DESDE CUBA. A TRUMP Y A SUS IMPERIALISTAS: ACUERDENSE DE VIETNAM

Desde Cuba a Trump y sus imperialistas: Remember Vietnam

Pasados 51 años de la criminal guerra contra Vietnam, estamos en la obligación de recordar que la derrota del “mejor” ejército del mundo es posible y en nada hipotética.

Este 30 de abril de 2026 se cumplieron 51 años de la gran victoria del pueblo de Vietnam, y la derrota histórica definitiva del imperialismo yanqui en su prolongada y cruel guerra de destrucción en la que sus bombardeos y ametrallamientos a aldeas acabaron con la vía de más de dos millones de civiles y, al final, no lograron su gran sueño de ocupar esa nación y dominarla.

No pocos estimaron que, después de su tremenda derrota en los arrozales indochinos, el imperialismo estadounidense comenzaría, como la lombriz de tierra, a recogerse en sí mismo para, en un proceso lento pero irreversible, dar paso a un nuevo tipo de relaciones internacionales en el que conflictos como el vietnamita fueran anécdotas de la prehistoria.

Lamentablemente no fue así y en el período post Vietnam se contabilizan al menos ocho guerras en las que el Pentágono ha sido el protagonista o ha tenido una importante participación, y todas las ha perdido.

Irán sería la novena y la está perdiendo también.

Como al perro huevero, al gobierno de Estados Unidos habrá que seguirle quemando el hocico para poder conseguir una paz digna y, sobre todo, duradera. Significa que el imperialismo estadounidense ha sido debilitado, pero no vencido, y aún tiene el suficiente poder para producir agresiones como la de Irán o preparar y ejecutar golpes de Estado o secuestros como el del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, pero no se crea que por fortaleza, sino debilidad de su régimen social y político en declive.

Ante la tozudez imperialista puesta de relieve no solamente en Irán, Irak, Afganistán, Yemen, Libia, Siria y otros escenarios, sino en el reverdecer de los procesos intervencionistas de la Casa Blanca y el Pentágono en América Latina y el Caribe, cobra mayor actualidad y se hace más urgente la necesidad de estudiar todo el sumario político, ideológico y militar que condujo a la gran derrota general de Estados Unidos en Vietnam. 

Un hombre de una gran visión en ese sentido fue el Comandante Guerrillero Ernesto Che Guevara cuando abogó, en la lejana década de los años 60 del siglo pasado, a favor de crear dos, tres, muchos Vietnam, y abanderó la idea de estudiar la revolución vietnamita para aplicar, en la lucha contra los imperialistas estadounidenses, los conceptos de la guerra de todo el pueblo defendida por el presidente Ho Chi Minh y teorizada por ese gran estratega militar y héroe de Dien Bien Phu, el general Vo Nguyen Giap.

Por los rumbos abiertamente guerreristas que han tomado los gobiernos de Washington y Tel Aviv, es bueno estimular el estudio y análisis de una guerra genocida que marcó para siempre al mundo y que ha puesto de manifiesto la naturaleza agresiva y criminal de un imperialismo que nació chorreando sangre y parece que desaparecerá de la misma manera.

Las guerras de agresión y conquista en Irán, Irak y demás países mencionados, y acciones agresivas como la de Venezuela o la intensificación de la guerra económica a Cuba con un bloqueo petrolero, repito, son los mejores materiales de estudio para saber a qué debe de atenerse la humanidad en una época de cambios muy acelerados que deben de conducir a un cambio de época porque no hay otra alternativa.

Tuve el extraordinario privilegio de recorrer el país desde el paralelo 17, entonces límite entre las dos partes de Vietnam, hasta el propio Saigón, por la carretera nacional 1, y ver como testigo excepcional, la histórica victoria del pueblo vietnamita, participar en el desfile popular que la coronó, y en la proclamación de la capital del régimen títere como Ciudad Ho Chi Minh. Entrevistarme con muchos héroes, hablar con la gente común, y ser el primer corresponsal extranjero en entrar en la abandonada embajada de Estados Unidos en Saigón.

Además, el hecho histórico de participar junto con las tropas en el desfile de la victoria, y entrar al Palacio Presidencial por el hueco en el muro perimetral hecho por el tanque que lo derrumbó y conversar con numerosos combatientes y líderes políticos, como corresponsal de guerra.

Como he descrito en varias ocasiones, en mi largo recorrido por tierra desde Hanoi a Saigón, en la paradisiaca Nha Trang en las mesetas centrales, coincidí con el general Giap, -el héroe de Dien Bien Phu y autor de la teoría de “la guerra de todo el pueblo”- a quien ya había entrevistado en Hanoi en otras ocasiones, y me hizo una valoración del significado histórico de la liberación que me sirvió de base para uno de los libros testimoniales que escribí, el cual fue publicado por la editorial Girón de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba en 1983.

Como periodista, tuve también el privilegio de estar presente en Vietnam, a partir de 1967, en todos los acontecimientos importantes de la guerra en Indochina, particularmente Vietnam y Lao. En el primero fui testigo, entre otras, del inicio de la guerra aérea de destrucción, la guerra meteorológica contra diques y represas y las Pascuas Sangrientas de Nixon con la participación masiva de B-52 en los bombardeos a Hanoi y Haiphong y el minado de los puertos, de las cuales tengo un pequeño libro que describe minuto a minuto aquel salvaje crimen.

En Lao estuve presente durante varios meses en el proceso de rendición del régimen títere del príncipe Souvanna Phouma y la salida del país de las tropas y el personal de Estados Unidos. Sobre ese acontecimiento escribí un libro-testimonio titulado La derrota del imperialismo norteamericano en Laos.
Con mi libro Tres batallas decisivas quise rendir homenaje al pueblo vietnamita y a su querido líder Ho Chi Minh, pero al mismo tiempo dejar para la historia un testimonio de cómo fueron aquellos acontecimientos y cómo Estados Unidos perdió la guerra.

Sabía que el Gobierno de ese país tergiversaría la hazaña vietnamita e imaginaba que Washington haría un esfuerzo de propaganda imperialista para presentarle al público, dentro y fuera de Estados Unidos, una visión falseada y hasta ridícula, -películas como Rambo así lo confirmaron-, de lo que en realidad sucedió en los arrozales indochinos, al igual que ahora hace con su sarta de mentiras Trump en el caso de Irán, que busca mostrar su fracaso como una victoria.

Pasados 51 años de aquella criminal guerra, estamos en la obligación de no dejarla en el olvido, sino, por el contrario, recordarle a personas engreídas y autosuficientes, quizás desconocedoras o negacionistas de la historia, que la derrota del “mejor” ejército del mundo es posible y en nada hipotética.

Es lo que demostraron los vietnamitas en su momento y hacen hoy los iraníes, y también los cubanos, al plantarle resistencia y no dejarlos pasar aun en los peores escenarios y las más brutales amenazas.

Desde la pequeñita isla de Cuba bloqueada y víctima de un genocidio no militar, pero amenazada con ser literalmente hundida en el Caribe, los cubanos les gritan a Trump, a sus secretarios. sus generales y sus multimillonarios: Remember Vietnam.