Por Luis Arce
Este 17 de mayo, también Día del Campesino, se cumplen 67 años de la ley más trascendental y temprana de la revolución cubana, la Reforma Agraria, porque marca dos cosas principales: 1) el carácter independista de la lucha guerrillera encabezada por Fidel Castro como las mambisas de 1868 y 1895, y 2) una clara definición de que la concibió un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.
La ley fue firmada por Fidel en el bohío de una familia en la zona de la Comandancia de La Plata, en la Sierra Maestra, ante cientos de campesinos de las cercanías que tuvieron el privilegio de ser los primeros de los cien mil beneficiarios en todo el país, en recibir su título de propiedad bajo el lema de “la tierra es de quien la trabaja”, y rubricado en el lugar por el propio líder de la revolución.
El Che y la Reforma Agraria
El Guerrillero Heroico, Ernesto Che Guevara, la calificó como “la niña mimada de la revolución” en un famoso discurso el 29 de enero de 1960 en la sede del Banco Nacional cuando era su presidente. Ese día el Che recordó:
…En realidad, “la reforma agraria se estableció a finales del año 1958 por el Decreto n° 3 de la Sierra Maestra, mediante el cual se les reconocía a todos los trabajadores agrícolas que tuvieran menos de dos caballerías, el derecho a su posesión gratuita. Después, ustedes conocen la historia de nuestra Reforma Agraria,
“Y si me refiero aquí a la Reforma Agraria con tanta insistencia, no es sólo porque sea la niña mimada de la Revolución, o porque sea el único tema del que pueda hablar; es porque la Reforma Agraria es la base de todos los acontecimientos que se han sucedido después y de todos los que se sucederán.
En la Reforma Agraria están planteados los términos de la lucha por la liberación del país y también se plantean los grandes dilemas que esta Revolución ha puesto sobre el tapete”.
su promulgación en la Sierra Maestra y las luchas y ataques que hemos debido sostener por mantener intactos los postulados de esta ley y por llevarla a cabo.
Aquel 17 de mayo, cinco meses después del triunfo del 1 de enero, fue estructurada también la política de agresiones de Estados Unidos que derivó en la guerra económica que lanza contra Cuba, siempre creciente con picos muy peligrosos como una invasión militar y una amenaza nuclear.
Hubo dos leyes de reforma agraria
La primera Ley de Reforma Agraria (1959) y la segunda (1963) fueron los pilares jurídicos que transformaron el modelo de tenencia de la tierra en Cuba con la eliminación de los latifundios en transición hacia un sistema de propiedad estatal y centralizado que se fue perfeccionando en medio de un persistente bombardeado material y propaganda sucia, sabotajes de todo tipo que provocaron muerte y destrucción.
La primera fue la medida de mayor impacto social en los inicios de la revolución precisamente porque se trataba de eliminar el latifundio, la aparcería y el dominio de grandes corporaciones extranjeras y todas las formas de propiedad y explotación, causas de la miseria crónica que caracterizaba los campos de Cuba.
La segunda, promulgada el 3 de octubre de 1963, ya fue parte de la profundización y perfeccionamiento del proceso revolucionario de transformación socialista posterior a la invasión militar por Playa Girón y la crisis de los misiles en octubre de 1962, entonces como los puntos más altos de las agresiones de Estados Unidos a la isla.
Reforma agraria cubana, 67 años de justicia social con desarrollo
Objetivos de la primera ley
El objetivo de la primera ley, liquidar el latifundio y la aparcería y redistribuir las tierras cultivables del país favoreciendo a los campesinos más pobres, se cumplió inmediatamente, lo cual derivó en la organización de numerosos grupos terroristas en Miami con apoyo abierto de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Casa Blanca, al costo de atentados brutales con centenares de muertos, incluido el derribo en 1973 en pleno vuelo de un avión de Cubana en Barbados en el que murieron todos sus ocupantes.
Fue la más trascendente de las medidas adoptadas por la revolución en su primera etapa; benefició de inmediato a más de 100 000 familias campesinas, y fue el marco en el cual se creó el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) para aplicar resoluciones adoptadas, encabezado por el propio Fidel, entonces primer ministro. La Ley constaba de 15 por cuantos, 67 artículos, 7 disposiciones transitorias y una final.
Causas por las cueles se promulgó
Dentro de las causas enunciadas para la promulgación de esta primera ley estaban la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos, con 2 336 fincas que abarcaban un área de 317 mil caballerías de tierra, o sea, el 1,5% de los propietarios poseían más del 46% del área nacional cultivable.
Otra, el desaprovechamiento de las tierras en esas grandes fincas, con una producción de bajos rendimientos, áreas excesivas en la ganadería extensiva totalmente ociosas, y las agrícolas abandonadas sin producir alimentos, lo cual obstaculizaba el crecimiento y diversificación de la agroindustria prometida por la revolución para sacar al país del monocultivo.
Además, elevar la capacidad de consumo de la población mediante el aumento progresivo del nivel de vida de los habitantes de las zonas rurales, contribuyendo a extender el mercado interior, arrancar de la situación de miseria tradicional a la inmensa mayoría de la población rural, establecer medidas para impedir la enajenación futura de las tierras en manos de extranjeros y, a partir de la promulgación de la ley, prohibir establecer contratos de aparcería u otros de explotación humana.
Reforma agraria cubana, 67 años de justicia social con desarrollo
El INRA
El Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) fue un importante organismo creado en 1959 para ejecutar las políticas económicas y sociales relacionadas con la reforma agraria, principal promesa de la revolución. En 1976 lo reemplazó el Ministerio de la Agricultura, su continuador institucional.
El INRA fue creado por la ley de 1959 para garantizar su implementación y Fidel Castro fue designado a la cabeza del organismo. Se encargaría de establecer la política azucarera, los precios de venta, la expropiación de latifundios y el pago de las indemnizaciones, las nacionalizaciones de empresas privadas, etc.
Dentro de su estructura se creó en 1959 el Departamento de Industrialización, cuya dirección fue encomendada a Ernesto Guevara. En 1960 ese departamento se convirtió en Ministerio de Industria.
El INRA creó una serie de organismos locales denominados Zonas de Desarrollo Agrario, que adquirieron una gran importancia, y que además de controlar en cada lugar que la reforma agraria se realizara efectivamente, promovieron la formación de cooperativas entre los campesinos y organizaron desarrollar la producción agropecuaria.
En 1962 Carlos Rafael Rodríguez fue designado presidente del INRA, en el cargo hasta 1965, y en 1976 se convirtió en el actual Ministerio de la Agricultura.
El INRA dividió al país en 28 Zonas de Desarrollo Agrario de tamaños muy diferentes y cada una incluía varios municipios, la cuales permitieron transformar al latifundio en otros tipos de empresas agrícolas, y realizaron labores para el mejoramiento social del campesinado; a finales de 1960 habían establecido 2000 tiendas del pueblo, construido 12 500 viviendas y 500 edificios sociales para centros escolares, hospitales, teatros, entre otras obras.
La reforma produjo un cambio en las instituciones agrarias y los tipos de explotación agrícola en ese momento eran: Pequeños propietarios (3 caballerías). Agricultores medios (más de 5 y menos de 30). Cooperativas generales, y cañeras, además de granjas administradas por el INRA.
La segunda etapa de la reforma Agraria
Tras la invasión militar de EEUU por Playa Girón y los ataques aéreos anteriores a La Habana y Santiago de Cuba, en abril de 1961, y declararse el carácter socialista de la revolución, los cambios comenzaron por la agricultura con el perfeccionamiento de la reforma agraria en su segunda etapa cuando el gobierno convirtió las cooperativas en granjas del pueblo, consolidando un amplio sector socialista.
Esta segunda reforma consistiría en hacer predominante el socialismo en la agricultura bajo el criterio de que la gran empresa colectiva del Estado es una forma superior de producción, pero sin afectar la estructura concretada por la primera y manteniendo las instituciones privadas ya creadas. Al finalizar esta etapa, a mediados de 1963, los sectores en la agricultura eran: granjas del pueblo, granjas cañeras, agricultores pequeños y medianos.
La reforma chocó con intereses de EEUU
De más está decir que la puesta en vigor de la ley chocó frontalmente con los intereses económicos de los estadounidenses. No en vano, como consecuencia de aquella medida revolucionaria, las compañías azucareras perdieron más de 674.000 hectáreas de tierras, así como varios millones de dólares por futuras exportaciones del cultivo comercial.
Reforma agraria cubana, 67 años de justicia social con desarrollo
De todos modos, las medidas adoptadas por el gobierno a través del INRA no fueron discriminatorias, ya que fueron dirigidas contra todos los terratenientes, sin importar su nacionalidad; y además, como ya ha quedado dicho, estaban amparadas por la Constitución de 1940.
Por otra parte, la forma de indemnización fue bastante más generosa que en la ley agraria impuesta por Estados Unidos a Japón en la postguerra: ésta sólo otorgaba el 2,5% de interés anual y los pagos en veinticinco años; y con la reforma agraria cubana la amortización pagadera se situó en veinte años y un 4,5 % de interés anual.
Reforma agraria cubana, 67 años de justicia social con desarrollo
La revolución priorizó la negociación, pero EEUU la rechazó
El gobierno revolucionario, al igual que hizo en la época de las nacionalizaciones de las industrias y otros bienes planteó repetidas veces su disposición a renegociar los términos de las indemnizaciones, pero Estados Unidos declinó la propuesta renegociadora –no así el resto de los países afectados- y prefirió mantenerlas como baza para presionar al gobierno.
En verdad, desde aquel temprano momento ya EEUU se preparaba para derrocar a la revolución, y rechazar el pago fue usado como arma que desde entonces sigue empuñando con absoluta falacia, pues sabe que todos los países constituidos gozan de ese derecho internacional de salvaguarda de sus intereses, pero Washington se lo deniega a Cuba, como también su derecho a reclamar el territorio nacional que ocupa ilegítimamente su base aeronaval en Guantánamo.
Conviene recordar que las tierras agrícolas fueron compradas por los capitalistas yanquis a precios irrisorios. En 1901, por ejemplo, un tal Preston llegó a comprar 75.000 hectáreas en la zona de la Bahía de Nipe –hoy provincia de Holguín- por 400.000 dólares, es decir, a menos de seis dólares la hectárea.
La actualidad
Desde aquel momento, hace ya 67 años, Estados Unidos comenzó a bombardear la economía cubana en profundidad para impedir a toda costa el desarrollo de la isla y hacer abortar todo intento para elevar los índices de bienestar del pueblo, torpedeando todos los programas sociales de la revolución, y muy en particular el sector agropecuario y su industria alimentaria.
Sometió a la isla al bloqueo económico, comercial y financiero más brutal y longevo que reconoce la historia de la humanidad, con la característica de que no ha dado momento de reposo sino, por el contrario, intensificándolo con nuevas medidas y obstáculos derivados del enjambre institucional que lo codifica en el congreso para complejizar cualquier intento de suspender definitivamente esa guerra contra la isla.
Reforma agraria cubana, 67 años de justicia social con desarrollo
A lo largo de los años, la reforma agraria se ha ido readaptando a las nuevas realidades y a los tiempos, que han provocado cambios de estrategia continuamente, muchas veces de conformidad con la administración de turno en la Casa Blanca, unas veces menos mala, otras peor y nunca buenas en el mejor de los casos porque el espíritu anexionista siempre ha estado presente en Washington de alguna manera.
Sin lugar a dudas, la etapa mas desvergonzada es la del presidente Donald Trump quien trata de devorar el archipiélago a como dé lugar y en consecuencia ha apretado las tuercas hasta donde ya no quedan roscas al punto de que, al negar un diálogo serio y constructivo y sustituirlo hasta ahora por falsas y sospechosas inclinaciones a conversar para imponer, no negociar.
Ello ha obligado al gobierno revolucionario a recomponer su reforma agraria sin faltar a sus principios fundacionales, a fin de estimular su agricultura, en particular la producción de alimentos, a lograr mayores rendimientos y abastecer a un mercado que el bloqueo le impide mantener una oferta por encima de la demanda.
Esa situación ha hecho que los objetivos y metas de los procesos de rectificación y reacomodamiento económico sean muy difíciles de cumplir por la falta de combustibles, maquinarias, forrajes y otros insumos agropecuarios como los fertilizantes, vacunas, herbicidas y otros productos fitosanitarios, para activar los campos y estimula a los productores, ahora bastante desanimados porque el bloqueo impide que el gobierno pueda satisfacer las necesidades cada vez más crecientes de labriego.
Es en este contexto de un bloqueo cada vez más inhumano y cruel, que Cuba, su gobierno y su campesinado, celebran el 67 aniversario de una ley que, a pesar de los fuertes golpes que ha recibido y sigue recibiendo, sigue siendo un referente para todos los pueblos en los que el latifundio se impone, y la tierra no será jamás propiedad de quien la trabaja, sino del parásito que se enriquece con el sudor ajeno.





