VENEZUELA EN LUCHA

Por Gustavo Espinoza M.

Em recuerdo a Eduardo Gallegos Mancera, Cruz Villegas, Hemmy Croes, Martin J. Ramírez y Gerónimo Carrera, valerosos luchadores venezolanos que ya no están con nosotros y que viven en la memoria de su pueblo

Han pasado más de 8 días de la horrenda tragedia que remeciera Venezuela el pasado 24 de junio. Miles de muertos, inmensos daños materiales y un clima de espanto y terror se ha extendido en buena parte del suelo bolivariano en tanto que en el mundo ha crecido la mano solidaria de los pueblos con las víctimas de estos aciagos acontecimientos.

Desde distintos confines del planeta  ha fluido la ayuda material, pero también el análisis de los hechos, así como la información recogida en medios especializados, que han hecho un poco de luz en torno a lo que se habrá de esclarecer algún día con mayor precisión. Por ahora, se pueden esbozar hipótesis en el ánimo de encontrar una explicación racional a tan honda tragedia.

Por lo pronto cabe señalar que Venezuela ha venido sufriendo duros golpes sobre todo a partir del 2014, cuando el gobierno de los Estados Unidos empezó a “tomar medidas” ce corte punitivo contra el Estado Venezolano bajo el pretexto que constituía “un peligro” para la “seguridad hemisférica”.

En verdad desde comienzo del nuevo siglo la Patria de Bolívar había optado por un camino de corte patriótico y liberador, afirmando la Independencia y la Soberanía del Estado Venezolano y abrigando la idea de recuperar para su pueblo el dominio integral de sus recursos fundamentales y sus riquezas básicas.

Esto, que por cierto afectaba a los grandes consorcios norteamericanos que explotaban la riqueza de ese país, fue respondido por Washington con las primeras medidas que configurarían un nuevo caso de bloqueo que fue denunciado por Caracas.

Fueron 13 años de agresión constante por parte de la Casa Blanca contra el gobierno y el pueblo de Venezuela. Esta acción generó una crisis múltiple en un país con una economía deformada y en buena medida primario-exportadora. Desequilibrio económico, desbalance fiscal, pérdida de la capacidad adquisitiva de los salarios, devaluación monetaria, desabastecimiento de insumos básicos, caída del empleo y otros indicadores asomaron de pronto generando dificultades de orden material que afectaron severamente a millones de venezolanos.  

Desde un inicio se denunció el bloqueo contra Venezuela que se sumó al registrado contra Cuba e impuesto en 1962. Hoy, no solamente se ha agravado sino que se ha tornado más dañino dada la situación creada.

El gobierno norteamericano pudo,  y debió, suspender estas sanciones contra Venezuela para facilitar la recuperación de su pueblo. No lo ha hecho, sino que, incluso, se ha burlado ostentosamente y ha hecho escarnio de los requerimientos de la Patria de Bolívar. Veamos:

El presidente Trump anunció el envío de 300 millones de dólares a Caracas, como ayuda estatal al gobierno de la encargada de la presidencia Delcy Rodríguez. Indicó que a esa suma debía añadirse los 500 millones de dólares entregados desde enero a la administración venezolana.

Lo que no dijo es que esa suma no equivale ni siquiera al 5% de lo sustraído por Washington a Caracas en los últimos seis meses desde que se proclamara “dueño” de la riqueza petrolera del Orinoco y lo comercializara directamente con las empresas yanquis como beneficiarias de este. La suma por ese despojo se calcula en 22 mil millones de dólares.

Estados Unidos envió un destacamento de 900 uniformados al país bolivariano, pero solo 300 fueron rescatistas. Los demás, Infantes de Marina, que fueron a completar lo que habían comenzado en el siniestro operativo del 3 de enero pasado, cuando secuestraron al presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores y salieron de inmediato porque no podían quedarse allí.

Llegaron ahora a tomar posesión de territorio, a ubicar lugares estratégicos, a procesar un reconocimiento zonal.  Y lo hicieron bajo la supervisión de generales yanquis. No fue una operación humanitaria, sino un operativo militar el que ejecutó en esas condiciones, el ejército de los Estados Unidos, protegido, adicionalmente, por un barco de guerra ubicado frente a las costas de Venezuela.

El Gobierno Norteamericano aprovechó sin embargo para que, en nombre de recibir “la ayuda de todos”, Caracas admitiera a una delegación oficial de Israel. Así, los que bombardearan Gaza y dejaran esa pequeña ciudad más o menos como La Guayra, visitaron Venezuela para mostrar allí un supuesto “rostro humano”.

Es claro que, si el Gobierno de los Estados Unidos realmente quisiera ayudar a Venezuela a enfrentar la tragedia que la agobia, lo primero que tendría que hacer sería devolverle las riquezas que le ha robado y le sigue robando hoy mismo. Inmediatamente después tendría que retirar todas las sanciones y castigos que ha impuesto a la economía venezolana; devolver los recursos petroleros; descongelar los activos venezolanos retenidos en el exterior y asumir el compromiso de respetar la Independencia y Soberanía del Estado Venezolano.

Y como una demostración elemental de respeto al Estado Venezolano, la administración norteamericana tendría que liberar de inmediato al presidente Nicolás Maduro Moros y a su esposa, la diputada Cilia Flores, a quienes retiene indebidamente.

Hoy, Venezuela lucha en condiciones extremadamente adversas. Pero cuenta con el valor y la dignidad de su pueblo, con la solidaridad de otros pueblos y gobiernos que han demostrado una identificación neta con la causa que representa la Patria de Bolívar, y con la fortaleza legada por quiénes antes combatieron abnegadamente por estas legitimas banderas

La lucha del pueblo de Venezuela abrirá cauce para su propio tránsito, pero también para que, por ese mismo derrotero, transiten los pueblos de América (fin)