Por Gustavo Espinoza M.
www.nuestrabandera.pe / 20 de marzo 2026
Pareciera que la administración Trump cae en los Estados Unidos quebrada en todos sus extremos. Cada día salen denuncias referidas a los archivos de Epstein que colocan al Mandatario ante acusaciones ineludibles: y cada semana se conocen también opiniones de jueces que formulan sentencias condenatorias contra el inquilino de la Casa Blanca por diversos latrocinios que implican severos daños fiscales. Y a ellas se suman denuncias de generales en actividad o en retiro y de parlamentarios norteamericanos descontentos con el rumbo de las cosas,
Cada día también los medios de comunicación del planeta se engolosinan reportando nuevos crímenes de lesa humanidad consumados por el hombre más poderoso del mundo que digita matanzas en América del sur, las aguas del Caribe, el Medio Oriente o las tierras Palestinas.
Y ahora, comienzan a conocerse episodios que muestran cómo se desgrana su poder cuando hombres y mujeres de su entorno son destituidos por no estar de acuerdo, o se alejan por no compartir horrendas acciones que ponen los pelos de punta a la humanidad entera. El caso de Joe Kent asoma en este marco como expresión emblemática de una administración que comienza a desgajarse envuelta en lodo y sangre.
Fue el “hombre fuerte” de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, y hoy admite que nunca fue Irán un peligro para la patria de George Washington y que la guerra que hoy estremece al mundo fue precipitada y provocada por Benjamín Netanyahu, lo que muchos consideran la expresión más nefasta de la camarilla sionista de Israel.
El bombardeo a las escuelas de niñas en las tierras persas, el crimen consumado contra los principales lideres del Estado Islámico, el asesinato en masa de miles de personas en Gaza y en otras zonas de la martirizada Palestina y hasta el alevoso ataque a Caracas el pasado 3 de enero, acompañado por el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores y la muerte de más de 100 personas; constituyen hechos de los que la humanidad está tomando nota y que no habrá de pasar por alto nunca. Pero todos ellos asoman incluso menores que lo que hoy prepara Donald Trump contra Cuba, su pueblo y su gobierno.
Recientemente el jerarca yanqui ha dicho que considera un “honor” ser el primer mandatario USA en “tomar” Cuba. Y luego ha sostenido con incalificable desparpajo y extremo cinismo, que Cuba es hoy un país muy débil y que muy pronto habrá de colapsar,
Alguien ha tenido el acierto de comparar el acecho que hoy hace Estados Unidos a Cuba con el que hacían los Señor Feudales del medioevo a un Castillo rebelde. Lo rodeaban, lo situaban con su ejército, le impedían cualquier contacto con el exterior y mantenían esa situación hasta ver a sus habitantes rendirse o perecer por hambre o inanición.
El señor Trump espera que los 11 millones de cubanos se rindan o perezcan para luego apoderarse de la isla y llevar su tierra anegada en sangre como un trofeo de guerra a la Casa Blanca.
Está claro que esta bravuconada constituye un límite al que hay que ponerle freno. Y hacerlo ahora. Cuba habrá de resistir, sin duda, pero no será suficiente la bravura de su pueblo. Necesita que se haga patente la palabra y el accionar del mundo para salir adelante y derrotar los obstáculos ominosos que tiene al frente.
Básicamente, lo que Cuba necesita de manera absolutamente urgente, es Petróleo. Antes de enero, el petróleo le era proporcionado por México y Venezuela. Ahora pareciera que eso ya no es posible por lo menos desde el lado venezolano. Pero Gustavo Petro y Lula deben recordar todo lo que le deben a Cuba en materia de dignidad y de apoyo solidario. Y pagarle aunque sea una pequeña compensación entregándole petróleo. ¿Es un riesgo? ¿Acaso no era un riesgo inmenso para Cuba entregarles esa ayuda en su momento, cuando ellos más la necesitaban
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Colombia goza hoy de paz gracias a las Mesas que se hicieron en La Habana bajo el auspicio del gobierno de Cuba. Y Lula controla el escenario brasileño desde el Palacio de Niemeyer en Brasilia por la campaña inmensa que hizo Cuba por su libertad, cuando fue encarcelado y condenado injustamente.
Rusia acaba de hacer honor a su historia. El petrolero Anatply Kolodkin, llevando 730.000 toneladas de crudo, se acerca ya a puerto cubano enviado por Moscú, para solventar las necesidades más apremiantes de la Isla. Honor a esa conducta meritoria, pero ella deberá ser complementada por Rusia, pero también por otros países. El mundo está llamado a actuar.
Y no sólo deben hacerlo los gobiernos. También los pueblos. Esa campaña de donar Paneles Solares para Cuba, levantada en algún lugar del mundo y nutrida por un reciente envío procedente de Italia, debe ser tomada y hecho suya en todas partes. Aquí también se puede hacer. No es imposible conseguir esos Paneles y enviarlos a Cuba por cualquier vía con tal que lleguen a su destino
Pero además hay que ganar la batalla en la conciencia de la gente. En nuestro país también existen genuflexos y serviles que esperan gozosos que Cuba caiga para que así “se salve el hemisferio occidental y cristiano”. A ellos hay que hacerles frente. Y no es necesario -para ello- ser comunista ni socialista. Basta ser humano, tener sensibilidad y sentido común; defender la vida. y la razón de ser de los pueblo; la dignidad de los países, la independencia de las naciones, la soberanía de los Estados, el futuro de los pueblos; la esencia misma del coraje y el valor.
Hoy hay miles de personas que tienen la posibilidad de hablar. Son candidatos a la presidencia de la República, al Senado o a la Cámara de Diputados. Tienen acceso a medios de comunicación y pueden pronunciarse. ¿Por qué no hablan del drama que hoy agobia a ese pueblo hermano que hasta su sangre nos dio? ¿Deben dejar que sólo los imbéciles hablen de “la necesidad de salvar a Cuba de las garras del comunismo”?
El caso de Cuba no es un hecho simple. Es un alevoso crimen contra la humanidad entera. Un genocidio en marcha. Es la expresión del salvajismo más extremo. ¡En nombre de la humanidad, detengamos la mano asesina de Donald Trump y sus secuaces! (fin)





