CUBA Y LAS GUERRAS ABUSIVAS DE DONALD TRUMP

Por Luis Manuel Arce Isaac

   Irán, Venezuela, Nigeria, ahora las amenazas de agresión militar a la pequeñita y bloqueada Cuba, y golpes electorales como los que están encaramando en el poder en varios países de América Latina y el Caribe a lo peor del conservadurismo proimperialista, son partes de un esquema de lo que se denomina guerras abusivas, las cuales no son solamente bélicas, sino económicas, sociales, política, mediáticas y hasta culturales.

    La característica principal de las guerras abusivas, sea del tipo que sea, pero muy en especial las militares, es que son asimétricas, es decir desde el poder manifiesto del atacante a la debilidad, en muchos casos extrema, del atacado, donde la vulnerabilidad de la víctima es la garantía de la victoria segura, en apariencias sin contratiempo, y al menor costo posible del agresor.

    Las guerras abusivas no son ni representan una filosofía en su sentido académico, ni siquiera un axioma, sino una equivocación supremacista en la evaluación y juzgamiento de la persona humana y del individuo como núcleo y parte más sensible de la sociedad en la cual se generan, condensan y confirman los valores éticos, morales y espirituales que son los materiales del patriotismo, eje central de la resiliencia de los pueblos, como se hizo evidente en Vietnam, Laos, y otros, y ahora en Irán, Líbano y en Cuba.

    En todos ellos se puso en evidencia el inconmensurable poder de la resiliencia, muy por encima de la creencia de que las guerras abusivas son victoriosas por antonomasia. Estados Unidos se equivoca al juzgar la capacidad humana para enfrentar sus golpes abusivos y oportunistas, por eso se les presenta sorpresivamente como un imposible romper la resistencia patriótica cuando hay una historia heroica detrás de los supuestos débiles, y una cultura milenaria que los blinda.

    Son los casos de esos pueblos citados, y el por qué los cubanos han resistido 67 años de agresiones de todo tipo y la guerra económico con el bloqueo económico, comercial, financiero y ahora energético, durante 64 años, demostrando con sangre, sudor y lágrimas, que su socialismo suigéneris no es un Estado fallido como intenta presentarlo el gobierno de Donald Trump y sus mercenarios secretarios de Estado y de Guerra, y los multimillonarios que pretende ocuparla y retrotraerla al clásico burdel de los marines, los monopolistas hoy conglomerados en empresas diversificadas, con el embajador yanqui como su procónsul.

     Ven tan débil a Cuba, carcomidos los puntales que aguantan las edificaciones de sus hermosas villas coloniales, las calles y espacios yermos inundados de basura, los hospitales sin medicinas y las bodegas sin productos para que la población se alimente, sin electricidad para sus industrias, su transporte y los hogares, que la dan como el país más fácil para una victoria segura y rápida. Y pensar así, decirlo públicamente, y en boca de un perverso pedófilo que se cree el Mesías, no les da vergüenza.

    Envían a sus más altos mandos de las comunidades de inteligencia y militares, y a sus diplomáticos a la isla, no para negociar, sino para imponer, y lograr un rendimiento que saben es un imposible histórico para los cubanos.

    Y surge entonces la gran pregunta: ¿En qué situación se encuentra este mundo de hoy que un estado, un gobierno, e incluso un hombre, puede arrogarse el derecho de amenazar, atacar, bombardear hasta convertir ciudades centenarias en escombro y sepultar bajo los cascajos a innumerables seres humanos, no ratas, y luego vanagloriarse de semejante crimen?

   Pero lo triste es que todo lo que hacen y dicen apunta al bestial crimen de lesa humanidad contra Cuba y no se acaba de levantar la ola, como en los estadios de fútbol, que sepulte a un gobierno neomalthusiano que tiene al mundo al borde de su destrucción total.

   En contraste, no se atreven con quienes les igualan en poder militar y económico, y con ellos sí negocian, y las imposiciones que intentan airear son un frustrado intento de demostrar fortaleza cuando en realidad dialogan desde una posición de debilidad pues están conscientes que el imperialismo estadounidense es un animal en extinción. No se meten con Rusia, China, Corea del Norte, porque pueden hacer polvo a Estados Unidos quizás antes de que suceda lo contrario.

   El objetivo principal de Trump son los países débiles, y su modelo de actuación es la guerra asimétrica, no la simétrica. Es el clásico abusador del barrio. El infeliz de alma y espíritu revestido de bárbaro con una frágil capa de hojalata que se abolla al más mínimo toque, pero con filosos sables por dedos.

     Cito a un gran amigo, a un ser humano excepcional que lucha denodadamente desde las entrañas del monstruo para que dejen tranquila a Cuba y a los estadounidenses que mancilla tanto Trump. Se llama Walter Lippman, un adulto mayor con su salud quebrantada. A quienes lo seguimos, nos mandó este sábado 30 de mayo, esta dramática nota con la cual cierro este artículo:

    “Hoy no me encuentro bien y he decidido no trabajar. Cuando no me siento bien, no rindo bien. Hay algunas cosas pendientes que saldrán, pero por ahora eso es todo.    Prácticamente todo lo que he visto en los principales medios de comunicación nos está preparando para justificar una invasión militar estadounidense de Cuba. En cierto modo, recuerda a 1898. Es aterrador, y esa es precisamente la intención.  Por favor, todos aquellos que puedan deberían participar en las protestas que se están llevando a cabo contra esta posibilidad”.