PERÚ. UNA VISITA DE INSPECCIÓN

  

Por Gustavo Espinoza M.   

El próximo miércoles 9 de septiembre arribará a nuestro país el secretario de Estado de los Estados Unidos, el indescriptible Marcos Rubio.  La noticia, anunciada vanamente varias veces, debe ser cierta, dado que esta vez fue anunciada por un funcionario de la embajada USA en Lima que hoy ejerce el cargo de ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Keiko Fujimori, el señor Carlos Espá.

Se tratará, si duda, de una visita inspectiva, la primera del representante de Donald Trump  a las tierra de Túpac Amaru y José Carlos Mariátegui, razón por la cual habrá de venir previamente vacunado con dosis reforzada. No vaya ocurrido que lo coja aquí un sarampión subversivo que le haga recordar sus ancestros cubanos,   hoy casi echados a perder.

La prensa oficialista se ha encargado de alumbrar la visita iluminándola con diversos temas. De modo general, los ha clasificado en dos segmentos. Por un lado, los “beneficios” que no deparará la cercanía con la Casa Blanca; y por otro, los requerimientos que Estados Unidos nos demanda para que hagamos honor a la “ingente ayuda” que la administración Trump nos habrá de proporcionar,

Como un anticipo de intenciones, el señor Espá aludió a la presencia en Lima de una Misión del FBI, que “nos ayuda” a combatir la delincuencia y el crimen. Omitió, sin embargo, recordar que esa entidad actúa entre nosotros desde hace varios años, probablemente desde el segundo gobierno de Alan García, y que quizá por eso es que se incrementó en todo este periodo la ola delictiva que tanto nos agobia.

Pero, sobre todo, olvidó decir que junto al FBI opera la Agencia Central de Inteligencia -la CIA- que tuvo que interrumpir su accionar en 1969, cuando el gobierno del general Velasco Alvarado descubrió que ponía en riesgo la seguridad nacional, y la expulsó del país sin mayor miramiento.  A partir del felón Morales Bermúdez volvió a estos predios para hacer su agosto hasta nuestros días.

Espá no dejó sin mencionar la “benéfica” presencia gringa entre nosotros, aludiendo a la próxima llegada del navío “Confort”, considerado uno de los hospitales flotantes más caros del mundo, que estará en nuestras costas para “asistir”  a los peruanos entre febrero y marzo del 2027 y así “aliviar” los efectos de El Niño.

Todo eso, por cierto, en el marco de desorbitados elogios a su jefe de hoy, el embajador norteamericano en Lima, Bernie Navarro, gracias al cual, probablemente, ostenta una nueva función: es el titular de Torre Tagle

A cambio de esto, le pasó factura a la administración de Lima señalado que deberá “liderar” la lucha contra la delincuencia y el terrorismo. Y para que se entienda el sentido de esa afirmación del advenedizo  de  marras, debíamos “ser muy claros en nuestra condena a regímenes dictatoriales, como es el caso de Cuba, y el régimen horrible de Nicaragua”-

En otras palabras, que debíamos ser los primeros en apuntalar los objetivos de Donald Trump aplicando dócilmente la tarea que se nos asigna como nuevos integrantes del “Escudo de las Américas”. A cambio -dijo- recibiremos otros beneficios. En otras palabras: te pago más si te me portas bien

A Washington no se le escapa el lugar de privilegio que ostenta el Perú en el escenario latinoamericano, por su ubicación geográfico, sus riquezas, su historia, y por el sitial que obtendrá pronto desde la presidencia del Eje del Pacífico. Desde allí podrá, sin duda, ofrecer resistencia a la política soberana y digna que impulsa México, acosado sistemático por el Imperio. Como se ve, aquí no se da puntuda sin nudo.

Todo esto tiene un solo objetivo: cerrar filas tras la política guerrerista del Pentágono alentada y aplicada por Donald Trump  y que se expresa en un interés concreto: apoderarse de todo el continente para usarlo en sus planes belicistas contra China y Rusia.  Vale decir, usara los países de América como escudo de los intereses yanquis y, al mismo tiempo, como proveedor sistemático de todas sus riquezas en provecho del Gran Capital y del Complejo Miliar Industrial de los Estados Unidos.  

Un verdadero circo pretenderá hacer el gobierno de Keiko Fujimori con la presencia de Marco Rubio en Lima. No sólo presentará “la mejor cara” del Imperio para sorprenderá incautos, sino también la usará para que pasen desapercibidos todos sus desaguisados internos: el caso del ministro Chang con su “amiga”, la tendera Tania Ramirez; el ministro Beingolea, con los nombramientos de sus amigas del PPC; le contratación de la esposa del primer ministro en el Congreso de la República, pero sobre todo sus propias andanzas con el estafador argentino Damián Vaalenzuela puestas en evidencia por César Hildebrandt,

Este último caso tiene cola. El Valenzuela y Keiko están m estrechamente vinculados a Fernando Cerimedo. Consjero del presidente boliviano Martin Paz, especialista en redes y detenido en el país altiplánico por feminicidio; y a Carlos Diaz Rosillo, pájaro de alto vuelo, asesor de Donald Trump y consejero directo de Keiko Fujimori en la recuente campaña electoral peruana.

Ambos estuvieron presumiblemente ligados a la organización del fraude electoral que le dio el triunfo a Keiko en la votación de los peruanos en Estados Unidos, y que se convirtiera en la llave de su “victoria”.

Un lío gordo se avecina entonces. con repercusiones en el escenario continental, porque de por medio existe personajes que trabajan en diversos países y que asoman relacionados estrechamente a los procesos electorales realizados recientemente en Ecuador, Honduras, Bolivia, Chile. Perú y Colombia; todos los cuales fueron digitados por la administración norteamericana a través de gentes que hoy están -uno- en el banquillo de los acusados, y los otros en una poco confortable silla de espera.

Y es que aquí se aplica también el viejo aforisma: cuando el río suena, es porque piedras trae. (Fin)