Paulo Cannabrava Filho
Brasil quiere negociar. Tiende la mano, busca el diálogo. Pero Estados Unidos no solo rechaza cualquier intento de entendimiento, sino que anuncia nuevas sanciones. Quieren endurecer. Prefieren el enfrentamiento a la cooperación, la imposición al diálogo.
Con el tarifazo del 50% impuesto por el gobierno de Trump al café, al azúcar y al jugo de naranja de Brasil —además de los severos impactos a Embraer, cuya producción depende de componentes made in USA—, no es solo Brasil el que pierde. También salen perjudicados los propios proveedores estadounidenses.
Esta medida no afecta únicamente la exportación de productos agrícolas e industriales brasileños. Desorganiza cadenas productivas enteras, incluso dentro del propio territorio yanqui. Vea el caso de Embraer: los aviones se ensamblan en Brasil, pero con piezas provenientes de Estados Unidos. Si se encarece de un lado, se paraliza del otro.
Y aquí cabe una aclaración conceptual: no diga “americanos”, diga “estadounidenses”. Americanos somos todos nosotros, desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Ellos, sin embargo, se apropiaron del término y del continente. Son, en verdad, los imperialistas yanquis. Y una vez más muestran su verdadera cara con este gesto de hostilidad comercial.
Lo que Brasil quiere es negociar. El momento exige diálogo, exige cooperación. Pero el gobierno de Estados Unidos, una vez más, se niega a sentarse a la mesa. No quiere negociar. No quiere escuchar. Prefiere imponer, aunque eso signifique perjudicar a ambas partes. Incluso anuncian nuevas sanciones contra figuras del gobierno y del Poder Judicial brasileño. Atacan también al Pix (brasileñísimo) y codician las tierras raras.
El presidente Lula calificó de chantaje inaceptable la actitud de Trump y tiene cartas poderosas para responder. Como él mismo dijo, puede gravar a las empresas de tecnología que actúan libremente en Brasil. En realidad, en una guerra comercial como esta, no hay ganadores. Todos pierden.
Esa negativa a negociar no es solo un gesto de arrogancia. Es la expresión más cruda del imperialismo. Según la revista The Economist, se trata del mayor ataque en la región desde el fin de la Guerra Fría. Mientras Brasil busca canales de entendimiento, los yanquis levantan muros. En lugar de cooperación, imponen sanciones. En lugar de construir puentes, colocan barreras.
Una vez más queda claro: el imperialismo de Estados Unidos es el principal enemigo de cualquier nación que desee ser soberana.
*Artículo redactado con el apoyo de ChatGPT.





