EL IMPACTO DE LA HAMBRUNA EN GAZA

UNA MUERTE DOLOROSA HOY Y UNA CONDENA PARA LAS GENERACIONES
               
         VENIDERAS- “LOS NIÑOS COMEN HOJAS”

                                Por: Franklin Ledezma Candanedo,
                        Periodista del Corinto Bolivariano: Panamá.

Análisis y opiniones de especialistas en diversas áreas, que ofrecemos
textualmente a lectores y contactos inteligentes del suscrito, para
que se capte la magnitud de la tragedia que viven los hermanos
palestinos y sus mortales consecuencias, para las actuales y futuras
generaciones.
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Gaza se consume, exhausta por el hambre, que ya duele más la falta de
alimento que las bombas. “Todo es catastrófico, pero el hambre, lenta,
silenciosa y prevenible, es la más dolorosa. Las bombas matan
instantáneamente, pero el hambre mata en una agonía prolongada,
especialmente a los niños”.

Técnicos de ramas diversas suscribieron una carta en la que denuncian
que Israel está usando la hambruna como “arma de guerra” en Gaza. La
situación es insostenible, dicen: “Ver a una madre intentar alimentar
a su hijo con granos de arroz triturados remojados en agua contaminada
es indescriptiblemente doloroso”.

Advierten que el impacto de la hambruna en Gaza, una muerte dolorosa
hoy y una condena para las generaciones venideras: “Los niños comen
hojas”

La falta de comida en la Franja aboca a la población a una agonía
lenta e insoportable, cuyas secuelas perduran en los que sobrevivan e,
incluso, en su descendencia.

Sostienen que Gaza se consume, exhausta por el hambre.  que ya duele
más la falta de alimento que las bombas. “Todo es catastrófico, pero
el hambre, lenta, silenciosa y prevenible, es la más dolorosa. Las
bombas matan instantáneamente, pero el hambre mata en una agonía
prolongada, especialmente a los niños”, explican.

En esa carta advierten que Israel está usando la hambruna como “arma
de guerra” en Gaza. La situación es insostenible: “Ver a una madre
intentar alimentar a su hijo con granos de arroz triturados remojados
en agua contaminada es indescriptiblemente doloroso”.

Las consecuencias en la salud y en la vida de la población serán
devastadoras, puntualizaron. Para los gazatíes de hoy y de mañana “los
niños de hoy corren el riesgo de convertirse en una generación
perdida, física y mentalmente afectados por el trauma y el hambre”.

Técnica médica advirtió: “Mientras los gobiernos debaten, mueren
niños. Esto no es un desastre natural”

Según las autoridades palestinas, los muertos por inanición rondan el
medio centenar solo este mes (más de 100 desde el inicio de la guerra)
y, si nada cambia, avisan los expertos sobre el terreno, vendrán
muchas más.

Toda la población de la Franja, 2,1 millones de personas, están en una
situación de inseguridad alimentaria aguda y, si todo sigue igual, en
septiembre medio millón de personas estarán en una situación
catastrófica de hambre extrema, la fase más grave, según la
Clasificación Integrada de las Fases (CIF, en español), el índice
internacionalmente reconocido para calibrar la situación alimentaria.

“Estar en esa fase cinco, catastrófica, significa que se están
enfrentando a hambre extrema y a un riesgo real de muerte por
inanición si no se interviene de forma inmediata” y se aclara que el
resto de la población tampoco es que esté mucho mejor, advierten: “Una
fase tres o cuatro, es decir, crisis o emergencia, lo que significa es
que muchas familias se ven obligadas a saltarse comidas, reducir
porciones o vender lo poco que tienen para intentar conseguir efectivo
para  invertirlo en comida”.

Un especialista que estuvo varios meses en Gaza el año pasado, aseguró
que el hambre “es igual de cruel” que las bombas: “Te despoja día a
día, te quita la fuerza, la esperanza, la dignidad… No sé cómo debe de
ser ver a tus hijos llorar sin poder consolarlos, sin tener nada que
ofrecerles y que el dolor del estómago vacío se convierta en algo
cotidiano.

Advirtió que, durante los bombardeos, al menos, puedes correr a algún
refugio, pero, ¿a dónde se corre cuando no hay nada que comer?”,
preguntó y recalcó: El hambre es “silenciosa”, pero es igual de
asesina: “Ahora mismo es el enemigo más destructivo porque afecta a
todo el mundo y todo el tiempo, sin tregua”.

Expertos consultados claman para no perder más tiempo: las gentes se
están muriendo de hambre; y los que no se mueren hoy pueden arrastrar
las secuelas de esta hambruna de por vida.

Los especialistas aseguraron que el hambre duele y señalaron que, por
el camino, el cuerpo se achica y también duele. Porque el hambre
duele. Física y mentalmente: “Es una situación de dolor y malestar.
Cuando el hipotálamo estimula el hambre y la sed, hay malestar,
inquietud, desasosiego”, explicaron.

Sobre la arena de Gaza, todo ese proceso de inanición hasta la muerte
que está presenciando el mundo en directo se vive con “una
desesperanza abrumadora”, relató un ciudadano palestino que vive allí
junto a su mujer y sus cuatro hijos. “La gente dice: ‘Ya no tememos a
la muerte, tememos sobrevivir otro día sin comida’. Los padres se
saltan comidas para alimentar a sus hijos. Los niños mendigan comida
en las calles o comen hojas, forraje o harina mezclada con agua de
mar… Las emociones más comunes son la desesperación y el abandono: la
sensación de que el mundo los ha abandonado”, sentenció.

La gente hace lo que puede para sobrevivir. Desde tirar de hierbas
silvestres, pasto, alimento para animales o alimentos enlatados
caducados, relató, hasta cavar pozos en busca de agua —a menudo
contaminada— o quemar plástico para cocinar, aunque sea tóxico.

Se trata, aclaró, de matar el hambre antes de que el hambre los mate a
ellos. “Las redes informales de ayuda —vecinos que comparten sobras—
son lo que mantiene a muchos con vida. Ha surgido un mercado negro,
pero los precios son desorbitados. Un kilo de harina puede costar
hasta 50 dólares, algo inasequible para la mayoría”, subrayó.

La situación es “desgarradora”, concordaron los especialistas:
“Recordamos que algunas madres intentaban dormir a sus hijos temprano
para que no sintieran el hambre. Es una forma de supervivencia forzada
y desgastante”.

Advirtieron que las consecuencias de esa falta de alimento ya están
dejando cicatrices bien visibles más allá de las muertes y explicaron
que son especialmente graves en los niños, un colectivo donde ya se ha
observado un aumento de la desnutrición aguda: “Pierden peso
rápidamente, se debilitan, el sistema inmunológico se deteriora y esto
los hace más vulnerables a enfermedades comunes, como neumonías o
diarreas”.

Un informe de la ONG Oxfam señala que las enfermedades transmitidas
por agua en mal estado han aumentado cerca de un 150% en tres meses.
“Los brotes de diarrea acuosa, ictericia, sarna, hepatitis A, fiebre
tifoidea y sarampión son rampantes”, se indicó.

El hambre y las enfermedades son vasos comunicantes. “Un círculo
vicioso”, dijo investigador palestino, pues la desnutrición debilita
el sistema inmune, haciendo a las personas más vulnerables a las
infecciones. “Y si la desnutrición se torna crónica en los niños,
dejan de crecer adecuadamente y eso les afecta no solo a su estatura,
sino también a su desarrollo cognitivo”, recalcó.

En los adultos, el cuerpo también se debilita, pierde masa muscular y
sufren fatiga crónica, anemia y alteraciones metabólicas. Y además el
impacto psicológico y emocional de la inanición.

“El hambre constante provoca ansiedad, irritabilidad y depresión”,
recordó una activista pro Palestina. Los expertos ponen especial foco
en el impacto en mujeres embarazadas: la desnutrición puede provocar
complicaciones en la gestación, partos prematuros, bebés con bajo peso
al nacer y más mortalidad. Además, los descendientes de mujeres hoy
desnutridas pueden sufrir alteraciones en el desarrollo cerebral con
consecuencias perpetuas en su salud.

Según los expertos esa es la herencia para el futuro. “La desnutrición
en la primera infancia provoca deterioro cognitivo de por vida, menor
rendimiento académico y enfermedades crónicas.

“El impacto de la desnutrición que vemos hoy en Gaza no se detiene con
esta generación: el hambre que no se atiende hoy puede convertirse en
un ciclo de pobreza, enfermedad y desigualdad que se hereda”,
advirtieron los especialistas.

Según la clasificación Integrada de las Fases (CIF) previamente
citada, el índice internacionalmente reconocido para calibrar la
situación alimentaria, para declarar la hambruna hace falta que el 20%
de las familias no puedan mantener sus necesidades alimentarias
mínimas, que el 30% de los menores de cinco años tengan desnutrición
grave y que a causa de la hambruna, haya, al menos, dos muertes
diarias por cada 10.000 habitantes. Difícil de medir dada la
devastación que vive Gaza y el bloqueo de acceso al personal
humanitario.

Los expertos aclararon que “la ausencia de una declaración formal no
puede ser la excusa para no actuar. Y la realidad exige una respuesta
inmediata, no una respuesta burocrática”, y aunque la etiqueta a los
gazatíes que hoy pasan hambre “no les va a dar de comer ni les va a
salvar la vida en este momento”, admitieron, sí puede acelerar
decisiones políticas y desbloquear fondos.

Los especialistas intentan ser optimistas, pero la realidad se impone
en su discurso: “Si la situación no cambia de forma urgente, las
perspectivas de salud para Gaza son devastadoras.

Pronosticaron que lo que está ocurriendo ahora va a dejar
consecuencias durante años: una generación de niños con retraso de
crecimiento, dificultades en el aprendizaje y salud frágil; mujeres
que dan a luz en condiciones inseguras y bebés que ya nacen con
desventaja; enfermedades crónicas que no están siendo tratadas y que
pueden derivar en incapacidades permanentes o muertes prematuras; un
sistema de salud devastado que tardará años en recuperarse si logra
hacerlo. Y más allá de lo físico, también habrá una herida psicológica
y colectiva grandísima. Generaciones marcadas por el trauma, el miedo,
la pérdida y la incertidumbre. No solo es la salud lo que está en
juego, es el futuro de un pueblo”, sentenciaron.

Un cordial saludo con nuestra consigna de lucha progresista:
¡ADELANTE, SIEMPRE ADELANTE! Franklin.