EN EL CENTRO DE LA CRISIS

Avances tímidos ante la urgencia climática

Las inversiones y demarcaciones no ocultan los límites de la diplomacia, mientras 70 mil personas en la Cumbre de los Pueblos exigen justicia climática y el fin de los combustibles fósiles

Paulo Cannabrava Filho*

Belém se convirtió en un laboratorio político de la crisis climática: mientras los gobiernos anuncian avances graduales e intentan administrar consensos frágiles, la realidad amazónica —marcada por la desigualdad, la destrucción acelerada y una resistencia histórica— evidencia que la diplomacia internacional sigue lejos de la urgencia que impone el colapso ambiental.

Avances oficiales: necesarios, pero insuficientes

El gobierno brasileño presentó dos medidas relevantes:

  • Una inversión de 107 millones de reales para fomentar la bioeconomía amazónica.
  • El reconocimiento de diez nuevas tierras indígenas.

Son pasos importantes, pero no corresponden a la escala del desafío. La destrucción avanza más rápido que la capacidad del Estado para contenerla, y las expectativas internacionales sobre el papel de Brasil son mayores que las iniciativas anunciadas.

El “mapa del camino” de Lula y el impasse internacional

En la apertura de la conferencia, Lula presentó el llamado “mapa del camino”, un itinerario para abandonar progresivamente los combustibles fósiles. La propuesta busca reposicionar a Brasil como articulador de consensos en un sistema internacional trabado.

Pero la fragmentación global es profunda. Estados Unidos y Europa oscilan entre presiones internas, intereses fósiles y limitaciones presupuestarias. Los países del Sur Global exigen financiamiento, plazos y justicia. Belém dejó claro que sin recursos consistentes —y sin enfrentar a los intereses que lucran con la destrucción— cualquier mapa será apenas una declaración de intención.

La otra COP: la fuerza de la Cumbre de los Pueblos

Mientras la diplomacia negociaba en las salas oficiales, la Universidad Federal de Pará se vio desbordada por más de 70 mil personas en la Cumbre de los Pueblos. Pueblos indígenas, quilombolas, ribereños y movimientos sociales denunciaron el papel estructural del capitalismo en la crisis climática.

Las voces que resonaron allí plantearon verdades ineludibles:

  • la transición ecológica es imposible sin reforma agraria;
  • la justicia climática exige enfrentar desigualdades históricas;
  • y la Amazonía no es obstáculo para el desarrollo, sino el centro de un proyecto de futuro.

Los carteles lo resumieron con claridad: «El colapso ambiental es capitalista».

Belém como escenario y metáfora

Belém expuso su propio paradoja: una ciudad amazónica con infraestructura frágil, desigualdad profunda y, sin embargo, anfitriona del mayor debate climático del planeta. La COP30 puso en evidencia la contradicción entre los compromisos diplomáticos y la vida cotidiana de quienes viven en la línea de frente de la crisis.

Esa tensión demuestra que la transición ecológica no es solo técnica: es una disputa de poder.

Conclusión: entre urgencias y límites

La COP30 mostró que todavía existen caminos posibles, pero requieren coraje político. Los anuncios oficiales avanzaron, aunque por debajo de la urgencia climática. La Cumbre de los Pueblos recordó que sin participación social, justicia y ruptura con los fósiles, cualquier acuerdo será insuficiente.

La Amazonía sigue en el centro de la crisis —y de las posibilidades reales de transformación.