Por Luis Manuel Arce Isaac
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha llegado al extremo de copiar de Hitler una de las más deleznables acciones del fascismo nazi: la ejecución del programa de eutanasia Aktion T4 para personas con discapacidades físicas o mentales, y la homofobia y persecución social, en la cual incluye separación de los niños de sus padres, una modalidad de terror familiar.
El programa de eutanasia o Aktion T4, una de las más importantes denuncias en el Tribunal de Nuremberg, fue una campaña clandestina de asesinatos en masa dirigida por el Estado alemán entre 1939 y 1945, con el objetivo de eliminar físicamente a personas con discapacidades físicas, mentales, enfermedades crónicas o problemas de aprendizaje.
Fue el primer programa de asesinatos masivos del nazismo, sirviendo como el laboratorio técnico, médico y logístico de lo que más tarde sería el Holocausto. Los médicos y enfermeras mataban a los pacientes mediante sobredosis de medicamentos, inyecciones letales o por inanición forzada (dejándolos morir de hambre). Sus víctimas se calculan en más de un cuarto de millón de personas.
La versión yanqui de Aktion T4 es más sofisticada, aparentemente menos mortal pero igual de letal y cruel, incluso aunque no derive en la muerte física de la persona como la eutanasia hitleriana. Lo acaba de denunciar Jeremiah Schofield, exejecutivo del Seguro Social estadounidense, y está publicado por Alma Plus y diarios norteamericanos.
Este señor reveló que la administración Trump diseñó una estrategia para clasificar falsamente a personas vivas como fallecidas y forzar deportaciones. La idea es hacer eso a 2.7 millones de seres humanos en registros. Después que estén declaradas muertas, su destino no interesa. Para estados Unidos ya no tienen existencia y le da igual que sigan vivas o no. Son, simplemente, invisibles.
Según The Washington Post, el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) diseñó el plan, que habría congelado cuentas bancarias, cancelado créditos, impedido acceso a vivienda y servicios de salud, y anulado el derecho al voto. Un exfuncionario anónimo calificó las consecuencias de «devastadoras» para cualquier persona inscrita. Sicológicamente es peor que los asesinatos de judíos en las cámaras de gas, porque están muertos en vida.https://www.instagram.com/p/DJW7DfTAW10/embed/captioned/?cr=1&v=14&wp=540&rd=https%3A%2F%2Fwww.almaplus.tv&rp=%2Farticulos%2F44607%2Fcontrapunteo-entre-el-fascismo-nazi-y-el-fascismo-yanqui-sio#%7B%22ci%22%3A0%2C%22os%22%3A2208%2C%22ls%22%3A1911.1000000238419%2C%22le%22%3A1921%7D
Jon Koval, inversor vinculado al DOGE, explicó que el objetivo era doble: forzar la «autodeportación» mediante ruina económica, o provocar que las víctimas acudan a oficinas de Seguridad Social para ser detenidas por agentes migratorios.
Agrega que el Departamento de Seguridad Nacional transmitió en abril de 2025 una lista de 2,7 millones de individuos para su clasificación como fallecidos, tras un intento previo con 6.000 nombres que fue revertido.
Los senadores Richard Blumenthal y Elizabeth Warren, alertaron que «si se permite a la administración «matar» administrativamente a personas para perseguir su agenda antiinmigrante, podrá usar las mismas herramientas contra cualquiera».
Al mismo tiempo, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) y registros judiciales, establecieron que más de 5,500 niños (incluyendo bebés) fueron separados por el gobierno federal en la frontera en el primer gobierno de Trump. En ese segundo, en menos de un año y medio, el Brookings Institution calcula en un histórico informe publicado en mayo de 2026, que más de 145,000 niños han sufrido la separación de al menos uno de sus padres debido a las detenciones migratorias de este periodo.
Incluso, investigaciones recientes revelaron que decenas de esos niños que sufrieron la separación en el primer mandato han vuelto a ser separados en los operativos actuales. La enorme particularidad de esta segunda etapa es que cerca de las tres cuartas partes de estos niños son ciudadanos estadounidenses (nacidos en EEUU).
Esas decenas de miles de niños quedan desamparados en territorio estadounidense al cuidado de familiares, amigos, vecinos o el sistema social local. El informe detalla además que más de 22,000 infantes han sufrido la detención de ambos progenitores de manera simultánea. The New York Times calcula en más de 100.000 los niños separados de sus padres mientras que Univisión los cifra en 117000.
Diferencias entre los fascismos italiano, nazi y yanqui
Hay una importante diferencia en el surgimiento y desarrollo del fascismo italiano, alemán, y el yanqui.
El primero fundó el movimiento fascista italiano en 1919 por asunto de política interna el cual convirtió en el Partito Nazionale Fascista que lo llevó en 1921 a la Cámara de Diputados con sus «camisas negras», desde donde organizó la Marcha sobre Roma las noches del 27 y 28 de octubre de 1922 que lo convirtió en primer ministro. Con ello pudo imponer un año después la Ley Acerbo cuyo objetivo fue otorgarle a él y sus fascistas el control absoluto del parlamento y el gobierno y preparar durante casi un año el golpe de Estado que eliminó la democracia y lo perpetuó en el poder desde 1925 hasta su muerte al final de la Segunda Guerra Mundial.
Hitler, que protagonizó una historia parecida inspirado en Mussolini, impuso el fascismo nazi con un criterio dual: convertirse en dictador y, con esa fuerza, hacer tan grande a Alemania hasta convertir el país en el dueño de Europa.
Trump, por el contrario, encontró un país muy poderoso, pero no tanto como antes de la Segunda Guerra Mundial cuando era un imperialismo absoluto y su influencia en el mundo era incuestionable.
Se pensó que, con la caída de la Unión Soviética y el campo socialista de Europa del Este, su poder unilateral se acrecentaría y el unipolarismo, liderado por Washington, sería omnímodo. No contaron con China cuya influencia internacional avanzaba a pasos de gigantes, ni con una evolución de Rusia que llevaría al país a consolidar un poder nuclear descomunal, y recuperar protagonismo en la arena internacional.
En la vida real, la influencia internacional de Estados Unidos iba en picada de forma directamente proporcional con el avance chino-ruso, favorecido por algunas rebeldías en la Europa otanista hacia el control que ejercía Washington sobre el viejo continente.
En consecuencia, el fascismo yanqui-sionista brota con Trump en forma diferente en el sentido de que Hitler partió casi de cero para crear una Alemania grande, mientras que el planteo trumpiano fue rescatar una grandeza perdida, según él.
Por tanto, el republicano implantó su fascismo desde un poder fuerte muy consolidado, aunque hubiera perdido terreno en la gestión del mundo que ahora debía compartir con China, Rusia e incluso la propia Unión Europea. Consideró que eso solo era posible mediante la ruptura del orden internacional, la desinstitucionalización de Estados Unidos, y el uso de la fuerza militar de manera indiscriminada.
En consecuencia, sería un fascismo con una proyección global, más temible y criminal que el nazi y el italiano, no limitado a un país ni a un continente como el de Hitler, y ello explica que en apenas unos meses abriera tantos frentes de manera simultánea en lo militar, lo económico y lo comercial, en varios continentes a la vez.
La democracia, un estorbo
Para el fascismo yanqui-sionista —al igual que para los dos anteriores— la democracia tradicional es un estorbo y de allí su desprecio a la institucionalidad y su inclinación a crear estructuras ilegítimas que eliminen la división de poderes con el fin de concentrarlos de forma absoluta y dictatorial en el presidente.
Eso explica en parte la purga institucional que ha caracterizado a su gobierno y su rechazo a la legitimidad electoral. Sus dichos de que piensa permanecer en la Casa Blanca 10 años y de que no le preocupan las intermedias de noviembre, las cuales puede anular de un sombrerazo, no son retórica vana.
Para Trump, el uso y validación de la fuerza es lo principal, al igual que convertir en cuerpos mercenarios y represores las policías federales, las agencias de control migratorio como el ICE, la violencia política, tolerancia y exacerbación hacia discursos radicales y acciones de confrontación física ejercidas por sus bases MAGA o fuerzas de seguridad.
Como Hitler, construyó un enemigo interno como el causante de la decadencia nacional: El nazismo culpó a los judíos y comunistas; el trumpismo a inmigrantes indocumentados, a la izquierda radical y al «Estado profundo» el cual ni siquiera describe. Es una entelequia que le sirve de bastón a su retórica totalitaria.
Atiza el chovinismo como una herramienta para explotar un sentimiento de humillación colectiva creado, no real. El nazismo usó el resentimiento del Tratado de Versalles; el trumpismo capitaliza el declive económico de la clase trabajadora blanca frente a la globalización y los cambios demográficos.
Le aterra la verdad y la ataca con gigantescas mentiras, como Hitler hacía con su propagandista especial Josepf Goebbels, mientras deslegitima de forma sistemática a los medios de comunicación independientes.
Trump controla, dirige y subordina la economía y a los empresarios para los fines del régimen militar y nacional, mediante una agenda de corte neoliberal con baja de impuestos, privatizaciones y libre mercado, combinada con proteccionismo arancelario selectivo como arma interna y externa.
Construye con la filosofía del miedo, una estructura del Estado Totalitarismo absoluto mediante la destrucción total de la democracia y control total de la vida pública y privada, y la táctica a la que echa mano para ello es la de debilitar los contrapesos institucionales desde adentro, mientras trata enloquecidamente de desmantelar el sistema electoral y el judicial, terrenos en los que puede perder su batalla por el hegemonismo fascista. (Continuará)








