Por: Javier Pérez (Radio Chile).
La “Teoría del Loco” convertido en disruptor: Persona que transforma
paradigmas establecidos, introduciendo innovación radical o
perturbación (Diccionario de la lengua española).
Síntesis de reportaje escrito por el intelectual Javier Pérez, sobre
el primer aniversario de Donald Trump, como presidente de Estados
Unidos y sus acciones que “marcan un mundo más inestable e
impredecible”. Este análisis realista justifica la mayor difusión
posible, sugerencia que planteamos a lectores y contactos
inteligentes.
Franklin Ledezma Candanedo,
Periodista del Corinto Bolivariano: Panamá (*).
El 20 de enero se cumplió un año del retorno de Donald Trump a la
presidencia de los EE.UU. En apenas 12 meses, el magnate republicano
no sólo ha sacudido el panorama interno de su país, sino que ha
remecido con fuerza el orden internacional
Tras el regreso del magnate republicano a la Casa Blanca, EE.UU. ha
pasado de garante del orden internacional a ser su principal
disruptor. Aranceles, intervenciones y una diplomacia del shock marcan
un mundo más inestable e impredecible.
Su retorno al poder ha estado marcado por una beligerancia que ha
sorprendido a propios y extraños, adversarios y aliados. Trump volvió
con la promesa de dejar una huella, y si hay algo que no puede
discutirse, es que lo está logrando.
A diferencia de 2017, esta vez llegó con un equipo mucho más alineado
con su visión y sin los frenos institucionales que limitaron parte de
sus impulsos durante su primer mandato.
Su política de mano dura en migración, liderada por redadas masivas de
la agencia ICE, ha tensionado la convivencia interna, con episodios de
violencia que han derivado en un deterioro grave de la cohesión
social.
El verdadero quiebre llegó el 2 de abril del año pasado, cuando
declaró el llamado “día de la liberación” e impuso una batería masiva
de aranceles a gran parte del mundo, golpeando de muerte al sistema
comercial basado en las reglas de la Organización Mundial del Comercio
y debilitando seriamente el orden económico de la posguerra.
A la guerra comercial con China, que terminó reconfigurando flujos
económicos, le siguió una política exterior marcada por decisiones
unilaterales y una creciente lógica de confrontación.
Apenas días después de asumir, Trump retiró nuevamente a EE.UU. del
Acuerdo de París y de la Organización Mundial de la Salud, que luego
complementó retirándose de más de 60 organizaciones reforzando un
repliegue multilateral que deja a Washington cada vez más aislado en
las estructuras globales tradicionales.
EE.UU. ha bombardeado al menos ocho países y su implicación en la
crisis de Gaza ha sido cada vez más directa, con una propuesta de
“junta de paz” donde incluso se exige pagar para participar,
transformando la diplomacia en una especie de club exclusivo.
En Medio Oriente, durante la llamada “guerra de los 12 días” entre
Israel e Irán, EE.UU. atacó directamente instalaciones nucleares
iraníes, las que sigue amenazando.
Los bombardeos luego se trasladaron a América Latina. Tras desplegar
el mayor contingente naval en décadas, justificó ataques bajo el
argumento de la guerra contra las drogas, pero terminó consolidando
una doctrina explícita de control hemisférico, una suerte de
resurrección de la Doctrina Monroe, rebautizada informalmente como la
“Doctrina Donroe”.
La operación culminó con la captura de Nicolás Maduro, el control
directo de activos estratégicos y un mensaje inequívoco al continente:
este hemisferio tiene un dueño, Donald Trump.
Este primer año confirma una transformación profunda del sistema
internacional. EE.UU., históricamente arquitecto del multilateralismo,
ha pasado de ser el garante del orden a convertirse en su principal
disruptor. La soberanía se vuelve un concepto flexible, la legalidad
internacional pierde peso y la fuerza vuelve a ser el principal
lenguaje de la política global.
Trump está construyendo un mundo de lógica hobbesiana, donde la
seguridad no surge de reglas compartidas, sino de la cercanía con el
más fuerte. La imprevisibilidad se convierte en su principal
herramienta de poder. Pero esa ambigüedad no es improvisación,
responde a una estrategia conocida como la “Teoría del Loco”, llevada
a un nivel ejecutivo sin precedentes.
Crédito:
Javier Pérez (Radio Chile).
Enlace:
https://radio.uchile.cl/2026/01/20/un-ano-de-trump-el-arquitecto-del-caos-global/
Un cordial saludo para toda(o)s, con nuestra consigna de lucha
progresista: ¡ADELANTE, SIEMPRE ADELANTE!
(*) Columnista de opinión, agroambiental y turístico, promotor del
desarrollo sostenible, defensor de la madre tierra, del ambiente y de
todas las especies, en peligro real de extinción irreversible por
diversos factores negativos, entre otros, la falta de acción colectiva
en el plano nacional y mundial.





