NI RUSIA NI AMERICA LATINA SE ARRODILLAN



La resistencia del Sur Global ante la escalada bélica, las sanciones y la arrogancia imperial

Paulo  Cannabrava Filho*

Rusia no se va a doblar. América Latina tampoco. Lo que está en juego es la soberanía de las naciones frente a un proyecto imperial de dominación que insiste en sobrevivir, incluso ante el evidente fracaso.

Vladimir Putin respondió con firmeza al nuevo paquete de sanciones y amenazas militares: si Estados Unidos y Europa envían armas de largo alcance capaces de alcanzar territorio ruso, la respuesta será proporcional. El mensaje fue claro: Moscú no aceptará provocaciones impunemente.

Donald Trump —presidente de los Estados Unidos, pese a estar acusado de conspiración golpista— ha intensificado su retórica autoritaria y sus medidas de coerción internacional. Recientemente, aplicó sanciones personales a la familia del presidente colombiano Gustavo Petro, incluyéndolos en listas de supuestos narcoterroristas, en un intento evidente de intimidar y castigar a los gobiernos que no se alinean con la agenda de Washington.

Europa, por su parte, cayó en la trampa que ella misma se tendió. Al seguir la estrategia belicista de Estados Unidos, comprometió su estabilidad económica. La inflación ha vuelto a subir. La escasez y los altos costos de la energía golpean a los más pobres. La industria sufre por la pérdida de competitividad frente a la dependencia del gas ruso y las tensiones comerciales con China.

Ahora, en una maniobra que viola el derecho internacional, la Unión Europea decidió apropiarse de 300 mil millones de dólares en activos rusos congelados —una actitud que revela el uso de la guerra como pretexto para saqueos financieros. Como dijo el presidente colombiano Gustavo Petro, esto es un robo. Un crimen contra la legalidad internacional.

América Latina también ha sido blanco de sanciones y represalias por no rendirse ante el poder imperial. Colombia, bajo el gobierno de Petro, recibió amenazas de bloqueos y advertencias diplomáticas después de que el presidente denunciara el robo de los activos rusos y defendiera una nueva arquitectura financiera global. En respuesta, Petro reiteró: “No nos vamos a callar ante el saqueo. El mundo necesita justicia, no pillaje institucionalizado.”

Desde Venezuela, el presidente Nicolás Maduro también denunció la política de chantaje y las sanciones unilaterales. “Nos quieren sumisos, pero somos herederos de Bolívar. Estamos de pie, con dignidad, y seguiremos defendiendo nuestra soberanía.”

El presidente Lula, por su parte, no ha guardado silencio. Reafirmó que el mundo necesita paz, no más armas. Y que América Latina tiene un papel histórico que cumplir en la construcción de un orden multipolar, basado en la cooperación y la autodeterminación de los pueblos. Lula ha insistido en que Brasil no aceptará ser arrastrado a bloques militares ni será cómplice de guerras ajenas. Su llamado es al diálogo, al desarrollo y a la justicia social.

La escalada militar avanza peligrosamente. El portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, dejó la costa de Croacia y se dirige al Atlántico Sur. El desplazamiento de esta máquina de guerra representa un gesto de intimidación contra los países del Sur Global que se atreven a afirmar su autonomía. La presencia de una embarcación de este porte, equipada con armas de última generación, refuerza el clima de tensión y amenaza que pesa sobre los intentos de construir un nuevo orden mundial más justo y multipolar.

En paralelo, las llamadas “operaciones especiales” ejecutadas en nombre de la seguridad occidental ya han dejado un rastro de sangre: al menos 43 personas han sido asesinadas en 10 operaciones recientes, sin derecho a defensa, sin juicio, sin posibilidad de reacción. Ejecuciones sumarias, disfrazadas de acciones preventivas, se han convertido en política de Estado. Este es el retrato de un mundo donde la fuerza se impone al derecho y la violencia se legitima con discursos de protección de la democracia.

En este momento, mientras el mundo observa el avance de los conflictos, los países de la ASEAN están reunidos en cumbre, con fuerte presencia de los BRICS, liderados por China y Rusia. El encuentro representa una afirmación de soberanía y cooperación entre los países del Sur Global, señalando caminos hacia un orden internacional multipolar, centrado en el desarrollo sostenible, la justicia económica y la paz. El protagonismo del Oriente y de América Latina gana fuerza frente a la bancarrota moral de un Occidente belicista.

*São Paulo, 26/10/25 – Paulo Cannabrava Filho, periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global