Entre el “tren de la alegría” y el techo constitucional
Paulo Cannabrava Filho
El Congreso Nacional aprobó, en ambas Cámaras —Diputados y Senado— un proyecto que libera complementos salariales y permite que funcionarios perciban mucho más allá de su propio salario, incluso por encima del techo constitucional. Como si no fuera suficiente, propone además un día de descanso por cada tres días trabajados. Es el viejo y conocido “tren de la alegría”, ahora institucionalizado, en un momento en que el país exige responsabilidad fiscal, equilibrio y respeto al contribuyente.
La medida agrede frontalmente el principio del techo salarial, que existe precisamente para impedir abusos y preservar la moralidad administrativa. En un país marcado por profundas desigualdades, resulta provocador que los representantes electos prioricen beneficios corporativos mientras millones enfrentan dificultades económicas. El contraste entre la realidad de la mayoría de la población y los privilegios aprobados en el pleno expone a un Congreso distante del sentimiento nacional.
Es cierto que el presidente Lula deberá vetar íntegramente este proyecto. El veto será necesario para contener el avance de privilegios que ofenden el interés público. Sin embargo, no se puede naturalizar el hecho de que propuestas de esta naturaleza avancen con tanta facilidad en ambas Cámaras legislativas. El problema no es solo el contenido del proyecto, sino el ambiente político que lo hace posible.
En contrapunto, el ministro Flávio Dino, en una decisión de carácter legalista y de alcance nacional, prohibió los complementos salariales en todas las instancias —Unión, estados y municipios— reafirmando que nadie puede percibir más de R$ 46 mil, equivalente al salario de los ministros del Supremo Tribunal Federal. Esta medida rescata el espíritu de la Constitución y restablece el techo como límite efectivo. El país necesita elegir entre el privilegio y la norma, entre el corporativismo y la legalidad. La sociedad debe acompañar, exigir y garantizar que la moralidad administrativa no sea una excepción, sino un principio permanente del Estado brasileño.
Este año se celebrarán elecciones generales. Será un momento crucial para que el electorado reflexione sobre la conducta de sus representantes y sobre el tipo de Congreso que desea elegir. Cambiar la correlación de fuerzas en el Parlamento es condición indispensable para interrumpir la lógica de los privilegios y reafirmar el compromiso con la legalidad, la responsabilidad y el interés público. La urna será, una vez más, el instrumento decisivo para corregir rumbos y exigir coherencia entre el discurso y la práctica.
Paulo Cannabrava Filho, periodista director de la revista virtual Diálogos do Sul Global





