CELEBRANDO LA PATRIA LIBRE


Marcela Pérez Silva / Embajadora de Nicaragua en el Pe

Diario UNO / Lunes 14 de septiembre 2020

Este 14 y 15 de septiembre, Nicaragua conmemora el 199º Aniversario de la Independencia de Centroamérica y el 162º Aniversario de la Batalla de San Jacinto. Fiestas Patrias que son una doble celebración de la memoria: de su vocación soberana y de su voluntad integracionista.

Los centroamericanos nacimos juntos a la vida republicana. Fuimos una sola nación y somos un mismo pueblo. El futuro común de Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua fue el anhelado sueño de nuestros próceres y sigue siendo para nosotros un desafío por cumplir. Condición indispensable para alcanzar nuestra soberanía real. Nuestra segunda independencia.

Cuando en 1855 el filibustero William Walker con su banda de contrabandistas desembarca en Nicaragua, su lema es “five or none” pues pretende adueñarse de nuestras cinco repúblicas. La doctrina del “destino manifiesto” proclamaba que, por designio de la Providencia, Estados Unidos tenía la misión de expandirse por todo el continente y gobernar sobre las razas inferiores. El filibusterismo era su brazo armado. Financiado por los esclavistas sureños, Walker se autonombra presidente de Nicaragua, impone el inglés como idioma oficial y restablece la esclavitud.

La Guerra Nacional vuelve a unir a las tropas centroamericanas. América Latina entera sale en defensa de nuestra soberanía. De entonces data nuestra deuda de gratitud con el solidario pueblo del Perú. El presidente Ramón Castilla envía una misión diplomática a Centroamérica y promete un buque “para estimular con su presencia la beligerancia de aquellos pueblos” contra el filibusterismo. El Perú eleva su enérgica protesta ante el Secretario de Estado en Washington, el 11 de julio de 1856:

“Una horda de piratas norteamericanos, cayendo de improviso sobre la República de Nicaragua ha echado por tierra su gobierno, talado sus campos y anegado en sangre sus ciudades, y amenaza enseñorearse sobre las demás repúblicas que pueblan esta parte de la América española: destruir su nacionalidad y continuar hacia el sur sus inicuas conquistas hasta consumar el designio vulgar en todo Norte América, de que de un polo al otro no haya en el Nuevo Mundo más que una sola Nación: la Unión Americana”

Guerra de resistencia, guerra de todos. Patriotas y filibusteros combaten casa por casa. Mosquetes de chispa contra fusiles Minié y revólveres Colt. Sesenta indios flecheros acuden con refuerzos desde Matagalpa. Andrés Castro tiene un rifle sin balas, cuando se enfrenta al invasor y de una pedrada lo derriba. Es la victoria de David contra el gigante prepotente. La batalla de San Jacinto se convierte en la primera derrota del esclavismo en América.

Nicaragua ha tenido que seguir luchando contra la ocupación extranjera y el intervencionismo.

“Queremos que la Soberanía Nacional sea efectiva y no la abatan vientos intervencionistas”, escribía el General Benjamín Zeledón en 1912, antes de caer peleando contra marines y conservadores. El joven Augusto Sandino vio pasar su cadáver, arrastrado por una carreta de bueyes, para que sirviera de escarmiento. Así lo recordaría en 1933:

“La muerte de Zeledón me dio la clave de nuestra situación nacional frente al filibusterismo norteamericano; por esa razón, la guerra en la que hemos estado empeñados, la consideramos una continuación de aquella.”

En 1979 el pueblo de Nicaragua derrocó a la dinastía que, impuesta y sostenida por el imperio para perpetuar su dominio, había gobernado el país como su feudo por casi 50 años. Este 19 de julio hemos celebrado el 41º aniversario de esa hazaña que marcó el triunfo de la Revolución Popular Sandinista y le devolvió la dignidad a Nicaragua.

Hoy el Gobierno sandinista libra una batalla victoriosa contra la pandemia, contra la pobreza, contra la desocupación. Restituye los derechos de todas y todos a la educación y la salud gratuitas. Construye hospitales, carreteras, parques y estaciones de bomberos. Lleva clínicas móviles, agua potable y energía eléctrica renovable a los más apartados rincones del país. Reduce a la mitad la pobreza y a una tercera parte la mortalidad materna e infantil. Empodera a las mujeres, las capitaliza y reduce la brecha de género. Y entrega títulos de propiedad comunal sobre sus territorios, a los pueblos indígenas y afrodescendientes de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe .

La patria libre de Rubén Darío y de Augusto C. Sandino defiende su derecho a la vida digna. Su derecho a la paz.