EUSEBIO LEAL Y SU ENTRAÑABLE RELACIÓN CON EL PERÚ

ESPECIAL

el 8 agosto, 2020

PorDiario Uno / Por Sergio Gonzalez Gonzalez. Embajador de Cuba en el Peru

Eusebio Leal y su entrañable relación con el Perú

En el verano boreal de 2016 fui designado emba­jador en este el Perú y de inmediato inicié el ciclo de preparación reglamentario, que incluyó un sinnúmero de entrevistas con figuras del gobierno, parlamenta­rios, representantes de ne­gocios, de la cultura y del mundo académico, entre otros.

Las solicitudes de en­cuentros se formularon casi simultáneamente; pero entre las primeras reaccio­nes estuvo la de Eusebio, quien me invitó a visitarlo en su modesta oficina de la llamada Casa Pedroso, una mansión con elementos constructivos entre los si­glos XVII y XX, ubicada en la Avenida del Puerto, frente a la terminal de cruceros Sie­rra Maestra.

No hacía esperar. Res­pondía con exactitud y ele­gancia, incluso si no tenía una definición a mano, como cuando, para los fes­tejos por el 500 aniversario de La Habana, me pidió un compás de espera para for­mular la propuesta de una exposición del proyecto Ca­ral-Supe a cargo de la docto­ra Ruth Shady.

No era el responsable de los actos, sino una Co­misión Organizadora, que debía evaluar las iniciativas, por lo que la definición lle­gó más tarde – positiva por cierto— y puntualmente me lo hizo saber.

Se obligaba a responder con disciplina monacal cada mensaje, a acusar recibo de cada documento o libro que le enviaba, lo que lo hacía un rara avis en el firmamen­to burocrático cubano hasta que hace alrededor de un par de años el aparato esta­tal empezó a desperezarse. En eso coincidían todos mis colegas del servicio exterior cubano.

Profundo conocedor

Pero sospechaba que había algo más, lo que no tardé en con­firmar cuando con su impecable prosa y característica cadencia fue relatando sus impresiones de viajes y lecturas del Perú magnético.

Lo tenía todo en su men­te y se le derramaba en la pala­bra, sin pausas ni cotejos. Me habló por más de una hora de Mariano Ignacio Prado, de los hermanos Leoncio, Justo y Gro­cio, peruanos que lucharon por la independencia de Cuba; de los momentos de confluencia y desencuentros entre ambas na­ciones, de sus amistades en el país, de la Rosa Naútica, la gas­tronomía y la artesanía de di­ferentes rincones de esta vasta geografía.

Y, por supuesto, de Porras Barrenechea, ante quien los cu­banos independentistas – que somos la inmensa mayoría— nos quitamos los sombreros. Le fascinaba el Perú y le tenía un amor entrañable.

Eusebio y San Marcos

Como quien no quiere las cosas, me mencionó a la salida que la Universidad de San Mar­cos lo había propuesto para el Honoris Causa. Me confesó que para él sería un altísimo honor, por lo que no desmayé hasta agotar todos los esfuerzos y ve­rificar que el prestigioso centro educacional completaba los trá­mites.

Cuando se concretó la de­cisión, me dijo que recibiera el título en su nombre, pues los médicos le habían proscrito via­jar, lo que me pareció injusto. De manera que, con la genero­sa comprensión y disposición del Doctor Orestes Cachay, este viajó a La Habana y le invistió con el anhelado título en la prestigiosa universidad de San Gerónimo, cuya reconstrucción lideró el galardonado.

Eusebio atesoró además la Orden El Sol del Perú y la Medalla de la Ciudad de Lima.

Agradezco las numerosí­simas expresiones de simpatía que nos han hecho llegar perua­nos de todos los confines. En es­tos días hemos visto manifesta­ciones de admiración profunda. Se le rinde homenaje como gran humanista, culto, orador, cris­tiano, revolucionario, fidelista, historiador, predicador, profeta, maestro, hombre de pueblo.

Todo eso y más fue Eusebio, a quien no podríamos etiquetar. Pero si nos forzaran a hacerlo, tendríamos que apelar a su ape­llido. Fue Leal a su pueblo, a su cultura, a su Revolución.

E l rector de San Marcos, Orestes Cachay, le confiere el Doctorado Honoris Causa de la Decana de América, en La Habana

E
l rector de San Marcos, Orestes Cachay, le confiere el Doctorado Honoris Causa de la Decana de América, en La Habana

Fascinación por el Perú

Oí a Eusebio relatar más de una vez sus impresiones de via­jes y lecturas del Perú magnéti­co. Hablaba sin pausas ni cotejos de los momentos de confluencia y desencuentros. Admiraba a Porras, como todos los cubanos independentistas, que somos la inmensa mayoría. Le fascinaba el Perú y le tenía un amor entra­ñable.

Por todo ello, he recibido y agradecido numerosísimas expresiones de simpatía y admi­ración que nos han hecho llegar peruanos desde todos los confi­nes. Le rinden homenaje como gran humanista, orador, cristia­no, revolucionario, fidelista, his­toriador, predicador, hombre de pueblo.

Todo eso y más fue Eusebio, a quien no podríamos etiquetar. Pero si nos apuraran, tendría­mos que apelar a su apellido. Fue Leal a su pueblo, a su cultu­ra, a su Revolución.