Por Gustavo Espinoza M.
La política criolla, esa que aporta al escenario nacional la clase dominante, es decir la burguesía envilecida y soberbia que se siente dueña del país, nos ha permitido apreciar diversos elementos que pueden contribuir a la reflexión ciudadana. Veamos
Keiko Fujimori nos hizo saber que no construirá escuelas, sino cárceles en el país bajo su gestión gubernativa. Adelantó, además, que una de ellas será de “máxima seguridad”, y las otras, ordinarias nomás, pero igual, encerrarán a muchos. Pareciera que lo pensó bien. Lo meditó bastante.
La promesa nos hizo recordar por contraste, a la Revolución Cubana. Cuando Fidel y sus compañeros tomaron el Poder en la Mayor de las Antillas, prometieron algo que cumplieron desde el primer día de su gestión: Convertir los cuarteles, en escuelas, para asegurar que allí se educaran los niños en la Patria de Martí.
La sutileza, es aleccionadora. Nos sirve para diferenciar objetivos: unos, son los que busca una dictadura siniestra que se abate sobre una sociedad como la nuestra; y otra, es una Revolución que busca alentar la liberación humana, el progreso y el ascenso de su población. En otras palabras, lo de Cuba, fue una Revolución. Lo de aquí, es una Involución ¿Es difícil entenderlo?
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El Jurado Nacional de Elecciones decidió finalmente autorizar al Senador electo Rafael Lipez Aliaga a postular al Municipio de Lima como teniente alcalde para que haga las funciones de burgomaestre encubierto si su lista gana los comicios de octubre.
La razón del pedido es simple. A Porky, el beneficiado con la medida, se le antojó ahora renunciar a su elección parlamentaria porque prefiere el uso del municipio de Lima para hacer su campaña electoral con miras a futuras elecciones nacionales.
Sabe que en el Senado pasará desapercibido y se comenzará a desprestigiar como ocurrirá con la mayoría parlamentaria de ese cuerpo legislativo revestido de abusos y cubierto de privilegios. Decide entonces cambiar su juguete y opta por un rol edil. Y como los organismos están al servicio de sus caprichos, logra que le den lo que quiere. No faltaba más.
Recordemos: López Aliaga juró que no renunciaría al cargo de alcalde al que fue electo el 2022, y renunció. Luego dijo que no postularía a la presidencia de la República el 2025, y postuló. Juró que postularía al Senado y encabezó la lista de su Partido, y ahora -ya electo- dice que no quiere ser Senador. Su lugar en la Cámara, lo ocupará un antiguo aprista y luego fujimorista: Absalón Vásquez. Lo menos que se podría hacer es cobrarle el millón de soles que le debe al Estado. Ya que la Pena que se le impuso, no la habrá de cumplir. Se trata de un condenado por la Justicia,
Finalmente Porky afirma que quiere ser teniente alcalde de Lima, pero si eso no ocurre ¿será concejal?. Nadie lo sabe. Lo que sí se sabe es que será un Mentiroso de siete suelas, ahora y siempre. Pero tiene a su servicio un Jurado Electoral que lo apaña y le concede sus caprichos.
López Aliaga “se entrevistó” con Keiko, quien le recordó -no lo olvidemos- que “el enemigo es la Izquierda”. No es atraso, ni el sicariato, ni la delincuencia, ni las bandas asesines que pulula a la sombra de las leyes “pro crimen”; sino la Izquierda, esa que lucha por los recursos naturales, por la soberanía, los derechos de los trabajadores, las libertades pública.
El Congreso Unicameral, que aún funciona, decidió en uno de sus últimos actos, otorgar la más alta condecoración a José Jerí Oré, el mismo al que censurara por incapacidad moral permanente no hace mucho echándolo deshonrosamente de la presidencia de la República, función que cumplía por encargo del mismo Poder Legislativo que resolviera hoy condecorarlo en un acto que se desarrolló en estricto secreto incluso para periodistas.
La gran mayoría de “políticos” entrevistados por la Prensa Grande, coincidió en denostar de la Resolución adoptada por un Grupo de Trabajo de Naciones Unidas que consideró ilegal y arbitraria la detención del aún hoy Presidente Constitucional de la República, Pedro Castillo Terrones, depuesto a través de un auténtico Golpe de Estado el 7 de diciembre del 2022.
Los opinantes aliviados aseguraron todos que, felizmente, esa es una decisión “no vinculante”, es decir, “no nos obliga”. Podemos entonces, no cumplirla. Nosotros, aquí, como López Aliaga, hacemos lo que nos da la gana.
La flamante “nueva presidente”, recibió sus credenciales en un mitin político organizado por el Jurado Nacional de Elecciones el miércoles 15 de julio en el Gran Teatro Nacional. No fue, como manda la ley, una Ceremonia Pública, sino un acto partidario en local cerrado y con ingreso restringido. Pero, además, con discurso político de fondo, leído y aprendido, claro.
La laureada mostró su nuevo rostro, ese que viene trabajando laboriosamente desde hace treinta días: conciliador, seductor, casi amoroso, que luce desde que, en un severo ataque de Poliandría, decidió casarse con todos los peruanos.
Esta vez, para que la aplaudieran con sabor nacional, vistió con polleras a decenas de mujeres para hacerlas pasar -vanamente- como “nativas” del sur andino. Hasta alquiló los servicios de un longevo payaso que le juro amor hasta la muerte.
Mientras esto ocurría, el otro rostro de la misma medalla fujimorista -el aún presidente del Congreso- Fernando Rospigliosi, se empeñaba en salvar a los policías que mataron a un adolescente en la comisaria de Manchay; y al oficial que ordenó disparar a matar contra 5 jóvenes deportistas en una lejana Comunidad de Huancavelica. En el colmo del descaro, aprobaron una ley referida los “delitos de lesa humanidad”, para garantizar que ninguna de las matanzas consumadas en el pasado por el fujimorismo y sus adláteres, reunía los “requisitos# para ser considerado como tal.
“Escopeta de dos cañones” le llamaban a eso antes, pero la cosa es más simple: son las dos caras de una misma medalla A un lado, el rostro adiposo de Keiko; y al otro, el adusto ladrido de Rospigliosi.
Son todas ellas, las variantes de la política criolla en estos días en los que asoma con fuerza el mismo rictus de horror que comenzara con el Padre y que se expresa hoy a través de la hija. En esta circunstancia, se podría decir como la abuela: “Que Dios nos coja confesados”. Digo, es un decir(fin)





