Por Luis Manuel Arce Isaac
La tónica de las reacciones políticas al discurso de 20 minutos pronunciado por Donald Trump anoche en horario estelar cuya “importancia”, ya repetida una veintena de veces antes, fue proclamar su victoria militar en Irán, lo cual causó desconcierto entre los escuchas quienes se preguntaban si lo dijo en serio o en broma.
Cuajado de contradicciones, inventos y tergiversaciones de la realidad y de la historia, el discurso fue asimilado por los analistas, hasta de su propio bando, con un signo de interrogación, al no lograr interpretar cuál fue el objetivo real del mensaje. No han digerido si para tranquilizar el mercado o intranquilizarlo, si pasarle la mano o amenazar a sus aliados, si darle esperanza o quitársela a los estadounidenses que rechazan la guerra y temen una acción desesperada en la que les vaya la vida sus hijos infantes de marina.
Se quedaron como en la luna de Valencia esperando una gran noticia del final de la guerra después del anuncio del “aplastante” triunfo militar, el destrozo total de las defensas de Irán, el cambio de lideres hasta en tres ocasiones y ya sin nadie más para reemplazarlos, mientras en ese mismo minuto seguían cayendo cohetes y drones en las bases militares estadounidenses en el golfo y en Israel.
Entonces, lo que salió de la boca torcida y la euforia de Trump, fue todo lo contrario a la pa: que el conflicto seguirá y harán leña para hoguera a todo lo que huela a islamismo. Irán se irá al infierno. ¿Y entonces? ¿qué buscaba con ese discurso?
Los operadores de bolsas esperaban con ansias un final hollywoodense de la guerra y entonaciones victorias del himno nacional y flotando en el aire la bandera de las barras y las estrellas, pero solamente se reflejaba el rostro del mandatario con una mueca difícil de descifrar, si sonrisa o sorna, o remordimiento, o mala leche, mientras a su frente, serios, con expresiones también taciturnas, su estado mayor encabezado por Pete Hegseth y Marco Rubio.
Al parecer el fin de la guerra no será pronto, o al menos ni siquiera Trump puede precisarlo, por lo que la caída de los índices bursátiles principales en todas las plazas, rodaron loma abajo como un alud y los operadores perdieron en los 20 minutos de discurso miles de millones de dólares.
Los precios de los petróleos de todas las calidades, comenzando por el Brent y el WTI, subieron al infinito al mismo tiempo que la nave espacial Orion con la tripulación de la misión Artemis II de la NASA lo hacía hacia la Luna, y a quienes ya en Europa y Asia les queda poco crudo en sus reservas, se estremecieron como el terremoto de magnitud 7,4 que en ese momento se reportaba en el océano frente a Indonesia, casi en paralelo a la proclama de Trump, provocando un tsunami en el mercado, no por el sismo marítimo, sino por el mentiroso republicano.
Escogió para el discurso, además, el horario de máxima audiencia, lo cual hizo pensar a la mayoría de los políticos que no estaba dirigido ni a sus adversarios en el campo de batalla, ni a sus aliados que lo presionan, sino a la gente dentro de Estados Unidos que hace solo unos días inundaron las calles en todos los estados para que no lo vuelvan a hacer y pongan en peligro su mandato o carguen pilas para las elecciones intermedias de noviembre.
Da la impresión de que tiene miedo de que lo saquen de la Casa Blanca antes de que pueda arreglar las cosas internamente para seguir en la Casa Blanca después de 2028, o de intentar adueñarse del hemisferio occidental con el plagio de Pete Hegseth denominado Gran América del Norte con el cual moderniza los esquemas coloniales de sometimiento del continente aplicado por Europa en los siglos XV y XVI y ya recluta a gobiernos actuales como los de Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador y otros para anexar a Canadá, México, Cuba y fortalecerse “con esa fuerza más”, como diría Martí a nuestros pueblos de América.
En verdad, el presidente Donald Trump hizo poco para calmar los mercados energéticos sacudidos por la guerra en Irán, ya que el precio del petróleo subió sistemáticamente en cada uno de los minutos de su discurso hasta inflarse como globos al final cuando, sin aportar nada novedoso más allá de su insolente retórica terminó su fallido mensaje de exultante victoria que tanto desagradó y puso en ascua a sus pares comerciales y socios financieros en el mercado mundial.
Cuando terminó, el panorama fuera de sus fronteras era más devastador que los campos de batalla del golfo: precios del petróleo en alza, mientras los índices bursátiles más importantes como el Nikkei, el Hang Seng, el Kospi, el Dow Jones y los futuros de las acciones de Estados Unidos liderados por el Nasdaq, el S&P 500 y otros muchos, ca´´ian apilados en el piso como chatarras a los pies de las bolsas de valores, y muchos empezaron a temblar ante la perspectiva de que la guerra continuará.
Entonces surgen las preguntas más inquietantes: ¿Por qué Trump lo hizo? ¿Por qué una preparación previa tan intensa y expectante para decir lo que ya había adelantado de forma pautada en las anteriores 48 horas? ¿Por qué repetir varias veces en el discurso de “victoria” que “Estados Unidos golpeará a Irán extremadamente fuerte durante las próximas dos o tres semanas”? ¿Por qué el mandatario cerró con esta afirmación: «Vamos a terminar el trabajo y lo vamos a terminar muy rápido»?
Como reportó la CNN, lo único que quedó claro es que la “importante actualización” del presidente Donald Trump sobre la guerra con Irán terminó siendo más bien un discurso de venta tardío, mientras buscaba este miércoles por la noche movilizar el apoyo de los votantes estadounidenses a un conflicto que inició hace más de un mes.




