Por Luis Manuel Arce Isaac
Querido amigo,
Solo un apunte a tu mensaje de hoy. Tienes todo el derecho del mundo a opinar que “no estoy convencido de que las 176 medidas recientemente adoptadas por la Asamblea Nacional de Cuba puedan revertir los problemas que la isla ha enfrentado desde sus inicios”.
Es importante, porque así avivas el debate. Concluyes con una verdad de perogrullo: “El principal problema que enfrenta Cuba no es realmente socialismo, sino soberanía nacional”.
Para mí no queda muy clara esa afirmación tuya, quizás porque la dices en el contexto de la ofensiva revolucionaria de 1968, que fue un viraje estratégico polémico entre los teóricos, pero abrazado con entusiasmo por la generalidad de la población cubana, que vio en ello la confirmación del cambio y la construcción de pilares hacia la marcha del socialismo con una visión puramente cubana, fuera de los manuales.
Recuerda, en 1968 solo habían transcurrido 9 años de Revolución, una batalla contra alzados de la CIA matando campesinos, violando muchachitas, robando y haciendo montones de sabotajes, quemando campos de caña, poniendo bombas donde quiera que hubiera público, hasta en círculos infantiles, atentados a los líderes de la Revolución y a funcionarios de base, asesinatos de alfabetizadores, una invasión mercenaria, un terrible y peligroso momento épico que llevó al mundo al borde de una guerra mundial tan temprano como octubre de 1962.
A ello, se le suman constantes provocaciones de todo tipo con un bloqueo como telón de fondo que iba creciendo y expandiéndose por minutos, sin parar hasta el día de hoy, y una contrarréplica destructiva, sistemática y brutal a cada logro social.
Quiero decirte con esto que la abrumadora trayectoria de eventos malignos contra lo benigno y bueno que se construía —porque realmente se construía y tuvo frutos importantes— sacó de su contexto histórico aquel experimento de 1968 de una socialización abarcadora de nuevo tipo con proyección hacia una igualdad social jamás imaginada por el hombre desde que empezó a vivir en colectividad.
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Buscábamos al hombre nuevo soñado por el Che, y creo que hubo algún momento en que lo percibimos, aun cuando la base material siguió siendo insuficiente y no contribuyó a tan utópico objetivo.
Negar los grandes éxitos que tuvo la Revolución en esa etapa de más de 30 años es injusto. Echarle la culpa de todo lo que vino después, también, porque en la medida en que se hacía evidente que el socialismo cubano iba por el sendero de humanismo que la gente pobre en el mundo ansiaba, y se confirmaba como el ejemplo cubano de que un mundo mejor era posible, más se intensificaban los esfuerzos de Estados Unidos para impedirlo, y su herramienta favorita fueron dos: el bloqueo despiadado acompañado de una descomunal campaña mediática, y la acción y sabotaje como parte de la aplicación de la filosofía del miedo.
El objetivo y las herramientas siguen siendo las mismas desde entonces, solo que hoy más sofisticadas y en otra realidad internacional más compleja, caótica, desordenada, y un dominio asombroso de lo principal para engañar, como el asombroso desarrollo de las comunicaciones y las redes sociales en manos de gente como el grupo de multimillonarios que encabeza Elon Musk: ese objetivo es atacar al pueblo, hacerlo sufrir, revirarlo contra la Revolución, lanzarlo a las calles y cambiar el régimen. Llevan 67 años en lo mismo.
En aquella época, como ahora también, usaron a decenas de intelectuales, escritores, como una quinta columna, a veces disfrazada de revolucionarios, de prosa hermosa y atractiva, pero desde un fondo antipatriota muy sutil y elaborado, hasta el más descarado y grosero escritor o periodista. Eso se ha intensificado con la llegada del teléfono celular y Donald Trump lo explota a su antojo.
Lo experimentaron todo, y usaron a esos supuestos críticos constructivos como punta de lanza para tergiversar los firmes principios martianos de soberanía, independencia y libertad, base de todo lo que se hacía.
Ahora, en esta nueva realidad, nada de aquello del siglo pasado ha cambiado. Por el contrario, lo han fortalecido e innovado, solamente que el estilo de Donald Trump, narcisista, abusador, matón de barrio y sin altura cultural para debatir y ni siquiera razonar más allá de sus apetencias egoístas y enfermizas, lo hace más criminal y peligroso aún
Esa es, y no otra cosa —y te lo digo en mi triple condición de revolucionario, víctima del bloqueo y batallador contra el imperio, no solo contra la guerra económica que es una parte del genocidio— la semilla de los males de hoy, y el porqué fundamental de las 176 medidas.
No hay otra, como intentan hacer creer algunos novelistas renombrados desde posiciones o criterios malintencionados ocultos en paralipsis o preterición erudita. La raíz de los males, incluidos los fracasos, es el gobierno de 13 presidentes de Estados Unidos consecutivos, cada cual ideando cosas peores para superar las del anterior, lo cual significa que es una política de Estado, del sistema imperial, contra la independencia y la soberanía de Cuba, y la isla debe sobrevivir conviviendo con ella y tratando de superarla, neutralizarla o eliminarla, tarea harto complicada.
La aplican exactamente para destrozar su ejemplo y mostrar a la isla como un Estado fallido cuando saben que es todo lo contrario, y sobrevive a pesar de las miles de toneladas de basura en las calles, la falta de buena alimentación, la ausencia de medicinas y el deterioro de la infraestructura tan necesarias para que los planes de bienestar puedan cumplirse.
Entonces, te confieso, no me queda claro el sentido en el cual dices que el problema de Cuba es de soberanía. Desearía entenderlo como que se trata del valladar de Cuba que el imperialismo quiere desguazar, como esos autos viejos que ruedan en La Habana.
Pero si fuera así, a mi juicio, la sola existencia de la Revolución contradice tu criterio de que las 176 medidas no van a prosperar, o que están dirigidas conscientemente a perder ese principio utópico socialista, ante lo que ya los adversarios proclaman como una entrega cubana al capitalismo porque usa resortes de libre mercado que el mundo entero, excepto Cuba, lo aplican, pues no hay de otra.
Recuerda, amigo: el socialismo no ha llegado a concretarse en ninguna parte del mundo, ni siquiera en la antigua URSS. No pasó de ser el inicio de una construcción social que avanzó muchísimo, pero muy limitada porque el intento siempre estuvo muy limitado por el entorno capitalista que era abrumador. Fue liquidado en 1990 no por el capitalismo, sino por sus propios gestores.
Ese capitalismo salvaje, como lo calificó el Papa Juan Pablo II, es el ámbito universal en el cual todavía se desarrollan las relaciones sociales de producción, el comercio internacional, el intercambio científico, el desarrollo de la alta tecnología y la inteligencia artificial.
El mundo vive y respira oxígeno capitalista, se quiera aceptar o no. Incluso nadie puede predecir si el cambio de época trae una nueva era sin bautizar, o si de lo que se trata es de socializar el capitalismo actual para eliminar su salvajismo y humanizarlo. Una cosa es el modo de producción y otra el imperialismo que generó. Quitemos el imperialismo y veamos con esperanza cuál sería el resultado.
Quien esté fuera de este universo es un extraterrestre, un alien, y así fuimos en Cuba hasta ahora por romanticismo. Aspirábamos a ser la sociedad más humana e igualitaria del mundo. La historia dice que es muy justo y hermoso, pero por ahora un imposible material, y entonces lo que queda es no abandonar esa utopía, sino desarrollarla dentro de la realidad mundial y las condiciones impuestas contra nuestra voluntad.
La vida nos ha dictado que el secreto está en interpretar correctamente en sus diversas dimensiones el materialismo histórico y el dialéctico, en conjunción con las realidades concretas nacionales. La meta sigue siendo la trazada por Fidel Castro en 1990: salvar las conquistas del socialismo.
Contribuir a mantener esperanzas y sueños en ese contexto adverso en el cual la decadencia imperial es imposible negarla, y mucho menos su agresividad de león herido, es de suma importancia, diría que vital. Para eso se requiere impedir que el enemigo rompa la unidad nacional como están tratando de hacer de forma enloquecida.
EEUU convierte a la violencia de todo género en una de las células del cambio de época que se acelera y nacerá con fórceps por la degradación de los imperialistas, gracias a estúpidos y ambiciosos como los multimillonarios que rodean a Trump, quienes solo piensan en el poder.
Para ellos es un peligro el equilibrio global, la felicidad general. Estamos en un período de transición hacia ese cambio ya en marcha, y todo se puede complicar más de lo imaginado por esos criterio
Me leí las cartas que te han enviado familias cubanas que tanto sufren. Apenas dan una pincelada de lo que se está viviendo. No aprecio su lamento como quejas al gobierno —lo cual no significa que sí esté en su ánimo—, pero si es así, o alguien lo considera de esa manera, solo les pido que no saquen de contexto la situación de escasez generalizada que atravesamos.
Hay que separar las dificultades generadas por las insuficiencias internas de aquellas provocadas por el bloqueo criminal, teniendo siempre presente que el origen de todos estos problemas es la política de hostilidad de Estados Unidos.
Sí quiero decirte una cosa que me parece debe quedar muy en claro, y que lo he repetido en varias ocasiones, y tú lo sabes porque me has leído: no mires de forma aislada la superficie de los 23 ejes estratégicos y 176 transformaciones.
Hurga en su estructura y sus cimientos, para que puedas cerciorarte de algo muy extraordinario, y no revelo ningún secreto. Hay un cambio total en las paredes del edificio socialista; se modernizan y aligeran sus paneles, se adecuan a los nuevos espacios, en particular al entorno, buscando que en una gran urbanización Cuba esté colocada en el nodo que le corresponde.
Pero fíjate que la estructura está intacta. Los cimientos, sus columnas y sus arquitrabes son antisísmicos. ¿Sabes por qué? Porque el cemento y el acero usados no son el común. Su concreto está fundido con la historia a la que el cubano no renunciará jamás, y el recuerdo y ejemplos de sus principales y poderosas columnas nunca han muerto, desde Carlos Manuel de Céspedes y José Martí hasta Fidel Castro.
La deshistorización del tiempo aplicada por Estados Unidos en países como Panamá, Venezuela y otros muchos, en la isla de las palmas reales y cocoteros, no funciona.
No te sientas ofendido por discrepar contigo. Eres un gran tipo, y en especial sincero; por eso también te reciproco y lo soy contigo. La fraternidad es algo del corazón y del alma y define al ser humano de la bestia. Te aprecio mucho y me parece que lo sabes. Abrazos.
Respuesta del amigo
Ahora mismo no estoy seguro de si podré o debería escribir una respuesta a lo que escribiste en respuesta a lo que yo escribí. A ver si esto genera debate. Lo dudo, pero ya veremos. Por el momento, no tengo la energía mental para escribir una respuesta a lo que escribiste.
Yo diría que la raíz de los problemas de Cuba la tiene, en un 99 %, el Tío Sam, pero Cuba sí que tiene algunas responsabilidades. ¿Acaso no hubo ni un solo economista que intentara decir en 1968 que acabar con todas las pequeñas empresas no funcionaría? ¿Ni siquiera uno que se opusiera al objetivo de los 10 000 000 de toneladas?
Y no pretendo tener ninguna respuesta a estas preguntas. Debido al bloqueo, Cuba nunca ha tenido la oportunidad de desarrollarse hasta alcanzar todo su potencial. El objetivo principal de un bloqueo es impedir precisamente eso.
Basta por ahora.
Contrarrespuesta y cierre del debate
Amigo, pero es suficiente con lo que me dices para interpretarte. Creo que no hace falta ni es necesario otra respuesta y no avivar el debate. Es como buscar un culpable, y no es el momento político ni estratégico para eso. Además, no resolvería nada tengan razón los tirios o los troyanos.
Lo importante es, como has hecho hasta ahora, el “de aquí hacia adelante” y, en esa perspectiva, lo que interesa y apura es neutralizar el bloqueo y desatar amarras de las fuerzas productivas de la nación para fortalecer su economía y vencer con desarrollo ese genocidio socioeconómico y cultural que disfrazan de embargo.
Ese es el norte de las nuevas medidas, no creas otra cosa. Puede que se rompa el fino cristal de la utopía pretérita, pero no su alma. Conociendo a mi pueblo, te aseguro que no habrá distopía. Cuídate, por favor.





