Este 14 de junio el Guerrillero Heroico, Ernesto Che Guevara, cumple 98 años de su nacimiento ocurrido en Rosario, Argentina. Tenía solamente 39 cuando sus asesinos, por orden de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, le quitaron la vida y, sin proponérselo, lo inmortalizaron y colocaron en el panteón de los grandes, en un lugar tan destacado que su figura se universalizó más allá de cualquier deidad mitológica.
Su pensamiento antimperialista marcó su vida, y su acción —al mismo tiempo—, ejerció una gran influencia en la forma de cómo la gente comenzó a ver al mundo y apreciar desde un prisma diferente la expansión estadounidense, que ya antes habían protagonizado potencias europeas cuyas ambiciones crearon condiciones para el surgimiento de personajes como Adolf Hitler, y conflictos devastadores como la Segunda Guerra Mundial.
En su memorable discurso del 11 de diciembre de 1964 en Naciones Unidas, y su famosa réplica al representante de EEUU Adlai Stevenson por sus mentiras sobre Cuba, el Che hizo una radiografía del imperialismo y su comportamiento después de terminada la conflagración con la derrota del nazismo.
Aniversario 98 del Che: “No se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada”
Su consistencia antimperialista quedó sintetizada para la historia en la famosa frase pronunciada el 30 de noviembre de 1964 durante un discurso en Santiago de Cuba en la inauguración de un combinado industrial: “No se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada.»
Tal advertencia la hizo al recordar el asesinato del líder congolés Patricio Lumumba, en momentos que explicaba las características criminales del imperialismo. El Che dijo textualmente:
Ahora en ese Congo tan lejano de nosotros y, sin embargo, tan presente, hay una historia que debemos conocer y una experiencia que nos debe de servir. El otro día los paracaidistas belgas tomaron por asalto la ciudad de Stanleyville, masacraron una cantidad grande de ciudadanos y, como acto último, después de haberlos ultimado bajo la estatua del prócer Lumumba, volaron la estatua del expresidente del Congo.
Eso nos indica a nosotros dos cosas: primero, la bestialidad imperialista, bestialidad que no tiene una frontera determinada ni pertenece a un país determinado. Bestias fueron las hordas hitlerianas, como bestias son los norteamericanos hoy, como bestias son los paracaidistas belgas, como bestias fueron los imperialistas franceses en Argelia, porque es la naturaleza del imperialismo la que bestializa a los hombres, la que los convierte en fieras sedientas de sangre que están dispuestas a degollar, a asesinar, a destruir hasta la última imagen de un revolucionario, de un partidario de un régimen que haya caído bajo su bota o que luche por su libertad.
Y la estatua que recuerda a Lumumba —hoy destruida pero mañana reconstruida— nos recuerda también, en la historia trágica de ese mártir de la Revolución del mundo, que no se puede confiar en el imperialismo, pero ni un tantito así, nada”.
Son palabras que recobran hoy una actualidad aplastante con el fascismo yanqui-sionista al que ha derivado Estados Unidos con Donald Trump.
El Che ocupa en la humanidad un espacio y un tiempo inalterables, como si se tratase de dimensiones permanentes, porque en él se verifica la fuerza inmanente de las ideas que su acción y ejemplo convirtieron en trascedentes. Esa esencia es inagotable y en ella radica el origen del principio creador que lo inmortaliza.
El Guerrillero Heroico fue, al mismo tiempo, constructor y paradigma del hombre nuevo, forjador de la mística revolucionaria, y crítico tenaz del imperialismo, para él la fuente de todos los graves problemas que el mundo enfrenta desde que el régimen burgués perdió su carácter revolucionario y pasó de ser combatiente por la transformación, a causa y sujeto del cambio en su era imperialista.
Aniversario 98 del Che: “No se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada”
En ese sentido, el antimperialismo del Che demostró que la acción revolucionaria es un acto existencial y ético, especialmente humano, y no solo una necesidad táctica o institucional, como la minimizan sus adversarios, y fue consecuente con ese criterio hasta su asesinato en la Higuera.
Su propuesta todavía está en pie y es un reto que la humanidad no ha querido o no ha podido enfrentar. Es algo doloroso que así sea, pues de cumplirse su pensamiento, seguramente no habría existido una Gaza tan salvajemente devastada, ni antes un Irak destruido para robar su petróleo, o ahora un Irán bombardeado y con miles de muertos también por propósitos materiales mezquinos, porque el hombre nuevo que el Che propugnaba y buscaba crear, es aliado de la paz y la concordia y enemigo de la guerra, es defensor de la vida y combatiente contra la muerte provocada por el propio hombre.
El Che siempre sostuvo que una sociedad justa era imposible sin una transformación moral interna de cada individuo, por tanto, su ideal del hombre nuevo era el de una persona que debía despojarse del egoísmo, del individualismo y del afán de riqueza material, sustituyéndolos por el trabajo, la solidaridad y el deber social, y eso no era solamente para el ciudadano común, sino también, sobre todo, para sus dirigentes.
Ese pensamiento era mal visto por las grandes élites que lo consideraron un enemigo muy peligroso, en particular porque su pensamiento revolucionario y antimperialista calaba muy profundamente en la juventud que ya lo consideraba su héroe y su nuevo paradigma. Se había convertido en un símbolo universal de autenticidad que abrazaba el amor como un arma poderosa, y allí incluía la guerra necesaria, la cual consideraba un acto extremo de sacrificio por la patria.
Aunque parezca paradójico, la muerte sin claudicaciones elevó su figura al cenit de la gloria y fue adoptada por los movimientos estudiantiles de 1968 en París, México y Praga, y se universalizó. Casi seis décadas después de su vil y cobarde asesinato, su pensamiento revolucionario y antimperialista sigue más vivo y vigente que nunca, porque lo que predijo sobre el imperialismo lamentablemente se ha estado cumpliendo.
El Che se reactualiza cada día, y eso ha permitido que su imagen y su ideal de rebeldía trascendieran las fronteras de Cuba y Argentina, convirtiéndose en un ícono global de resistencia que cualquier persona en el mundo, sin importar su idioma, puede identificar instantáneamente como símbolo de lucha contra la injusticia. Su verbo lacerante sigue siendo un látigo para quienes proceden contra la humanidad y su bienestar.
Aniversario 98 del Che: “No se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada”
En él, antimperialismo y revolución son sinónimos de sacrificio consciente por una causa justa y necesaria como lo es la independencia, la soberanía, el no someterse a la bota extranjera que intenta aplastar a los pueblos, su historia y sus valores.
Sentir su presencia a través de su pensamiento imperecedero y su hidalguía en el campo de batalla, se convierte en un caso extraordinario en el cual lo importante no es convertirlo en un mito de la revolución, sino en acicate para reemprender las batallas por conquistar los objetivos por los cuales ofrendó su vida.https://www.instagram.com/p/DA3OrUiOWh7/embed/captioned/?cr=1&v=14&wp=540&rd=https%3A%2F%2Fwww.almaplus.tv&rp=%2Farticulos%2F44711%2Faniversario-98-del-che—no-se-puede-confiar-en-el-imperiali#%7B%22ci%22%3A0%2C%22os%22%3A2529.2999999523163%2C%22ls%22%3A2199.399999976158%2C%22le%22%3A2470.2999999523163%7D
Como fue para él, la lucha antiimperialista debe convertirse también para las nuevas generaciones en el fundamento mismo del horizonte de la durísima batalla contra el imperialismo yanqui exacerbated por el narcisismo de Donald Trump y su séquito de multimillonarios, obsesionados por implantar una dictadura mundial que es un imposible histórico, político, económico y militar.
Como en aquella época de la Cuba que lo tomó como su hijo y él amó como a sus padres, y dio todo de sí para defenderla, sacarla del atraso secular en el que la hundió el capitalismo de la época, la isla de hoy enfrenta también los problemas que el Che denunció en la ONU en aquel memorable discurso del 11 de diciembre de 1964, pero multiplicados por una acción genocida de un imperialismo que ha derivado a un fascismo más agresivo y criminal que el nazi.
Aniversario 98 del Che: “No se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada”
Es que desde la época en la que los barbudos bajaron de la Sierra Maestra el 1 de enero de 1959 tras la derrota del dictador Fulgencio Batista, el imperialismo norteamericano no ha cejado en su estrategia para aislar a Cuba con un bloqueo económico, comercial y financiero despiadado e inhumano, ahora agravado por uno petrolero y una ofensiva diplomática y política para tratar de que no llegue nada al pueblo, ni un gramo de arroz y ni una aspirina, a fin de diezmarlo por hambre y enfermedades. Es algo cínico y cobarde.
En este 98 aniversario de su nacimiento, es bueno recordar y releer, algunos fragmentos de su discurso aquel 30 de noviembre de 1964 en Santiago de Cuba, y el inolvidable en Naciones Unidas el 11 de diciembre del mismo año. Decía en el primero:
Entonces, recordemos hoy, en la fecha de nuestras acciones gloriosas del pasado, el día que honramos a nuestros mártires, que el socialismo que estamos construyendo está aquí cerca, pero que ese socialismo tiene como cimientos la sangre de muchos de los mejores de sus hijos de este pueblo, de los que nunca escatimaron su sacrificio, el riesgo de su vida para cumplir las tareas, y que ese socialismo tendrá todavía que basarse en un numero grande de nuevas víctimas, que de una forma u otra cobren los enemigos imperialistas.
Y que tenemos que estar firmes y unidos para responder golpe por golpe y para construir en medio de la batalla. Y que nuestras consignas deben ser estas que más o menos he explicado: la del trabajo creador día a día, la de la capacitación para hacer más fructífero ese trabajo, y la del odio inextinguible al enemigo imperialista que nos haga estar constantemente alertas y nos haga ser inflexibles en el cumplimiento de nuestro deber de revolucionarios.
Y recordemos siempre que la presencia de Cuba, viva y batallante, es un ejemplo que da esperanzas y que emociona a los hombres del mundo entero, que luchan por su liberación, y particularmente a los compatriotas de nuestro continent, que hablan nuestra lengua, que tienen nuestra cultura, que tienen nuestros hábitos, nuestras costumbres, y que están cada día en mayor número comenzando a luchar por su liberación definitiva.
Cumplamos, pues, a cabalidad, hoy, mañana y todos los días, la consigna que nos impone el deber sagrado de construir el socialismo en el país y de ser ejemplo vivo para todos los pueblos del mundo. ¡Patria o Muerte! (Aplausos y gritos de: «Venceremos»).
Aniversario 98 del Che: “No se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada”
En Naciones Unidas
Al denunciar el saqueo imperialista de los pueblos, y sus consecuencias, en particular en América latina, el Che expresó a los delegados a la XIX Asamblea General de la ONU:
La hora de su reivindicación, la hora que ella misma se ha elegido, la vienen señalando con precisión también de un extremo a otro del continente. Ahora esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna, que canta en todo el continente con una misma tristeza y desengaño, ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir, porque ahora por los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o el tráfico de las ciudades, en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza a estremecer este mundo lleno de corazones con los puños calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos casi quinientos años burlados por unos y por otros.
El Che sostenía que el futuro de América Latina pertenecería a los sectores históricamente excluidos: los pobres, los explotados y aquellos que durante generaciones fueron marginados de las decisiones políticas y económicas. Consideraba que esos pueblos habían comenzado a asumir un papel protagónico en la construcción de su propia historia, movilizándose de manera organizada para exigir derechos que les habían sido negados.
Aniversario 98 del Che: “No se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada”
En su visión, las grandes mayorías populares ya se encontraban ocupando espacios de lucha y resistencia, reclamando tierras, recursos y condiciones de vida dignas. Veía a campesinos, trabajadores y sectores empobrecidos expresando sus demandas mediante marchas, manifestaciones y diversas formas de organización colectiva, llevando consigo símbolos, consignas y banderas que representaban sus aspiraciones de justicia social.
Para el líder revolucionario, ese proceso respondía a una acumulación histórica de injusticias y derechos vulnerados. Estaba convencido de que la creciente movilización popular en América Latina no sería un fenómeno pasajero, sino una fuerza en expansión alimentada por quienes producen la riqueza, generan valor con su trabajo y sostienen el desarrollo de las sociedades. A su juicio, esas mayorías comenzaban a despertar de un largo período de sometimiento político y cultural.
El Che interpretaba ese despertar como una decisión colectiva de poner fin a la resignación y emprender una lucha por la verdadera independencia. Consideraba que los pueblos latinoamericanos continuarían avanzando hasta conquistar una soberanía plena, por la cual numerosas generaciones habían sacrificado sus vidas. En ese camino, afirmaba, quienes estuvieran dispuestos a asumir los mayores costos lo harían convencidos de defender una causa que consideraban legítima, necesaria e irrenunciable.





