BRASIL. LA DERECHA FURIBUNDA AMENAZA A LA DEMOCRACIA

Incluso reelegido, Lula enfrentará un Congreso dominado por la derecha. Lo que está en juego no es solamente la Presidencia, sino el futuro de las instituciones, de los derechos sociales y de la soberanía nacional.

Paulo Cannabrava Filho

El cuadro que emerge de las urnas es alarmante. La derecha no oculta lo que pretende hacer con el poder conquistado en el Congreso. Flávio Bolsonaro, que disputará la segunda vuelta con el presidente Lula, anuncia que su campo político tendrá fuerza para elegir a los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado y habla incluso de una reforma constitucional para, según sus propias palabras, “redemocratizar” el país. Cuando quienes atacaron a las instituciones pasan a anunciar que van a “redemocratizar” la democracia, es necesario prestar mucha atención al significado de las palabras.

El PL salió de las elecciones con una bancada gigantesca: 127 diputados y 28 senadores. Sumados a los demás partidos conservadores y de derecha, esos números pueden constituir una mayoría capaz no solamente de bloquear un eventual segundo gobierno de Lula, sino también de imponer una agenda propia. Por lo tanto, aunque Lula gane la segunda vuelta, la amenaza no desaparece. Inmediatamente comenzará otra batalla: la batalla por la gobernabilidad y por la preservación de las instituciones democráticas.

Y existe una cuestión todavía más grave: el Supremo Tribunal Federal. El próximo presidente tendrá la oportunidad de nombrar nuevos ministros debido a las jubilaciones previstas durante su mandato. Si a eso se agrega la hipótesis extrema de procesos de impeachment contra ministros considerados adversarios por el bolsonarismo, podría producirse una profunda transformación en la composición del STF. No estamos hablando de una abstracción jurídica. Estamos hablando de la institución que tiene la última palabra en la defensa de la Constitución.

El senador Rogério Marinho, coordinador de la campaña de Flávio Bolsonaro, ya advirtió al presidente del STF, Edson Fachin, que el Senado no se omitirá ante las denuncias relacionadas con el Banco Master. Evidentemente, toda denuncia fundamentada debe ser investigada y nadie puede estar por encima de la ley. Otra cosa, sin embargo, es transformar la necesaria investigación de responsabilidades en un instrumento para someter o controlar políticamente al Supremo. Una democracia no sobrevive cuando un Poder pretende subyugar a los demás.

También existe la amenaza a los derechos económicos y sociales. El proyecto anunciado por la derecha apunta hacia más privatización, desnacionalización, precarización del trabajo y reducción de la presencia del Estado. En esa cuenta entran el salario mínimo, las jubilaciones y los programas sociales. Es ahí donde una discusión aparentemente distante sobre el Congreso, el Supremo y la Constitución llega a la mesa del trabajador. Democracia no es solamente votar cada cuatro años. Es también empleo, salario, jubilación, educación, salud y derecho a una vida digna.

Por eso, no basta con decir que Lula necesita vencer. Es necesario comprender que su eventual victoria no resolverá el problema creado por la nueva correlación de fuerzas en el Parlamento. Lula necesitará movilizar a la población ahora para ganar las elecciones y, si es reelegido, continuar movilizándola para gobernar. Sin presión popular organizada, un Congreso mayoritariamente de derecha tendrá condiciones para bloquear proyectos, imponer retrocesos y poner permanentemente al gobierno contra la pared.

La historia enseña que los movimientos autoritarios rara vez se presentan diciendo que pretenden destruir la democracia. Muchas veces afirman justamente lo contrario: se presentan como sus salvadores mientras vacían, desde adentro, las instituciones democráticas. Por eso es necesario tener cautela con palabras aparentemente inocentes como “redemocratizar”, sobre todo cuando son pronunciadas por fuerzas que durante años arremetieron contra el sistema electoral, el Supremo y las propias reglas del juego democrático.

El debate entre Lula y Flávio Bolsonaro, programado para el día 18 por Band en alianza con Estadão, será una oportunidad para colocar esas diferencias frente al elector. Más que comparar personalidades, será necesario comparar proyectos. ¿Qué país pretende construir cada candidato? ¿Cuál será su política para el salario, el empleo, la seguridad social, las empresas públicas y los programas sociales? ¿Qué relación mantendrá con el Congreso y con el Supremo? ¿Qué lugar reservará a Brasil frente a los intereses extranjeros?

Las elecciones presidenciales, por lo tanto, no ponen fin a la disputa. Apenas definen quién ocupará el Palacio de Planalto. El problema mayor continuará frente a nosotros: una correlación de fuerzas en el Congreso capaz de amenazar conquistas sociales, la soberanía nacional y el equilibrio entre los Poderes. Reelegir a Lula se ha convertido, en este escenario, en una tarea esencial para quien pretenda defender la democracia. Pero será apenas el primer paso. Después de las urnas, será necesario organizar a la sociedad, movilizar al pueblo y disputar, todos los días, el rumbo del país.

Paulo Cannabrava Filho periodista editor de la revista virtual Diálogos do Sul Global