Lo combate con su pensamiento y el brazo del pueblo cubano
Por Luis Manuel Arce Issac
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sigue empecinado en hundir en las aguas del mar Caribe a la pequeña y paradisíaca isla de Cuba por la soberbia de no haber podido doblegarla y la vanidad de creerse el rey y tratar de demostrarlo, cuando es solamente un payaso criminal de hojalata y descerebrado.
En Cuba se encontró con tres problemas insuperables para él, a José Martí, el hombre de pensamiento inmortal que es imbatible, no porque haya muerto aquel triste y glorioso 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos, con las botas puestas, atornillado en la montura de su caballo, rienda en la mano izquierda, revólver en la derecha, mirando el sol, de frente al enemigo y cabalgando a él sin miedo a sus carabinas, pensando no en la muerte, sino en la patria ultrajada por la bota extranjera.
Él lo previó todo lo actual porque pasó gran parte de su vida analizando el rumbo que llevaba Estados Unidos desde su experiencia española a partir de los 11 años de edad cuando ya hacía rato había dejado de ser niño y escribió El Presidio Político en Cuba con los tobillos destrozados por las duras piedras de la cantera de San Lazaro y las gruesas cadenas con sus arietes como dientes de lobo donde el colonialista español lo trató como a una bestia. También porque todo él fue luz y visión desde que Leonor lo trajo al mundo que tanto lo necesitaba.
Como imanes que se atraen, desde el hondón del mambisado donde sigue estando alimentado por el jugo de la tierra que chupó su sangre para seguir procreando héroes, se hizo inextricable su conexión con Fidel Castro quien absorbió su pensamiento libertario y, al mismo tiempo, la fuerza del brazo de Maceo, la lucidez de Máximo Gómez, y el coraje de todos ellos, para completar la obra inconclusa de Carlos Manuel de Céspedes y José Martí, e integrar una cadena histórica forjada con metales desconocidos por los tiranos e indescifrables para reyes, emperadores e imperialistas.
Martí previó a Trump y lo combate con su pensamiento y el brazo del pueblo cubano
La empezó con el asalto al cuartel Moncada y la concluyó en la Sierra con la guerra necesaria, pero la continuó el resto de su vida hasta su desaparición física.
Martí y Fidel, son los dos grandes problemas que ha encontrado Trump en su sueño de conquistar lo inconquistable, y el tercero e invencible contra el cual se estrellará todo intento de conquista, el que ambos centauros forjaron en el yunque de la patria, con sus ideas y fuerza: el pueblo cubano, que lleva desde el Indio Hatuey hasta hoy, combatiendo la ignominia, sin sed de venganza.
Pero también de hacer docencia desde la trinchera y el aula, desde el campo de batalla y la diplomacia, pero sobre todo desde el corazón y el cerebro, buscando que el enemigo entienda qué es patria y por qué no puede enterrar sus pezuñas mugrientas en su carne.
Todos en Cuba, y fuera de Cuba, saben que Martí no murió en Dos Ríos, y que Fidel sigue vivo en el alma de los hombres y mujeres buenos porque fue quien lo ejerció con más devoción, disciplina sagacidad, y lo continúa haciendo porque las ideas perviven en una dimensión diferente y tan extraordinaria, que son inmunes a cualquier factor destructor, a cualquier idea maleva o ataque despiadado, y es lo que jamás entenderán ni Trump, ni cualquiera como él.
Más aún: nadie, absolutamente nadie, ha logrado ni logrará jamás, detener su renovación y florecimiento, su frescura, por mucho bloqueo, mucha hambre y enfermedades induzcan con bloqueos descomunales y horrores con mayores perversidades que las creada por Kafka en sus peores y más terribles cuentos.
Esa coraza protectora martiana y fidelista, quijotesca en su romanticismo, pero maceísta en su acción, es la que ha permitido que, en 67 años, contra todos los pronósticos, contra la más intrincada maraña de maniobras, ataques, agresiones, sabotajes, atentados, campañas mediáticas, Cuba se mantenga invicta, y es la que da respuesta a la mermada inteligencia imperial o artificial que en todo ese tiempo ha pasado por Washington, no haya logrado recolonizar a Cuba.
Parodiando al analista panameño Guillermo Castro, al cubano, como a nadie, le ha correspondido ejercer en tiempos de crisis del mundo en que hemos vivido, y de transición hacia uno de varios posibles, que aún no identificamos con toda la claridad necesaria, a Martí y a Fidel, porque ninguno de los dos reside en el pasado, ni en las analogías entre su tiempo y el nuestro, sino en los hechos concretos conocidos por Martí en vivo y en directo desde las entrañas del monstruo en el cual vivió, y por Fidel porque fue el blanco permanente de sus emperadores.
Martí previó en su gran obra Nuestra América, a Trump porque más que intuirlo lo vio nacer y hacia dónde se dirigía, por ello Guillermo expresa que Martí reside en el presente, con nosotros, pues con nosotros trabaja en la tarea de culminar la construcción de futuros que su muerte retrasó quizás, pero ciertamente no canceló. Nuestra relación con Martí no consiste en evocarlo, sino en ejercerlo, como autor intelectual que es de todo nuestro empeño por culminar la creación, en el Nuevo Mundo de anteayer, del mundo nuevo de mañana.
Y agrega: En esta circunstancia solo cabe invocar a Martí ejerciéndolo en la advertencia que nos hiciera en 1891, cuando ya adelantaba por el camino que lo llevaba a la fase superior de su lucha por transformar el mundo. “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace”, dijo entonces, y agregó un mandato claro y sencillo: “ganémosla a pensamiento.” He ahí la tarea, he ahí el mandado: hagamos, pues, lo que hacemos mejor, como nos toca hacerlo.
¿Por qué Martí previó a Trump y a todos los que pasaron antes que él por la Casa Blanca desde el 19 de mayo de 1895? Simplemente porque el ciclo que Martí previó es el que está vigente; por el contrario, en su vida comenzaba entonces lo que hoy es cotidiano en EEUU: las invasiones por geofagia como la de México casi 45 años antes de 1895, y la propia injerencia en las guerras de independencia de Cuba y Filipinas contra España, ya jugando un papel imperialista.
Desde entonces, la humanidad ha vivido apenas un párrafo de su larga historia, menos de 200 años en los que Estados Unidos ha causado más daños que los registrados desde el año 1 de Cristo hasta el desastre de Donald Trump, y la tarea de la actual generación es que este imperio dure lo menos posible, porque es la única manera de que el planeta Tierra se mantenga en la constelación solar, o que incluso esta desparezca si se rompe el equilibrio del sistema.
Martí en Nuestra América
He aquí algunos fragmentos de la obra capital de Martí, cuya vigencia es de incidencia muy alta en esta época que vivimos con el gobierno de Donald Trump:
La Patria es la humanidad, es esa parte de la humanidad que vemos más de cerca y en la que nacimos; y no debe permitirse que, con el engaño del santo nombre,
Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos:
(…) El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos.
Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad. ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, se defiendan monarquías inútiles, religiones infladas o políticas desvergonzadas y hambrientas.





