SIMÓN BOLÍVAR Y EL TERREMOYO DE VENEZUELA

Por Gustavo Espinoza M.

El 26 de marzo de 1812 un terremoto brutal ocurrió en Venezuela y dejó como legado la ciudad de Caracas completamente destruida así como millares de muertos,  En la misma  capital fallecieron dos terceras partes de la población y en La Guaira perdió la vida la mitad de sus habitantes.

 En total se habló en ese entonces de 120 mil muertos como consecuencia del sismo, ocurrido cuando cobraba fuerza la lucha de Bolívar por romper el yugo que ataba al país al dominio español y arreciaba contra él la campaña de los colonialistas, muchos de ellos amparados por la  Jerarquía Eclesiástica que se mostraba a favor de la monarquía ibérica.

Cuando se produjo el sismo, desde distintas tribunas se dijo que éste era “un castigo de Dios” porque los caraqueños habían prestado oído a las proclamas libertadoras de Bolívar y se habían sumado a su causa afectando el Poder de la Monarquía que -como se decía  en ese entonces- fue por Dios entregada a los Reyes de la Península

Doblegados por el dolor y atenazados por la prédica religiosa que apelaba a la ignorancia de los mortales; millares de Venezolanos creyeron verdadera la prédica clerical y se dispusieron a dar la espalda a la lucha emprendida  desde 1810.

Simón Bolívar, por el contrario, no se arredro. El mismo visitó cada una de las localidades más afectadas por el sismo y comprobó personalmente el inmenso dolor de las multitudes que lloraban con desconsuelo por la muerte de sus familiares y amigos.

Fueron esos momentos de extrema  tensión y debilidad humana los  que llevaron a muchos a perder la fe en la batalla por la Independencia de Venezuela, atemorizados por haber despertado -como decían los clérigos- “la ira del Altísimo”.

En medio de las casas derruidas, de las calles deshechas, de la tierra arrasada y de hombres y mujeres quebrada por el llanto, Simón Bolívar no perdió ni el valor ni la calma. Al contrario, seguro de su causa, fijó su mirada en el horizonte y dijo con voz serena, pero firme: “si la naturaleza está en contra nuestra, entonces lucharemos contra la naturaleza”.  

Vaya este recuerdo en saludo solidario al pueblo de Venezuela que hoy sufre los efectos de una tragedia similar a la que destruyera sus ciudades en 1812.

Hoy, como en esa circunstancia, el sueño bolivariano está intacto y el pueblo de Venezuela sabrá luchar por él venciendo todos los obstáculos, hasta alcanzar  la victoria definitiva (fin)