ISRAEL. ¿CAPITULACIÓN Y CONTROL DE DAÑOS?

Por Carlos Fazio

Tras la ilegal guerra de los 12 días de EU e Israel -potencias 

nucleares que contaron con la complicidad de Reino Unido, Alemania y 

Francia- contra Irán, puede decirse de manera preliminar que el 

régimen colonialista y expansionista de Benjamin Netanyahu sufrió una 

humillante y costosa derrota estratégica. Los datos de la realidad 

parecen validar esa premisa que contradice la triunfalista versión de 

Washington y Tel Aviv. Mientras como parte de su estrategia de máxima 

presión, la administración Trump usaba la sexta ronda de negociaciones 

nucleares como señuelo para distraer y engañar a la autoridad iraní, 

el 13 de junio Netanyahu lanzó una guerra híbrida relámpago, altamente 

asimétrica, que combinó operaciones de inteligencia, militares y 

mediáticas, y cuyos tres objetivos declarados eran destruir el 

programa nuclear iraní; desestabilizar el sistema político de la 

república islámica para facilitar un cambio de régimen, y degradar el 

sistema de misiles balísticos de Irán.

La trama para justificar el ataque: que Irán estaba a punto de 

adquirir el arma nuclear, se fabricó con base en el sistema de 

inteligencia artificial Mosaic, algoritmo predictivo de caja negra de 

Palantir, la firma del megamillonario Peter Thiel (miembro del Club de 

Bilderberg y mecenas y aliado de Trump), financiado por In-Q-Tel, el 

brazo de capital de riesgo de la CIA, y desarrollado originalmente 

para ganar guerras de contrainsurgencia, no para la supervisión 

nuclear, que es el mandato del Organismo Internacional de la Energía 

Atómica (OIEA). El 6 de junio, una resolución del OIEA liderada por EU 

censuró a Irán con 19 votos a favor y tres en contra, la primera en 20 

años, lo que provocó el grito de teatro político de Teherán. El 12 de 

junio Irán filtró documentos que, afirmó, mostraban que el director 

del OIEA, Rafael Grossi, compartió los resultados de Mosaic con 

Israel. El OIEA, organismo de la ONU que debería ser neutral, dio a 

Israel la fachada diplomática que necesitaba. Y un día después atacó. 

La agresión masiva se basó en datos de inteligencia satelital del 

mando de las fuerzas militares de EU en la base al-Udeid, en Qatar, y 

de espías infiltrados en el OIEA, que facilitaron los nombres de los 

científicos nucleares iraníes asesinados y la ubicación de las 

centrifugadoras subterráneas de las centrales nucleares de Fordo, 

Natanz e Isfahán bombardeadas. Como observó Sarah Billis, los 

algoritmos privatizados no están sujetos a la Carta de la ONU ni al 

Tratado de No Proliferación.

Como complemento de la agenda militar, la inteligencia israelí lanzó 

una campaña de propaganda gris por el canal satelital Iran 

International que funcionó como engranaje esencial de las operaciones 

sicológicas encubiertas dirigidas a fomentar caos, terror, confusión y 

desaliento dentro de la sociedad iraní, con la intención de minar 

significativamente la moral y la resistencia nacional. El canal buscó 

construir una imagen de invencibilidad del ejército agresor, 

intensificando, a la vez, divisiones étnicas para convertirlas en 

focos de conflicto interno. Durante la ofensiva, terroristas, 

saboteadores y espías electrónicos ligados al Mossad usaron la red 

satelital Starlink, de Elon Musk.

Si bien las tácticas de conmoción y pavor ( Shock and awe) y de 

decapitación de mandos militares y científicos nucleares iraníes le 

generaron a Israel réditos iniciales, los principales objetivos 

trazados, fracasaron. Irán absorbió los golpes y fue horadando 

paulatinamente los cacareados sistemas de defensa 

israelí/estadunidense y su superioridad tecnológica-militar, obligando 

al arrogante dúo Trump/Netanyahu a pedir una tregua temporal, 

rompiendo, a la vez, la imagen de Irán como Estado vulnerable al 

castigo sin reacción.

Irán demostró que no responde bajo presión, sino que elige su momento 

y golpea donde duele. Sus acciones de retaliación apegadas al derecho 

a la legítima defensa consagrado en la Carta de la ONU, impactaron 

puntos neurálgicos del complejo militar-industrial israelí -con 

epicentro en bases militares y estructuras vitales de su aparato de 

defensa e inteligencia-, sin abrir la puerta a una escalada regional 

descontrolada. Es evidente que el genocida Netanyahu y sus aliados 

sufrieron un revés vergonzoso. Ese retroceso, a pesar de todos los 

intentos por maquillarlo, podría marcar el inicio de una nueva fase 

basada en la disuasión mutua.

Debido a las estrictas leyes de censura militar, en Israel se 

desconoce, en general, que Irán causó daños significativos al complejo 

de inteligencia militar Kirya, en el centro de Tel Aviv, uno de los 

más fortificados del país; que en Haifa ocupada fue impactado el 

edificio del Ministerio del Interior responsable de la coordinación 

militar interna; que los misiles iraníes golpearon el cuartel general 

de la inteligencia militar de Aman, cerca de Herzliya, que alberga la 

sede operativa del Mossad y supervisa el espionaje de élite, como las 

unidades 8200 (inteligencia de señales), la 504 (inteligencia humana) 

y la 9900 (inteligencia geoespacial). Otros objetivos estratégicos 

alcanzados fueron la base aérea de Nevatim, en el desierto de Neguev, 

que alberga la mayoría de los F-15 y F-35 israelíes, además de las 

bases Tel Nof y Ben Gurion, cerca de Tel Aviv; Ramat David, cerca de 

Haifa; Palmachim, en la costa mediterránea, y Ovda, cerca de Eilat.

Además, Irán atacó el complejo Rafael Advanced Defense Systems, al 

norte de Haifa, que fabrica los interceptores de misiles de la Cúpula 

de Hierro y misiles de crucero y guiados Popeye, Rocks, Spike y 

Matador. También fueron blancos la zona industrial de Kiryat Gat, 

importante centro de producción militar de microprocesadores y alta 

tecnología; el Parque Tecnológico Avanzado Gav-Yam Negev, cerca de 

Beersheba, sede de empresas especializadas en ciberguerra, 

inteligencia artificial y tecnologías militares, y el Instituto de 

Ciencias Weizmann, conocido por su colaboración con el ejército, el 

Mossad y el programa nuclear clandestino de Israel en Dimona.

Según el diario The Times of Israel, como resultado de los impactos de 

misiles iraníes sobre casi 200 inmuebles, se acumularon 800 mil 

toneladas de escombros en ciudades israelíes. A su vez, el periódico 

Maariv consignó que, como consecuencia directa del conflicto de 12 

días con Irán, la economía de Israel sufrió pérdidas superiores a los 

14 mil millones de dólares, lo que afectará gravemente el producto 

interno bruto. Todo indica, pues, una derrota estratégica de Israel; 

una desesperada y humillante capitulación de Netanyahu, ante un 

enemigo que estableció un nuevo equilibrio basado en la disuasión mutua.

Fuente: La Jornada, lunes, 7 de julio de 2025

https://www.jornada.com.mx/2025/07/07/opinion/015a1pol