Por Luis Manuel Arxce Isaac
El mundo celebra este 9 de mayo la histórica victoria del Ejército Rojo soviético hace 81 años sobre el nazismo hitleriano, y ya es tiempo más que suficiente para que los europeos reflexionen y reconozcan sin rencores que sus antepasados y las actuales generaciones, han vivido casi un siglo en una paz relativa gracias a los 26.6 millones de soviéticos que murieron para librar a la humanidad del fascismo.
Es muy triste, sin embargo, que los descendientes de aquellos europeos que murieron bajo las botas de las SS, de los bombardeos de los aviones de la Luftwaffe y su salvaje blitzkrieg, estimulen con su apoyo irracional a los neonazis de Ucrania que harían cualquier cosa por resucitar a Adolfo Hitler y volver a convertir en ruinas al viejo y culto continente.
El Ejército Rojo y la derrota decisiva del nazismo
Sin embargo, lejos de buscar una salida racional al conflicto inducido por el gobierno de Estados Unidos que lo provocó al bloquear todos los caminos pacíficos a un diálogo factible para llegar a un entendimiento justo, lo taponean y complican.
La verdad hay que aceptarla. A las pocas horas de la claudicación nazi el 8 de mayo de 1945 —cuando más de siete millones de soldados soviéticos lucharon para liberar a pueblos europeos del régimen fascista—, ya los usureros de Estados Unidos, que no recibió en su territorio ni un bombazo y se enriqueció chupándole dinero con la venta de armas, estaban ordenando la toma económica y financiera del agotado continente, mediante el Plan Marshall de post guerra que los esclavizaría hasta hoy.
Austria, Albania, Bélgica, Dinamarca, Grecia, Luxemburgo, Noruega, los Países Bajos, Polonia, Francia, Italia, Checoslovaquia y los balcánicos de la antigua Yugoslavia, debieran estar agradecidos de que Rusia los liberara de la ferocidad nazi, y los de Hungría, Rumanía, Bulgaria y Finlandia, recuperaran su independencia gracias a Moscú.https://www.instagram.com/reel/DYHf2mFg1An/embed/captioned/?cr=1&v=14&wp=540&rd=https%3A%2F%2Fwww.almaplus.tv&rp=%2Fenfoque%2F43009%2Fsin-el-ej%25C3%25A9rcito-rojo-qui%25C3%25A9n-sabe-si-el-nazismo-todav%25C3%25ADa-existi#%7B%22ci%22%3A0%2C%22os%22%3A3314.8999996185303%2C%22ls%22%3A2752.0999994277954%2C%22le%22%3A3305.5%7D
Y mientras las grandes victorias las cosechaba el Ejército Rojo sobre sus millones de muertos, Estados Unidos y Gran Bretaña se confabulaban pensando desde antes de la claudicación de Hitler cómo convertir a la URSS en el enemigo de Europa, no en su salvador. Pero en ese momento no podían hacer nada para ocultar las grandes victorias soviéticas desde el otoño e invierno de 1942 cuando marcaron una ruptura fundamental en el curso de la guerra.
En esos tiempos la URSS inicio la liberación de Ucrania que se concretó entre el invierno de 1943 y la primavera de 1944 con una gran contraofensiva que hizo sucumbir a las tropas alemanas mientras paralelamente iban dibujando con sangre y coraje la de Europa, que le costó la vida a más de tres millones de sus soldados.
Ucrania, OTAN y el nuevo conflicto geopolítico europeo
Lamentablemente, las células nazis se enterraron como topos en territorio ucraniano, y desde aquel mismo momento empezaron a organizarse para enfrentar a los rusos y entorpecer la solución de lo que Stalin había denominado conflicto de nacionalidades entre las repúblicas de la unión.
Cuanto más se acercaban los grupos de asalto soviéticos al centro de Berlín, más se confabulaban Washington y Londres contra Rusia, en especial cuando los soviéticos, emprendieron un asalto decisivo contra el Reichstag, los soldados de las SS y de la Wehrmacht ya estaban vencidos, y la bandera roja fue colocada sobre el edificio. Las fuerzas aliadas intervinieron para que la capital no quedara en manos de los vencedores, y fuera dividida en partes.
Sin el Ejército Rojo quién sabe si el nazismo todavía existiera
La URSS fue el factor decisivo en la derrota del fascismo por el simple expediente de que soportó el 80% del ataque alemán con episodios gloriosos que no registró ningún aliado, logrando hitos clave como Stalingrado y la toma de Berlín en mayo de 1945. Estados Unidos, con ayuda de Hollywood y sus medios de comunicación, pasó años tergiversando y dramatizando hechos como el desembarco de Normandía en agosto de 1944 para presentarlos como puntos de inflexión decisivos que, según su publicidad, llevó a la victoria aliada en Europa, escamoteando el mérito del Ejército Rojo.
Es curioso cómo conspiraciones pretéritas se repiten, o quizás se tomen de modelo, como sucedió con la Ucrania actual entre los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y el canciller de Alemania, Olaf Scholz, principales inductores de una guerra que no debió de existir si se hubieran sentado a la mesa de negociaciones con Vladimir Putin, reexaminar los acuerdos de Minsk sobre el Donbás, aceptar la responsabilidad de la Unión Europea en el golpe de Estado de febrero de 2014 en Ucrania al presidente Víktor Yanukóvich, y asumir las consecuencias con el renacimiento del nazismo en el país.
Ambos, Biden y Scholz, sostuvieron una reunión en Washington con la intención aparente de enviar a Rusia y China un mensaje de “alianza confiable” en el caso de Ucrania. El encuentro fue muy importante, no tanto por lo que ambos gobernantes declararon a la prensa, sino porque se realizó unos pocos días después de otra de mucho mayor envergadura en Beijing entre el líder chino Xi Jimping, y Putin.
Se trataba, en los hechos, de una ronda de negociaciones inéditas, con la característica de que los planetas no estaban alineados y giraban dentro de órbitas muy específicas alrededor de Ucrania dando la falsa apariencia de que era el centro del sistema de esa rotación cuando Kiev era solamente el punto que la motivaba.
En realidad, lo que estaba en debate en torno a Ucrania eran los términos de un equilibrio estratégico en Europa que atañía al mundo entero y que involucraba un nudo de contradicciones entre lo nuevo que surge y lo viejo que fenece.





