Por Patricio Montesinos
La semana que se inició este domingo está llamada a tornarse muy peligrosa para EE.UU. y el mundo por la celebración de las elecciones de medio término en el país norteño, en las cuales puede ser derrotado el partido del actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump.
Un reiterado anunciado eventual revés de los Republicanos en esos comicios, a celebrarse el cercano martes 3 de noviembre para renovar la Cámara de Representantes y el Senado, tiene en vilo al régimen de Washington y particularmente a Trump.
Encuestas y expertos coinciden en que los Demócratas pueden alzarse con el triunfo en la consulta popular y hacerse con el dominio en ambos órganos legislativos, lo que pondría al presidente estadounidense contra las cuerdas, e incluso terminar siendo expulsado del Despacho Oval, tras un juicio político.
Analistas alertan al mismo tiempo que Trump, bien conocido por sus ambiciones de permanecer en el poder eternamente, puede protagonizar cualquier barbaridad para impedir la posible victoria de sus contrincantes en las elecciones.
Advierten que no se puede descartar que lleve a cabo un mega fraude, un autogolpe, un autoatentado o el reinicio de las hostilidades castrenses contra Irán, una guerra ilegal en la que el Pentágono ha recibido una contundente respuesta militar de Teherán.
No hay duda alguna que el siempre airado mandatario estadounidense, junto a su narcoterrorista secretario de Estado, Marco Rubio, se han comportado en los últimos días más frenéticos y mentirosos que de costumbre, y agreden verbalmente lo mismo a sus “socios” de la complaciente Europa, a su principal aliado Israel y a su favorecido inconstitucional régimen de Ucrania, que a los países que consideran sus enemigos como Cuba.
A la isla caribeña, además de aplicarle nuevas sanciones todas las semanas para conseguir asfixiarla, como parte del bloqueo que le impone hace casi siete décadas, la han amenazado con una agresión militar, a lo que las autoridades de La Habana le han respondido de manera firme.
A su vez, han desatado una campaña sin precedentes de presiones y chantajes sobre numerosos gobiernos de los cinco continentes para que voten en contra de otro proyecto de resolución en las Naciones Unidas, el próximo 28 de octubre, que condenará una vez más el bloqueo de EE.UU. a la mayor de las Antillas.
El histerismo, especialmente de Rubio, ante esa nueva bofetada que recibirán en la Asamblea General de la ONU, es evidente porque será la primera derrota de los inquilinos de la Casa Blanca previo a los comicios del 3 de noviembre.
Otros hechos, como los resultados del balotaje de este domingo en Brasil, pueden enfurecer a Washington si el candidato Lula Da Silva se impone frente Jair Bolsonaro, o envalentonarlo en caso de ganar el segundo.
Saben los gobernantes Republicanos que un triunfo de Lula detendría la ola ultraderechista que azota hoy con el respaldo de EE.UU. a la América Latina, y un importante revés para Trump y su pandilla de cara a las elecciones intermedias en su país.
Por esas razones, entre otras, es acertado subrayar que la semana entrante será tensa y peligrosa para el mundo, teniendo en cuenta las reacciones violentas de quienes se creen los dueños del mundo del planeta tierra.





