Por Gustavo Espinoza M.
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Quienes creen que el próximo 7 de junio se definirá solo el rumbo del Per debido al proceso electoral pendiente, están equivocados. En la coyuntura, América Latina está librando una dura batalla que ocurre en diversos escenarios. Uno de ellos, es nuestra patria.
Lo que aquí suceda tendrá incidencia en todo el continente del mismo modo cómo lo que acontece en otros países se refleja también en el nuestro. No se trata de un cambio cosmético, sino de giros significativos cuyo propósito final será quebrar a la Mafia corrupta que ha envilecido la vida de Estados Soberanos y que busca perpetuar su dominio a cualquier precio.
En grandes líneas, las fuerzas que se enfrentan en esta histórica contienda, son dos: la oligarquía latinoamericana aupada por el Imperio, que se aferra al dominio continental como parte de su estrategia mundial; y los pueblos que luchan por encontrar y afirmar un camino que fuera originalmente diseñado por los libertadores, pero que se cimentara en una primera etapa de la historia por personalidades descollantes, como José Martí, Augusto C. Sandino y José Carlos Mariátegui.
Cuba es, por cierto, la más alta luz de los pueblos de América en esta fragorosa confrontación. No sólo porque inauguró la ruta por la transformación de las estructuras productivas en busca de una sociedad mejor en estas tierras fecundas, sino también porque resiste heroicamente la agresividad del Imperio desde hace más de seis décadas, dando al mundo un ejemplo sin igual de dignidad y de coraje.
Pero hoy la lucha arrecia en todos los confines de nuestro continente. Y ella no puede ser ocultada por los medios de comunicación al servicio de la clase dominante, ni sofocada por las fuerzas represivas de gobiernos empeñados en acallar por la violencia la palabra de los pueblos.
Curiosamente los medios de comunicación al servicio de los poderosos distorsionan lo que ocurreo simplemente callan para no despertar el interés de los pueblos cada vez más empeñados en labrar una ruta de salida a la crisis de un sistema decadente en proceso de extinción.
En la Argentina de Milei son constantes -casi cotidianas- las agresiones policiales contra los trabajadores, los estudiantes, las mujeres y otros segmentos de la población que ofrecen dura resistencia a los planes de dominación esclavista que pretende imponer un régimen Neonazi burlando la voluntad ciudadana.
En ese país, las camarillas más reaccionarias usaron históricamente la fuerza para quebrar al movimiento popular. Así fue desde los Golpes de Estado fraguados en distintos momentos por Lonardi, Aramburo, Onganía o Videla y aun en gobiernos formalmente electos que defendieron los intereses de El Capital, como Caros Saúl Menen, Mauricio Macri o Javier Milei
En Ecuador sucede hoy lo mismo con el gobierno de Noboa, que busca aplastar sobre todo a las poblaciones originarias, haciendo uso de los pérfidos métodos de la guerra sucia y marginando a un segmento social bastamente vigoroso integrado en la “Revolución Ciudadana” liderada por Rafael Correa.
Ahora mismo, millones de trabajadores luchan en las callas de Bolivia dispuestos a derribar a Rodrigo Paz, quien encabeza un régimen empeñado en defenderse con la fuerza de las armas masacrando al pueblo. La “rosca” aspira a repetir en el país del altiplano las dolorosas experiencias de Hugo Banzer, Sánchez de Lozada o Jeanine Añez que regaran con sangre la tierra de Túpac Katari y Bartolina Sisa.
Y en Chile, el régimen de José Antonio Kast reinventa formulas obsoletas y punitivas para reconstruir en otras condiciones el “modelo” económico y social de Pinochet fortaleciendo a “los poderosos” y atacando inmisericordemente a las poblaciones y a los trabajadores, arrasando incluso las conquistas logradas en los años de gobiernos más bien avanzados de corte progresista como Michelle Bachelet o Gabriel Bóric
En esos países, el común denominador es la masiva voluntad ciudadana que no acepta los planes de dominación vigentes y menos el Neoliberalismo heredado de las dictaduras de los años 70 del siglo pasado.
Tales planes se expresan en el deseo de someter a los trabajadores a regímenes brutales de explotación, ampliar la jornada laboral hasta las 10 o incluso las 12 horas, imponer el recorte de salarios, la eliminación de la estabilidad en el empleo y lea quiebra y destrucción de las organizaciones sindicales, para doblegar al pueblo.
Objetivamente, con gobiernos de otro signo, el Ecuador de Correa, la Argentino de los Kirchner o la Bolivia de Evo Morales, las masas populares conocieron dificultades pero no tuvieron nunca el colapso que hoy se registra en las calles de Quito, Buenos Aires o La Paz, donde los presidentes actuales -sirvientes del Imperio- simplemente no pueden gobernar y se valen de la represión desenfrenada, la violencia y el crimen para sobrevivir.
En contraste, en Perú y en Colombia crecen y se afirman fuerzas del cambio social y se abren nuevas perspectivas para el desarrollo y el progreso. Los comicios que tendrán lugar en ambos países en los próximos días resultan, en ese marco expresiones decisivas de una confrontación que marca historia. Desatando la ira del Imperio, los pueblos libran hoy batallas decisivas. (fin)





