LA PLUTOCRACIA BRASILKEÑA Y LA OBSECENA CONCENTRACIÓN DE LA RENTA

LRécord de renta per cápita oculta una desigualdad brutal y el dominio del capital
financiero sobre la economía nacional


Paulo Cannabrava Filho


Brasil registró en 2025 una renta domiciliaria per cápita récord de 2.264 reales, valor
6,9% superior al de 2024. A primera vista, el dato parece indicar una mejora c onsistente de las condiciones de vida de la población. El mercado de trabajo sigue dinámico, el desempleo cayó y los indicadores oficiales intentan transmitir una sensación de normalidad económica. Pero la realidad concreta del pueblo brasileño revela otra cosa: el crecimiento de la renta continúa concentrado en manos de una minoría privilegiada, mientras la mayoría sobrevive en condiciones cada vez más precarias.

La concentración de la renta en Brasil alcanzó niveles obscenos, incompatibles con
cualquier proyecto civilizatorio mínimamente democrático. El sistema económico opera para transferir riqueza hacia la cima de la pirámide social, alimentando la especulación financiera y fortaleciendo una plutocracia que pasó a controlar no solo la economía, sino también el sistema político y las decisiones estratégicas del Estado.

Según los datos divulgados, la renta media real domiciliaria per cápita del 10% más
pobre aumentó apenas 3,1%. Aun así, esa franja de la población sobrevive con
miserables 268 reales mensuales por persona, el equivalente a 8,93 reales por día.

Es una renta incompatible con la dignidad humana. No cubre alimentación adecuada, transporte, vivienda ni acceso pleno a los servicios básicos. La pregunta inevitable es: ¿cómo sobreviven esas familias?
Mientras tanto, el 10% más rico tuvo un aumento de renta de 8,7%, alcanzando ingresosper cápita superiores a 9.117 reales mensuales. Más chocante todavía es la situación del1% más rico de la población: la renta media llegó a 24.976 reales por persona, crecimiento de 9,9% en relación con el año anterior.

Según datos del Ministerio de Hacienda, el 1% de la población brasileña concentra el 37,3% de toda la riqueza nacional. Dependiendo de la metodología utilizada, esa
concentración puede acercarse al 50%. Ya el 50% más pobre de la población posee
apenas el 2% de la riqueza del país.

Las cifras revelan una deformación estructural. Según Oxfam, el 5% más rico posee la misma porción de riqueza que el otro 95% de la población brasileña. Más escandaloso aún: seis brasileños poseen un patrimonio equivalente al de cerca de 100 millones de habitantes, prácticamente la mitad del país.

El IBGE muestra que el 50% más pobre posee apenas el 2% del patrimonio nacional,
mientras un grupo ínfimo, correspondiente al 0,01% de la población, concentra por sí solo el 27% de todos los activos financieros del país. Es esa élite financiera la queconforma la verdadera plutocracia brasileña, imponiendo los rumbos de la política económica nacional.

No por casualidad, Brasil continúa practicando una de las estructuras tributarias más perversas del mundo. Según un levantamiento citado por la revista CartaCapital, los millonarios pagan proporcionalmente menos impuestos que la clase media. Cuandopagan, la alícuota efectiva ronda el 20,6%, mientras trabajadores asalariados y sectores medios llegan a soportar una carga cercana al 42,5% sobre sus ingresos y consumo.

El resultado es un modelo económico orientado esencialmente a garantizar las
ganancias del sistema financiero. Las tasas de interés estratosféricas mantienen una
transferencia permanente de renta hacia los rentistas y aplicadores financieros, mientras el Estado reduce su capacidad de inversión en desarrollo, infraestructura, ciencia, tecnología y políticas sociales.

Brasil se convirtió en una sociedad profundamente desigual, marcada por la
concentración patrimonial extrema y por la captura del Estado por los intereses del
capital financiero. Vivimos la dictadura del pensamiento único impuesta por el capital financiero. Esa estructura impide el desarrollo soberano y profundiza la exclusión social.

No se trata solamente de un problema económico. Se trata de una cuestión política,
social y moral. Ninguna democracia resiste indefinidamente semejante desigualdad. La obscena concentración de riqueza destruye la cohesión social, debilita las instituciones y transforma la política en instrumento de los grandes grupos económicos.

En año electoral, este debate se vuelve todavía más urgente. El país necesita discutir un verdadero proyecto de salvación nacional, capaz de enfrentar la concentración de larenta, democratizar el acceso a la riqueza y recolocar el desarrollo soberano en el centro de la agenda brasileña. Sin eso, continuaremos siendo una nación rica, pero condenada aconvivir con la pobreza de su mayoría y el privilegio escandaloso de unos pocos.