BRASIL. LA EPIDEMIA SILENCIOSA DE LAS APUESTAS

Las casas de apuestas mueven decenas de miles de millones mientras millones de brasileños enfrentan deudas y pérdidas financieras

Paulo Cannabrava Filho

Las casas de apuestas se han convertido en uno de los negocios más lucrativos de Brasil. En 2025, el sector movió cerca de 50 mil millones de reales y las proyecciones para 2026 apuntan a una facturación próxima a los 87 mil millones. Al mismo tiempo, se estima que más de 3 millones de brasileños están endeudados como consecuencia directa de las apuestas. Son cifras que revelan una realidad preocupante: por un lado, las empresas acumulan ganancias multimillonarias; por otro, las familias se hunden en dificultades financieras.

El crecimiento de este mercado fue impulsado por una gigantesca maquinaria publicitaria. Clubes de fútbol, campeonatos, programas de televisión, plataformas digitales e influenciadores reciben recursos de las llamadas “bets”. Hoy es difícil asistir a un partido de fútbol sin ser bombardeado por anuncios que asocian las apuestas con el éxito, la prosperidad y la realización de los sueños.

La publicidad muestra ganadores, celebra grandes premios y estimula la creencia de que cualquier persona puede cambiar de vida con unos pocos clics en el teléfono móvil. Lo que no aparece en los anuncios es la realidad de la mayoría de los apostadores, que pierde dinero de manera sistemática. La lógica del negocio es simple: si las empresas facturan decenas de miles de millones de reales, ese dinero sale del bolsillo de millones de brasileños.

El impacto social ya es visible. Trabajadores comprometen parte de su salario, jubilados arriesgan sus ingresos mensuales y jóvenes son atraídos por la ilusión del enriquecimiento rápido. Muchas familias terminan recurriendo al crédito para cubrir pérdidas acumuladas, ampliando así el círculo del endeudamiento.

Frente a este escenario, el gobierno comenzó a exigir advertencias más claras sobre los riesgos de las apuestas. La iniciativa es positiva, pero insuficiente. Es necesario ampliar la fiscalización, limitar la publicidad dirigida a los sectores más vulnerables e impedir prácticas que induzcan a la población a creer que las apuestas constituyen una forma de inversión o un camino seguro para mejorar de vida.

El presidente Lula llegó a afirmar que, si dependiera de él, cerraría las casas de apuestas. La declaración revela la dimensión del problema social creado por las “bets”. Pero también expone los límites de la acción gubernamental frente a la actual correlación de fuerzas políticas. El poder económico del sector, su influencia sobre el fútbol, los medios de comunicación y el sistema político dificultan cualquier iniciativa más rigurosa de control. Si la sociedad considera que las apuestas representan una amenaza para las familias brasileñas, el debate tendrá que llegar a las urnas. Las elecciones de octubre serán una oportunidad para discutir qué Congreso desea elegir el país y qué intereses deberán prevalecer: los de las ganancias de unos pocos o los de la protección de los ingresos y la dignidad de millones de brasileños.

Paulo Cannabrava Filho periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global