LOS ULTIMOS DIAS DE BOLÍVAR Y EL FRACASO DEL CONGRESO DE PANAMÁ

   

 Reflexiones que hacemos del conocimiento general, a pocos días del
Bicentenario del Congreso Anfictiónico y sobre la muerte del Padre de
la Patria y además, en relación con los hechos que causaron el fracaso
de esa cumbre convocada por el Libertador, que permanecen en toda la
geografía de la Patria Grande, entre otras la presencia nefasta de
Estados Unidos, secundado por Santander reeditados, lo que explica, no
justifica, que sigan inconclusos los objetivos e ideales del
constructor de repúblicas.

Será irrelevante y sectaria la conmemoración de ese hecho
trascendental, por idénticas razones a las arriba señaladas, que
motivaron su fracaso y lo prueba los escasos mandatarios que
asistirán, cuando sólo importará la taquillera fotografía.

Disculpas anticipadas si los inteligentes lectores y contactos del
suscrito si ya recibieron este análisis. Consideré necesario enviarlo
con las adiciones pertinentes, ante el nulo entusiasmo que se detecta
para una merecida celebración del bicentenario de esa monumental
anfictionía bolivariana, a la altura de las gestas libertarias de
Bolívar y su temprana y dolorosa muerte.

Constaté la angustia previa vivida en la Quinta de San Pedro
Alejandrino, sitio histórico que visité hace algunos años, donde sentí
su histórica presencia y acciones libertarias. Comprobé, además,
mediante informes del médico que lo atendió, doctor Alejandro Próspero
Réverend, el crónico dolor físico que sufrió durante los últimos 17
días de su vida. A todo eso se sumó un padecimiento inmaterial cuando
escribió el 6 de diciembre de 1830 antes de su extinción corporal
definitiva:

“Muero miserable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis
favores, víctima de un inmenso dolor; presa de infinitas amarguras”.
Esa negra verdad histórica se repite hoy como escribí anteriormente,
por los Santander reeditados en pleno siglo XXI.

                                Por: Franklin Ledezma Candanedo,
                         Periodista del Corinto Bolivariano: Panamá (*).

Era de noche cuando llegó Bolívar a Santa Marta un primero de
diciembre de 1830. Lo bajan del Bergantín Nacional “Manuel”, con un
aspecto cadavérico. No puede caminar, tiene una voz ronca, su cuerpo
adolorido es débil y flaco, es necesario bajarlo con ayuda y total
cuidado.

Se hizo cargo de su enfermedad el joven doctor Prospero Reverend,
quien en repetidas situaciones mencionará: “Lo peor es que Bolívar
cree que no está enfermo y se molesta cuando le preguntan por el
estado de su salud”.

Bolívar, notando el progreso de su enfermedad no le queda más que
confiar en su médico. Reverend escribirá: “A pesar de su repugnancia a
los auxilios de la medicina, él tenía la esperanza que yo le pondría
bueno por ser su cuerpo virgen en remedios”. La primera opinión del
doctor es que la enfermedad es de las más graves y que tenía los
pulmones dañados.

Su médico de cabecera le dedicará diecisiete días continuos de
desvelos para luego negarse a recibir una recompensa por haberlo
atendido. Escribirá boletines desde el momento en que asume la
responsabilidad de asistirlo y con el tiempo se convertirá en un
importante documento de aquella enfermedad que acabó con la vida de
Bolívar.

La enfermedad lo vuelve un poco intolerante a olores y sabores, se
enoja con mayor facilidad. Sin embargo, seguirá dictando cartas y
ocupándose de asuntos políticos, su fuerza mental lo acompañará por
unos días más.

Sus primeras seis noches en Santa Marta mayormente las pasa en una
habitación ventilada. Lo invade el desvelo, se desespera por la tos,
para el segundo día el médico Reverend reconoce el temperamento del
paciente, calificándolo como “Bilioso- nerviosos”. Describe que tiene
el “pescuezo delgado y pecho contraído”.

Estas y otras señales como el tono amarillo de piel y la secreción
verdosa, hacen que el doctor considere su enfermedad como “catarro
pulmonar crónico” opinión que compartirá su colega, el médico M.
Nigth, cirujano de la goleta estadounidense “Grampus”, que para el
momento se hallaba en el mismo lugar.

Ambos médicos se encargan de ordenar un tratamiento curativo:
“Remedios pectorales mezclados con narcóticos y expectorantes”.
Algunos días tendrá cierta mejoría y con ella vienen ciertas
esperanzas para quienes lo acompañan, pero luego volverán aquellos
síntomas cada vez más fuertes, apagándose la vida lentamente.

“S.E. volvió a la costumbre de encerrarse” escribirá Reverend. El día
cinco de diciembre consideran viajar a otro lugar con un clima más
apropiado. El doctor manifiesta que este día se queda sólo asistiendo
la enfermedad del Libertador, ya que su colega el Dr. Night continuó
su viaje en la goleta. Rápidamente pide ayuda a otros médicos, que
nunca llegaron.

Bolívar, tal vez añorando estar en su hacienda San Mateo, desea
moverse hacia el campo. Su médico y amigos coinciden en la decisión y
en un coche cubierto (berlina) parte muy contento junto a sus
acompañantes para la quinta de San Pedro Alejandrino. Esta primera
noche la pasó mucho más estable, su ánimo mejora, el viaje al campo
hasta ahora le había caído muy bien.

Ilusionado con su mejoría, Bolívar organiza el proyecto de desplazarse
poco a poco hasta la Sierra Nevada, tomando la responsabilidad el
General Sardá de construir un lugar apropiado en una aldea, con
temperaturas mucho más frescas, ignorando la magnitud de la enfermedad
que lo estaba arropando.

Vuelven los desvelos, la fiebre, el delirio. Se le pregunta a Bolívar
por alguna dolencia y negaba tenerla, sin embargo, al quedarse solo se
quejaba. El médico observa un “entorpecimiento en el ejercicio de sus
facultades intelectuales”, atribuyéndole a que la enfermedad le estaba
afectado el cerebro. A pesar de continuar con remedios que por
momentos lo aliviaban, inevitablemente comienza a complicarse.

Los síntomas alarmantes se agravan: se le traba la lengua, le viene
calor en la cabeza y frío en las extremidades, dolor en el pecho
localizado más hacia el lado izquierdo, delirios por la noche. Sin
embargo, el médico observa que hasta ahora “goza enteramente de su
juicio”.

En el día mejoran sus síntomas, se le ayuda con el estreñimiento que
padece, habla con claridad, así resiste este día decisivo: 10 de
diciembre de 1830. Se le dan los últimos sacramentos y firma su
testamento, se le da lectura a su proclama y al culminar, Bolívar
desde su butaca con voz ronca dice: “Si, al sepulcro es lo que me han
proporcionado mis conciudadanos, pero les perdono. ¡Ojalá yo pudiera
llevar conmigo el consuelo de que permanezcan unidos!”, continúa
Reverend: “De los ojos de los presentes brotaron las lágrimas” al
presenciar esta escena.

Al día siguiente dicta su última carta dirigida al General Briceño.
Sus doctores junto al General Montilla inútilmente piden ayuda a todos
los médicos, pero éstos rechazan la solicitud presentando como excusas
otras obligaciones.

Bolívar va perdiendo fuerzas, ya no controla la orina, inquieto y en
vigilia vive las noches tanto como su destrozado cuerpo lo permite. De
la hamaca a la cama y de la cama a la hamaca, para aquel héroe que
atravesó y resistió la inclemente Cordillera de los Andes, ahora, con
simples movimientos requiere ayuda de su médico.

Es de esperar que moralmente esté abatido, quizás mucho más que su
débil cuerpo. Su estado de salud se vuelve crítico, su semblante está
decaído, su orina ahora contiene sangre, el hipo se agudiza, balbucea,
su pulso decae, frío en extremidades, calor en la cabeza. El delirio
no cesa, no tiene fuerzas y cuando las tiene es para caer severamente.
Los indicios llegan a su última fase, sin duda el médico considera
todos estos síntomas como un “presagio funesto”.

Por la mañana del día diecisiete de diciembre el médico Reverend
asiste al Obispo que se encontraba enfermo. El retorno coincide con el
declive de la salud de Bolívar. Aquí su descripción del momento: “Me
senté en la cabecera teniendo en mi mano la del Libertador, que ya no
hablaba sino de modo confuso. Sus facciones expresaban una perfecta
serenidad, ningún dolor o seña de padecimiento se reflejaban en su
noble rostro”.

El médico al observar su respiración suavemente estertorosa, su pulso
casi inexistente, sabe que la muerte no será indiferente. Es tiempo,
hace un llamado a los edecanes, generales y demás personas para
presenciar los últimos momentos. De inmediato lo rodean y en apenas
unos minutos ven apagarse la vida de Bolívar.

Este hombre recogió sobre si el triunfal momento de la independencia
sudamericana, obteniendo a cambio ingratitud y desprecio, lo que
aceleró la terrible enfermedad que lo consumió.

Simón Bolívar, que llegó a Santa Marta por mar en el bergantín
«Manuel», desde Sabanilla, el 1 de diciembre de 1830 y fue trasladado
a la Quinta de San Pedro Alejandrino, murió once días después, el 17
de diciembre de 1830.

                          Fracaso (muerte) del Congreso Anfictiónico.

El Congreso Anfictiónico de Panamá (1826) fracasó en su objetivo de
crear una gran confederación de repúblicas hispanoamericanas debido a
rivalidades locales, falta de apoyo internacional y divisiones
políticas.

Las principales causas de su colapso incluyen: Ausencias y falta de
respaldo, desinterés regional: Países clave como Chile, las Provincias
Unidas del Río de la Plata (Argentina) y Brasil) no mostraron interés
en el proyecto.

Problemas logísticos: Los delegados de Bolivia y Estados Unidos
llegaron demasiado tarde, mientras que Paraguay ni siquiera fue
invitado. Rivalidades y localismo Egocentrismo nacional: Los recién
independizados estados priorizaron sus propios intereses, fronteras y
soberanías locales por encima de la visión unitaria de Simón Bolívar.

Desconfianza: Muchos países temían que la Gran Colombia —el estado más
poderoso en ese momento— ejerciera una hegemonía dominante sobre el
resto de la confederación.

Intereses geopolíticos contrapuestos, influencia de EE. UU. y Europa:
Los delegados tenían visiones distintas sobre el alcance de la liga.
Mientras Bolívar buscaba un bloque fuerte para contrarrestar la
influencia de potencias extranjeras (incluidos Estados Unidos), otros
países favorecieron alianzas bilaterales o se inclinaron por no
enemistarse con potencias comerciales como Gran Bretaña.

Factores logísticos y ambientales, clima insalubre: El clima tropical
y las enfermedades en el istmo provocaron tensiones y el eventual
retiro de los plenipotenciarios antes de finalizar las asambleas.

Distancias: La falta de comunicaciones rápidas dificulta que los
acuerdos tomarán fuerza vinculante entre los gobiernos. A pesar de no
lograr la confederación militar y política soñada, el congreso sentó
bases diplomáticas importantes. En él se firmó el Tratado de Unión,
Liga y Confederación Perpetua, considerado uno de los primeros grandes
antecedentes del multilateralismo en América.

La participación de EUA, no prevista por Bolívar, en el Congreso
Anfictiónico, fue el factor principal de su fracaso.

Enlaces:

Un saludo para toda(o)s, con nuestra consigna progresista: ¡ADELANTE,
SIEMPRE ADELANTE!

(*) Columnista de opinión, agroambiental y turístico, promotor del
desarrollo sostenible, defensor de la madre tierra, del ambiente y de
todas las especies, en peligro real de extinción irreversible por
diversos factores negativos, entre otros, la falta de acción colectiva
en el plano nacional y mundial.