Por Fredy Leon
Con la convención del Partido Demócrata, donde se formalizará la candidatura presidencial de Kamala Harris, comienza en los Estados Unidos la campaña electoral que se prevee será una de las más sucias y costosas. A más dinero mayor serán las implacables campañas de descalificaciones mutuas entre Harris «la loca» y Donald «el sucio».
Este año llegar a la Casa Blanca costará, solo en publicidad en tv, aproximadamente una inversión de dos mil millones de dólares por candidato. Sin el poder absoluto de los dólares llegar a la Casa Blanca es un sueño en una democracia sostenida por el poder de los dólares y en unas elecciones donde gana no el que obtenga más votos, sino el que tenga el poder económico para construir poderosas coaliciones electorales en 4-5 estados sureños claves que son donde -casi- siempre se definen las elecciones. Una herencia de los tiempos del esclavismo y el Ku Klux Klan donde esa democracia de los blancos tenían miedo a que los esclavos sean mayoria y en unas elecciones libres les arrebaten el gobierno.
Y ese miedo es el que va dominar la campaña electoral en USA y no porque el establishment tenga miedo a una rebelión de los votos o aparezca un candidato outsider, sino porque los Estados Unidos viven aferrados a su pasado y no tienen ya nada que ofrecer para el futuro. En las elecciones ganará el que menos miedo provoque en Wall Street y garantice a los militares que los Estados Unidos seguirán siendo un poder hegemónico a nivel mundial.
En ese sentido las diferencias entre Harris «la loca» y Donald «el sucio» son más de imagen, estilo y actitud. Si Harris gana se impondrá el continuismo languideciente de una potencia en declive y con graves problemas económicos internos -enorme déficit fiscal, caída del nivel de productividad económica, militarización creciente de la economía, deterioro del nivel educativo, desempleo estructural etc.- y si gana Donald la incertidumbre y el miedo generalizado se apoderará de la Casa Blanca gobernada por un ególatra, misógino y símbolo de la supremacía blanca.
Harris «la loca» es la certeza de que nada va cambiar, y Donald «el sucio» es el miedo de que todo puede ser aún peor en los Estados Unidos.
Lo único cierto en todo esto es que el espectáculo electoral está garantizado en unas elecciones donde Donald Trump ha declarado -una y otra vez- que solo reconecerá los resultados electorales si gana él.
Caso contrario, que su Dios los coja bien confesados a los estadounidenses.




