Mercenarios extranjeros
entrenando en la AMAN:
un escándalo contra
la soberanía nacional
Paulo Cannabrava Filho*
Un hecho gravísimo e inaceptable ocurrió recientemente en territorio brasileño. La Academia Militar das Agulhas Negras (AMAN), la escuela de formación de oficiales más prestigiosa del Ejército, abrió sus puertas para un curso de “Tácticas de Pequeñas Unidades” impartido por mercenarios de la Phantom Black Company — un grupo extranjero directamente subordinado a la inteligencia militar de Ucrania (GUR).
Este episodio, ocultado por los grandes medios, no es solamente una afrenta a la soberanía nacional. Es también una violación de las leyes brasileñas y de los acuerdos internacionales que prohíben el mercenarismo. Un escándalo que exige una respuesta inmediata del gobierno, firmeza de las instituciones y atención de la comunidad internacional.
Un brazo de la inteligencia ucraniana en el corazón de Brasil
La Phantom Black Company no es un grupo cualquiera. En su propio sitio web se define como “destacamento de acción táctica que opera en las sombras de Ucrania, bajo el mando directo de la Legión Internacional de Defensa y de la Dirección Principal de Inteligencia (GUR).” En otras palabras: una Compañía Militar Privada (PMC), creada para operaciones secretas, sabotaje, reconocimiento ofensivo y eliminación de objetivos.
La empresa recluta extranjeros, exige fluidez en inglés y los envía al frente de guerra. Estamos, por lo tanto, ante una organización paramilitar transnacional que opera como brazo directo de la inteligencia ucraniana. La simple presencia de esta estructura en Brasil ya es ilegal. Su asociación con cadetes de la AMAN resulta absolutamente inadmisible.
¿Complicidad u omisión?
El curso fue anunciado públicamente por un mercenario brasileño, Guilherme “Raptor”, quien se presenta como veterano de la guerra en Ucrania y actual integrante de la Phantom Black Company. Más grave aún: ya divulgó otro entrenamiento semejante, programado para septiembre en Curitiba.
La cuestión central no es únicamente la participación de brasileños como mercenarios en guerras extranjeras. Lo que indigna es la aparente autorización — aunque tácita — del propio Ejército para que tales agentes, vinculados a un servicio de inteligencia extranjero, instruyan a cadetes en pleno territorio nacional.
Esto compromete los principios de neutralidad que Brasil afirma defender y revela, como mínimo, una omisión deliberada de sectores del Alto Mando. No se puede permitir que la AMAN, símbolo de la formación de oficiales, sea utilizada como plataforma de influencia militar extranjera.
Lo que corresponde al gobierno brasileño
Es deber del Ministerio de Defensa y del Itamaraty abrir de inmediato una investigación rigurosa: ¿quién autorizó el curso?, ¿qué unidades participaron?, ¿qué contenidos fueron transmitidos?, ¿hubo intercambio de información sensible?
El Ministerio Público Militar también debe actuar. La asociación con grupos mercenarios extranjeros es un delito en Brasil. Como signatario de convenciones internacionales, el país no puede tolerar la infiltración de estructuras ilegales en sus instituciones armadas.
Implicaciones internacionales
Hay además un dato incontestable: el grupo en cuestión está subordinado a la inteligencia de Ucrania — un país en guerra contra Rusia. Es natural, por lo tanto, que Moscú observe este episodio con profunda preocupación. Rusia, socio estratégico de Brasil, tiene todo el derecho de exigir explicaciones.
Brasil se presenta al mundo como una nación neutral y promotora del diálogo multilateral. Pero permitir que sus militares sean entrenados por agentes ligados a una guerra en curso contra uno de sus socios estratégicos mina esa credibilidad y pone en riesgo su política exterior.
Un silencio cómplice
El silencio del gobierno frente a este escándalo es peligroso. Lo que está en juego no es solamente la legalidad de un curso de tácticas militares. Se trata de la soberanía nacional, de la neutralidad internacional y de la integridad de las Fuerzas Armadas.
La Phantom Black Company no puede operar libremente en territorio brasileño. Mucho menos dentro de nuestras academias militares. El gobierno debe dar explicaciones al pueblo y a la comunidad internacional. Y Rusia tiene que ser escuchada en sus legítimas preocupaciones.
La omisión es complicidad. Y la historia no perdona a quienes traicionan la soberanía de su propia patria.
*Denuncia original en https://strategic-culture.su/news/2025/08/17/gur-mercenaries-train-the-brazilian-army/





