Por Manuel Arce Isaac
Dónde estamos, hacia dónde vamos, y en qué forma lo haremos, fue la filosa interrogante que se adueñó del salón de sesiones durante los tres días de debates consumidos por 360 líderes políticos, pensadores ideológicos, académicos, sindicalistas, embajadores, y dirigentes de gobiernos y partidos, participantes en vivo o de manera virtual en el seminario internacional sobre temas de actualidad que convoca desde hace 30 años el Partido del Trabajo (PT) de México.
Las decenas de ponentes que usaron los micrófonos o se vieron proyectados desde sus países en las pantallas de la gran sala de reunión, se formularon esa y otras muchísimas preguntas que, de alguna manera, se las hacen cada día millones de personas en Asia, África, América Latina, Europa y en el confín del mundo donde habite un ser racional, preocupados e inquietos por lo que ocurre y la impunidad con que transcurre.
Los oradores, en representación de 101 organizaciones y partidos políticos de izquierda y movimientos progresistas de 39 países, no dejaron la más mínima duda de que el epicentro de la violencia mundial está en Washington, como siempre ha sido desde la colonización del norte de América, y que el objetivo de dominio y expansión de hoy es en esencia el mismo de entonces.
La conclusión: Estados Unido se armó con violencia, se desarrolla con ella y duerme con el redoble de tambores de guerra.
Y esa línea histórica multinacional fue recorrida por los líderes que hablaron y los estudiosos, quienes también tuvieron el privilegio de escucharla narrada desde el podio por el ex presidente de Colombia Gustavo Petro, a quien EEUU casi no dejaron gobernar, y en la pantalla por el de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, para explicar en detalles el tipo de genocidio malthusiano que Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, aplican al pueblo de Cuba en forma más despiadada de lo que hicieron los romanos en Calahorra y Numancia.
En aquellos dos casos, el sacrificio de esos pueblos fue estoico y prefirieron morir antes de entregarse, los primeros tras unos 10 meses de asedio, los segundos 15. Los cubanos ya llevan 65 años, pero que sus verdugos no piensen que se van a suicidar ni incendiar la isla. La defenderán hasta con las uñas, aunque tengan el estómago como un saco vacío.
Así lo interpretaron en el seminario los asistentes, y el respeto ofrendado al pueblo protagonista de tal hazaña fue hermoso.
Y, en ese marco, los presentes recordaron el legado histórico del Comandante en Jefe, porque el centenario del natalicio de Fidel Castro figuró en el punto primero de la agenda y, junto al tema principal del día inaugural, Balance y desafíos de las izquierdas en los últimos años.
Su pensamiento político sirvió de guía al debate en el convencimiento de que, como el de Simón Bolívar y José Martí, se hace cada vez más vigente, como si fuera el tiempo el que se rinde o se paraliza ante sus ideas. Así lo expresaron en sus palabras, los oradores que hablaron de él.
El seminario no fue en nada retórico ni escolástico. Todo quien estuvo allí esos tres días lo hizo con los pies en la tierra, a sabiendas de que, por mucho que se bambolee el barco a babor y estribor, la proa tiene que apuntar obligatoriamente hacia el antimperialismo, y esa fue la estrella polar que marcó el rumbo como indicando con la luz de las ideas, que llegó la hora de abandonar las discrepancias y fortalecer la unidad, hasta que un día se le pueda borrar las letras “s” con las que hoy finalizan las palabras de la convocatoria Los desafíos de “las izquierdas”.
Ese fue, al menos, el mensaje que se pudo presentir en casi todas las sesiones porque el tema de la unidad de la izquierda es hoy más trascendente que nunca antes. Es la única forma, según sus conclusiones, de atajar el avance de la derecha en Latinoamérica, Europa, África y Asia, donde se está jugando el futuro de la humanidad.
Hacia ese objetivo apuntaron la mayoría de las intervenciones espontáneas y las ponencias escritas, especialmente cuando tocó el turno de exponer las experiencias del quehacer de las izquierdas en los últimos años.
El seminario es un foro político, un debate de ideas, donde cada quien expone sus criterios o los de las entidades a las cuales representan y, en consecuencia, no derivan de él acuerdos como los comerciales o institucionales.
Pero los juicios y análisis que se realizan son atendidos por gobiernos y partidos como alertas de trabajo, y tienen una gran incidencia en sus proyectos, programas y en especial en los enfoques de la realidad política, económica, social, cultural y filosófica, que son pilares en toda sociedad, y ello explica la importancia del debate y la escogencia de los temas.
En esta trigésima ronda figuró como segundo tema el análisis de los nuevos megabloques político-militares y económicos, tomando como base el fascismo, neofascismo, economía, militarización, la guerra y la lucha para la construcción de la paz, además de la transición del capitalismo al socialismo, un asunto bastante teórico y polémico, matizado con asuntos concretos como la guerra cognitiva y realidades específicas actuales.
También se habló de la sustentabilidad ambiental de manera global, la lucha contra el colonialismo en América Latina y el mundo y otros análogos de la actualidad, muchos de ellos con referencias específicas a las situaciones particulares de los países de origen de los expositores, denuncias concretas como el genocidio en Gaza, el bloqueo a Cuba, los asesinatos de tripulantes de lanchas en alta mar, crímenes de guerra y de lesa humanidad.
La ceremonia inaugural estuvo fuertemente marcada por la participación del expresidente colombiano Petro, quien lanzó duras críticas contra figuras internacionales de la derecha como Donald Trump cuyas posturas bélicas globales las comparó con un «instinto genocida».
En el Balance Histórico de la Izquierda el debate fue en mesas de análisis en las cuales abordaron los desafíos pasados, presentes y futuros en el que participaron delegaciones oficiales de alto perfil como del Partido Comunista de China, el partido Rusia Unida, y comisiones políticas de Cuba, Brasil y Colombia.
México, por supuesto, estuvo muy presente y bien representado en los debates, con el senador petista Gerardo Fernández Noroña, el morenista y secretario de Educación, Mario Delgado, y el dirigente nacional del PT y anfitrión, Alberto Anaya, quienes coincidieron en la necesidad de robustecer la soberanía nacional frente a las empresas extranjeras y los mercados financieros globales.
Entre las conclusiones principales la más enfatizada fue la de fortalecer la unidad de la izquierda como único camino para hacer frente a la contraofensiva de la derecha internacional, articulando una solidaridad internacional unificada entre partidos progresistas.
Coincidieron, además, en vertebrar una estrategia post-neoliberal, y diseñar alternativas económicas que pongan al pueblo como el protagonista de la transformación social, buscando transiciones hacia la justicia social y el cuidado de los recursos estratégicos.
Fue, en realidad, un notable esfuerzo para forjarse una idea de dónde estamos en este momento de transición en el cual lo viejo se aferra a no desaparecer y lo nuevo no acaba de aparecer, mientras se mantiene mucha incertidumbre hacia dónde vamos.
El seminario cerró sus mesas de trabajo el 10 de octubre reafirmando el compromiso del PT con el proyecto de la «Cuarta Transformación» en México y su rol como puente de enlace de las fuerzas izquierdistas de los cinco continentes. Este es el primero de una serie de cinco en las que Alma Plus destaca la importancia del encuentro.





